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A los 102 años murió Amalia, la abuela de Fátima

Había llegado a la localidad en 1952. En su juventud fue campeona de tenis. Cada cumpleaños suyo era un acontecimiento para la localidad.
13 de enero de 2012 - 00:00

 

Amalia vivíó en la localidad de Fátima durante los últimos 60 años.

 

 

A los 102 años falleció ayer Amalia Barbieri de Montanaro, la abuela de Fátima, un legítimo personaje de la localidad. Es que después de cumplir 100 años, cada aniversario de su nacimiento se convertía en un verdadero acontecimiento. 

“La mujer eterna”, como la llamó un periodista de El Diario durante una entrevista cuando Amelia cumplió 101 años, había nació el 31 de mayo de 1909 en la ciudad de Buenos Aires y llegó a Fátima en 1952, para trabajar en la estación de servicio de su tío, que estaba sobre la ruta 8. Allí se quedó para siempre junto a su esposo.

Con más de un siglo de vida, un gran sentido del humor y una vitalidad envidiable, en cada uno de sus cumpleaños Amalia recibía el saludo de todo el mundo, desde sus familiares y vecinos de la localidad y hasta de una verdadera estrella mundial. “Me llamó Shakira y me prometió que vendrá a visitarme cuando esté en la Argentina”, relataba en aquella nota publicada por nuestro medio.

Rápidamente y ante el asombro de todos explicaba que la hija de uno de sus sobrinos vive en los Estados Unidos y desde hace un tiempo es asistente de la cantante colombiana.

“Mi sobrina nieta me llamó para saludarme y me dijo, esperá tía que alguien te quiere hablar y me pasó con Shakira que me dijo, ‘hola tía Amalia’”, relató la mujer.

En aquella entrevista realizada por El Diario en mayo de 2010 Amalia contó que en su juventud habría sido campeona de tenis en la Provincia de Córdoba, donde entonces vivía y jugaba para el Club Atenas.

“Fui campeona en single, mi saque era rasante y nadie podía devolverlo”, aseguraba y relataba: “en esa época se jugaban dobles mixtos y allí también me consagré campeona junto a mi compañero que se llamaba Humberto Valladares”.

“Fui siempre muy deportista”, contaba Amalia mientras le mostraba a El Diario las copas que aún conservaba en su casa. “Yo le aconsejo a la juventud que haga deportes que es la fuente de vida”, aseguró, mientras recordaba haber sido una gran nadadora, además de excelente tenista.

Otro clásico de cada festejo era la visita de los directivos de la Escuela Media Nº 9 -con su director Donato Disanto a la cabeza- institución que siempre le llevaba un presente.

“Vinieron de la tele, de la radio y de los diarios a verme”, repetía Amalia” en aquella entrevista como no dando crédito a tanto revuelo causado por su cumpleaños.

En aquella misma entrevista con El Diario, viendo a su tía con tanta vitalidad, humor y lucidez, Daniel, uno de sus sobrinos, lanzó entre risas: “yo le quiero sacar sangre y auto inyectarme para vivir como ella”.

Los restos de Amalia fueron velados en la casa de sepelios Ponce de León de Pilar y luego cremados, para luego, según era su voluntad, ser depositados a los pies de un árbol de su propia casa junto a los restos de su esposo.

 

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