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El Verbo Divino y Pilar, una hermandad que cumple 65 años

A mediados de septiembre de 1946 llegó el primer grupo de seminaristas. Con el tiempo la entidad fue abriéndose hasta ganarse un lugar en la vida educativa y social del distrito.
11 de septiembre de 2011 - 00:00

 

El alumnado completo, junto a sacerdotes y profesores, en la década del ’50.

 

 

por Alejandro Lafourcade a.lafourcade@pilaradiario.com

 

Lo que comenzó como el lugar de formación de un puñado de seminaristas es hoy uno de los colegios más emblemáticos de Pilar: este miércoles se cumplirán 65 años del día en que los alumnos ingresaron por primera vez al Instituto Verbo Divino, dando el puntapié inicial a una historia que sigue escribiendo capítulos.

El recorrido del instituto comenzó a principios de la década del ‘40, cuando la Congregación del Verbo Divino buscaba un terreno para construir su seminario. Luego de mucho trajinar por la zona, la elección recayó en una propiedad ubicada a dos kilómetros del centro de Pilar, sobre una primitiva ruta 25: así, en febrero de 1943 se decidió la compra.

El 7 de enero de 1945, el Padre Provincial José Rieger bendijo la piedra fundamental del actual colegio. Para construir el edificio hizo falta nada menos que un millón y medio de ladrillos; mientras que en el techo del ala central se colocaron 22 mil tejas. Sin dudas, una obra monumental para el Pilar de ese entonces, que incluso contó con la participación de sacerdotes y seminaristas, que llegaban desde el interior de país para poner el hombro.

En un principio, el colegio se llamó Nuestra Señora del Pilar, tomando el nombre actual algunos años después, en 1969. El primer grupo de estudiantes era de 19 alumnos, y –como ya se especificó- llegó a Pilar el 14 de septiembre de 1946. Su primer rector fue el Padre Bernardo Müller.

Las obras continuaron, ya que en 1952 se construyó la pileta de natación, y dos años más se adquirió otra propiedad, delimitada por las calles México y Bernardo Houssey. En 1958 se produjo una importante modificación en materia educativa, ya que el establecimiento fue incorporado a la enseñanza Oficial.

No obstante, a pesar de su monumentalidad, al Verbo le costaba integrarse al resto de la sociedad: los pilarenses lo veían como un lugar misterioso, al que sólo unos pocos tenían acceso. Además, apenas un puñado de verbitas se acercaba al pueblo, para comprar provisiones y no mucho más.

Puertas adentro, el colegio albergaba a seminaristas que fueron educados de manera integral, instruidos además en las artes, como la orquesta que funcionó en la institución a finales de la década de 1950 y principios de la del ‘60.

 

Apertura

Sin embargo, a principios de la década de 1960 se produjo una paulatina apertura hacia el exterior. Una de las pioneras fue la primera maestra para 4to y 5to grado, Rosa Moscato de Casaux. Asimismo, gradualmente se permitió el acceso de alumnos externos a los cursos inferiores y después a los del secundario, en forma restringida y muy controlada.

En 1964, del Colegio Nuestra Señora del Pilar egresaban sus primeros Bachilleres. Al año siguiente se produjo una apertura significativa, dado que la línea de formación en el Colegio “Nuestra Señora del Pilar” siempre había respondido a pautas muy rígidas. A lo largo de esta etapa, el instituto fue incrementado la matrícula y la apertura de grados, hasta cubrir el nivel primario completo, de 1º a 7º grado.

Asimismo, en 1973, ocurrió algo impensado hasta el momento: las mujeres ingresaron como alumnas, aunque sólo en el secundario. Luego de una votación llevada a cabo en el salón de actos, las chicas también tuvieron acceso, medida que despertó algunas polémicas durante los meses siguientes. Recién 20 años más tarde, el Verbo comenzó a ser mixto también en primaria, mientras que en 1994 se inauguró el Nivel Inicial.

Miles de alumnos pasaron por sus aulas en seis décadas y media, así como docentes, sacerdores y trabajadores que hicieron y hacen historia, como José “Mimo” Domenech, María del Carmen Balbín, Bentelinus Sacks, Atilio Ditz, Silvia Temporetti, Mirta Varrella, Valerico Impsant, Delma Domenech, Sara Cufré y tantos otros.

 

 

 

Ya con chicas en el secundario, en 1987.

 

 

 

Partido disputado en la precaria cancha de básquet.

 

 

Columnista invitado
Aquellas primeras chicas

 

por María del Carmen Cosentino*

 

Entré al Verbo en 1973, en el primer curso mixto. Tenía muchos nervios, fue un desafío porque obviamente eran muchos más los varones, y una gran expectativa por el uniforme que nos iban a dar: me acuerdo de preparar todo, incluido un moño pintor que a casi nadie le gustaba, definir el largo de la pollera y esas cosas.

En los bailes había un montón de varones y pocas chicas, pero la rivalidad más grande era con las alumnas de Madre del Divino Pastor, sobre todo en las competencias.

Participábamos activamente con todo, y más que nada estábamos con las promociones más grandes: en 5º año estaba Humberto Zúccaro, por ejemplo, y en 2º Mario Morales, con quien me casé. Mirábamos más a los más grandes, y eso que Mario era uno de los que no quería que entren las mujeres al Verbo… Se formaron varias parejas.

Nunca percibimos que nos trataran diferente, después con los años nos enteramos que algunos se habían resistido a aceptar a las mujeres, pero no recuerdo nada desagradable.

Fue una linda experiencia, por eso enviamos a nuestros hijos al colegio, Fernando –egresó en 2006- y Facundo –sigue cursando-. Nos sentimos parte de la familia del Verbo.

 

*Integrante de la primera promoción mixta

 

 

 

 

Los egresados de 1994 en el salón de clases.

 

 

Equipo de fútbol femenino, algo impensado décadas atrás.

 

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