Tribuna del lector: ¿Y ahora, quién le da de comer al monstruo?
por Víctor Ejgiel
Cuando uno se encarga de alimentar una mascota, tal vez porque la quiere, tal vez porque le es o será útil, debería saber qué va a crecer y cuando así lo haga puede que empiece a tomar decisiones propias, más cuando no se le dé lo que pide. Durante estos nueve años de gobierno unitario, la Confederación General de los Trabajadores fue dirigida, con el aval presidencial por supuesto, por el líder de los Camioneros, a los que se les brindó la seguridad de la perpetuidad del trabajo, la mayor demanda desarmando cualquier otro sistema que garantizara algún otro tipo de transporte.
Ya desde la época de Menem, uno de sus peores gestiones fue terminar con las líneas de ferrocarril que recorrían como nervios cada rincón de nuestro país. La gestión actual no hizo más que avanzar en esa destrucción iniciando el desarme de las líneas del Conurbano. De esta manera, el único medio de transporte de cargas de nuestro país, mas allá del de la pobre gente que debió resignarse a pagar hasta 10 veces más por el mismo viaje en colectivo (algunos de micro no tienen nada), es el camión, que se transformó de repente en uno de los gremios más importantes del país. Y cuando esa afinidad se mantiene, se logra que otros gremios más chicos “hagan caso”.
El tema es qué ocurre cuando ese monstruo alimentado se queda sin comida, cuando el cierre de las importaciones demoran miles de containers en la aduana que deberían ser trasladados por estos amigos, cuando las trabas a las exportaciones impiden la mudanza de granos desde el campo hasta el barco, propiedad exclusiva de los mismos amigos, cuando toda esa plata que llega para las obras sociales y que deberían invertirse allí, dejan de manejarla los amigos, no queda otra, se pudre la amistad.
Y no es más que eso lo que vemos en la cada vez más creciente cruzada entre el jefe de los Camioneros y la jefa de los K, no es más que una mascota alimentada que se olvidó muchas veces de dónde había venido y para qué estaba en ese lugar, más allá de quién lo haya llevado y a quién debía responder para comer como comió hasta aquí, un típico exponente de la vieja y recordada expresión alfonsinista, “a vos no te va tan mal gordito”.
El tema es que la amistad tiene un final cuando quien cumple un cargo para el que fue designado y se le empiezan a exigir todo aquello que debería defender, llámese derechos de los trabajadores, ya no puede ocultar su falta de compromiso porque la evidencia es tan grande que termina delatándolo no sólo ante algunos iluminados que ya lo sabían, sino hasta el más paspado de todos. Entonces comienza a elegirse el reemplazo, la nueva mascota que otra vez no tendrá nada que ver con la decisión popular, esa que se supone debería decidir el puesto vacante, y pasa otra vez a ser parte de la dedocracia a la que jamás me acostumbraré.
Mientras quien gobierne elija a quién debe controlarlo, elija a quien debe exigirle, elija a quién debe juzgarlo, elija a quien debe elegirlo, jamás tendremos control, jamás tendremos exigencia, jamás tendremos juzgamientos, jamás podremos elegir.