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Cartas de lectores

29 de marzo de 2012 - 00:00

 

La crueldad de la burocracia

 

Señor director:

El viernes 23 de marzo alrededor de las 20 horas, la paciente Delia Fonzi ingresó en un estado de salud sumamente delicado al Hospital Sanguinetti del Partido de Pilar, quedando internada en estado de observación en la guardia del mencionado hospital. Mientras se comenzaba a desarrollar el tratamiento para la paciente, yo llevaba a cabo la instancia burocrática que comprenden los trámites a realizar en una situación como ésta. Entre los datos suministrados al personal, se encontraban tres números de teléfono con el fin de dar aviso a los familiares directos en ocasión de que ocurriese el deceso de la paciente. Al respecto, el profesional médico había sido claro sobre la frágil salud de la paciente. Cuando nos retiramos del edificio junto a otros familiares nos notificaron que a las 13 horas del día siguiente (sábado 24 de marzo) debíamos concurrir para escuchar el parte médico y efectuar posteriormente las visitas a la paciente afectada hasta las 14 horas. Cuando arribamos al hospital el día sábado, el parte médico se demoraba como así también la apertura del horario de visitas. Pasados unos cuarenta minutos de demora, se brindó el acceso a las visitas (de a una persona por vez) para llevar a cabo las mismas a sus respectivos pacientes. En ese momento, el personal del hospital me informó que habían trasladado a la misma de la guardia al sector A del hospital. Posteriormente a esto me comentaron que se encontraba en la cama número doce del mencionado sector. Al presentarme en dicha cama constaté que no era mi madre la señora que yacía en ella, sino otra paciente. De esta manera comenzó una búsqueda desesperada en pos de información sobre Delia Fonzi en el hospital, sin que nadie fuese capaz de aclarar nada al respecto. Es así como me informan que debo dirigirme a la morgue de la institución para reconocer un cuerpo cuyo deceso se produjo esa mañana a las 6.30 horas aproximadamente. Ante tamaña desesperación al recibir una noticia de tal magnitud fui en búsqueda de mi hijo y mi cuñada que habían ido a acompañarme. Efectivamente mi hijo reconoció el cuerpo de la fallecida, cuyo suceso había ocurrido unas siete horas antes aproximadamente.

¿Qué había sucedido para arribar a tal instancia? Quiénes fueron los responsables en brindar una explicación hablaron de que se traspapelaron los datos de las pacientes y, por ende, quien figuraba como fallecida era la otra señora que se encontraba en ese momento en la cama número doce.

Atravesados por el dolor, la impotencia y la indignación, llevamos a cabo la siguiente reflexión: ¿es posible que se pueda hablar de un mero traspapelamiento cuando no hay uno, sino dos seres humanos en cuestión? No estamos hablando de cosas, de mercancías, donde se puede hablar de que se traspapelaron datos y hay que recomenzar un trámite nuevamente. Estamos hablando de seres humanos, del dolor que implica en este caso particular la pérdida de uno de ellos. Pero pareciera ser que hasta el dolor, los sentimientos, se burocratizan o mercantilizan en un sistema como este.

¿Puede ser tal la falta de humanidad que envuelve a la medicina como práctica y al sistema burocrático en el que ella se encuentra encerrada?

Que ante todo se nos permita decir que somos fervientes defensores de la salud pública, donde todos nos atendemos en hospitales públicos, donde hemos sido operados en hospitales públicos. Sin embargo, cabe recalcar la falta de humanidad que reside en una práctica de fundamental importancia como lo es la medicina. Donde al paciente se lo trata como si fuese un mero objeto a examinar y todo el fin pasa a través de curarle la patología que sufre. La burocratización de la que el sistema adolece hace que el vínculo médico-paciente sufra de una total impersonalidad. Dejando a un lado que se trata de una vinculación por sobre todo social. Con esto pretendemos hacer hincapié en que una negligencia de esa burocratización el día sábado nos causó una angustia terrible y un dolor sumamente atroz. Momentos por los cuales deseamos que absolutamente nadie pase. Y que la conciencia alguna vez pueda amparar a quienes resultaron ser los responsables de semejante situación.

Concluimos con una frase al respecto del doctor René Favaloro: “En cada acto médico debe estar presente el respeto por el paciente, y los conceptos éticos y morales; entonces la ciencia y la conciencia estarán siempre del mismo lado, del lado de la humanidad.”

 

María Teresa Passallacqua

D.N.I: 6.714.850


 

Pedido a Espacios Verdes

 

Sr. Director:

A través de este medio quiero dirigirme al Sr. intendente. Ojalá me pueda enviar al director de Espacios Verdes a la calle Lauría 1229. Un añoso palo borracho de grandes dimensiones se está por caer. Entre sus copas de grandes dimensiones pasan cables de todos los servicios: luz, video, teléfono. Este es el tercer comentario en El Diario y al director de Espacios Verdes no lo puedo ubicar. O tal vez no conozca Pilar como para encontrar la calle mencionada. Pregunto: si se cae el árbol y ocurre una desgracia ¿De quién será el problema?

 

Héctor Horacio Asborno

juanj10@yahoo.com.ar

 

 

 

 

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