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Tribuna del lector: ¡Ésa, a mí no me la vas a contar!

por Rafael E. Aranguren
17 de septiembre de 2011 - 00:00

 

 

¡Ésa, a mí no me la vas a contar! ¡No!.. (cita de Mordisquito) Enrique Santos Discépolo. Cuánta similitud del personaje creado por Discepolín de 1951, con comentarios actuales.

“Resulta que antes no te importaba nada y ahora te importa todo. Sobre todo lo chiquito. Pasaste de náufrago a financista e intermediario, sin bajarte del bote. Vos, sí, vos, que ya estabas acostumbrado a saber que tu patria era la factoría de alguien y te encontraste con que te hacían el regalo de una patria nueva, y entonces, en vez de dar las gracias por el sobretodo de vicuña, dijiste que había una pelusa en la manga y que vos no lo querías derecho sino cruzado.

¡Pero con el sobretodo te quedaste! Entonces, ¿qué me vas a contar a mí? ¿A quién le llevás la contra? Antes no te importaba nada y ahora te importa todo. Y protestás.

¿Y por qué protestás? ¡Ah, no hay  té de Ceilán! (léase no hay ropa importada). Eso es tremendo. Mirá qué problema. Leche hay, leche sobra; tus hijos, que alguna vez miraban la leche por turno, ahora pueden irse a la escuela con la vaca puesta.

¡Pero no hay té de Ceilán! Y, según vos, no se puede vivirsin té de Ceilán (léase no se consiguen repuestos Audi).

Te pasaste la vida tomando mate cocido, pero ahora me planteás un problema de Estado porque no hay  “té de Ceilán”.

Pero, claro, vos estás preocupado, y yo lo comprendo: porque no hay té de Ceilán. ¡ … (léase no liberan la importación de Alfa Romeo).

¡Mirá qué problema! ¿Me vas a decir a mí que no es un problema? Antes no había nada de nada, ni dinero, ni indemnización, ni amparo a la vejez, ni trabajo y vos no decías ni medio; vos no protestabas nunca, vos te conformabas con una vida de araña. Ahora ganás bien; sí; y ahora decía que los programas de cobertura social generan vagancia. Pero tenés razón: ¡no hay té de Ceilán… hay miles de escuelas nuevas, hogares de tránsito, millones de puestos de trabajo y plata para la sonrisa y el acceso al consumo; sí, pero, claro, ¡no hay chocolate suizo! Tenés el aeropuerto, pero no tenés quesos brié. Sería un problema para que se preocupase la vaca y no vos, pero te preocupas vos. Mirá, la tuya es la preocupación del resentido que no puede perdonarle la patriada ¿Te acordás ahora? ¡Directivas que venían de afuera, (FMI) hasta con las ostras! ¡Mandatos que venían de afuera, aunque vos y yo viviéramos adentro!

Eran las órdenes humillantes que soportábamos sin abrir la ostra y sin ponernos en el alfiler de corbata la perla de nuestro legítimo destino ¡Las órdenes que nos tiraban de boca en la miseria! ¿Qué te pasa? ¿Te asusta la palabra? ¿Te parece exagerada la palabra? ¡Miseria, sí! ¿O no te acordás que en este país tuyo, el más rico por sí mismo y el mejor dotado para un millón de aventuras comerciales, siempre había habido miseria?

¡Desde la miseria orgullosa de la pobre clase media, que para no ahogarse de vergüenza gastaba en hacerse planchar el cuello los centavos que le hubiesen pagado el café con leche, hasta la miseria del peón en las estancias o del obrero en las fábricas!

Claro, vos no sabías esto. Vos nunca anduviste por las chacras o por los barrios. ¿Verdad que no?... ¿Y dónde andabas? ¿Por el corso? ¿O en el Colón? ¿O estabas bailando en la Lago di Como? ¡Claro! Por eso no te enteraste. Por eso no sabías que en el norte andino las criaturas -ángeles como tu hijo o como tu hermanito- crecían raquíticas y morían hambrientas, sin haber probado en su vida -mirá lo que te digo-, en su vida, ¡ni carne, ni pan, ni leche! Y esto pasaba aquí, en tu país. Te asombra, ¿verdad?... (Discépolo 1951)

 

Disfrazado de columnista independiente, reiteradamente desde esta columna aparece la cantinela de los “Los Profetas del Odio” y del resentimiento, Militantes de la Difamación, sólo se dedica a atacar las políticas públicas del Gobierno nacional, provincial y municipal, pero principalmente a su base social, a los sectores populares; a millones de argentinos, a los 7.500.000 de votos de diferencia.

¿Es un colaborador? O son los mismos que incluso trabajan contra sus propios intereses. Está como colonizado pedagógicamente por las prédicas de minorías que magníficamente describiera en su obra Arturo Jauretche (enorme desenmascarador  de zonceras). Le recomiendo la lectura a este Sr., Víctor Ejgiel y verá reflejado su pensamiento, pero más claramente verá de dónde provienen esas muletillas repetidas en cada comentario y a qué intereses respondieron en la Argentina en los últimos 100 años.

Este Sr. es ya casi un “profesional” - ANTI - ; aprendices de la escuela TN (Todo Negativo). Seguramente cuando sus negocios quebraban porque no le podían vender nada a nadie, o tal vez sus hijos o familiares hacían interminables días de colas primero para sacar el pasaporte y después para mendigar algún permiso en un Consulado. Pero de esto nunca se acuerda.

La columna, cuando escribe el Sr. Ejgiel, debiera llamarse de los que añoran y extrañan las “Bondades del Neoliberalismo”. Son tan grotescos y patéticos sus prejuicios, que ni Grondona ni Neustadt se animarían a tanto. Hasta el mismísimo Milton Friedman y los Chicago Boys deben pensar que al Sr. Ejgiel se le va la mano a veces.

Del colapso de estas políticas neoliberales, emerge una Argentina nueva, que sólo la miopía o la intencionalidad política puede negar, con planes estratégicos de desarrollo, agroindustrial, energético nacional, construcción, turismo.

Una fotografía podría graficar la diferencia y el contraste de cientos de miles de jóvenes en las puertas de los consulados, con la producción histórica de más de 700.000 autos producidos este año. Pero nunca, de estos contrastes de la realidad, no se habla. El Sr. Ejgiel parece añorar al país sometido, globalizado, neoliberal, de las recetas del endeudamiento y la dependencia económica con el FMI.

Aunque siga con su prédica, Sr. Ejgiel, nuestro país, sí nuestro país, no, “este” país como lo llama, camina unido a paso de vencedores a su destino de libertad y justicia social junto a nuestros países hermanos de América Latina.

Invito al Sr. Ejgiel y a quienes no comprenden la naturaleza de los movimientos populares que escuchen en Youtubbe una audición radial de 1951 de Mordisquito, interpretada por Discépolo, realmente esclarecedora sobre quiénes fueron los responsables que inventaron a Perón y a Evita en la Argentina.

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