Tribuna del lector: Condena efectiva por el homicidio de Sonia
El 23 de diciembre de 2007, Sonia Colman trabajaba en ruta 26 y Valentín Gómez vendiendo palitas y atizadores para el asado, aprovechaba así la cantidad de gente que se movilizaba en esa esquina, centro comercial de Del Viso, a una cuadra de la estación de tren y repleto de negocios que sacaban la mercadería a la vereda, de puestos de venta ambulante y de transeúntes y vecinos que se disponían a comprar. Así, a horas de Navidad, Sonia trabajaba para ayudar a Antonio, su esposo, a dar la mejor Nochebuena a sus hijas.
Ése fue el delito que le robó la vida.
A las 14.30, Sonia pidió un poquito de agua a un negocio que la conocía de sus años de trabajo incansable en el lugar. Hacía calor y cumplida la jornada, se disponía a tomar su bicicleta para volver a su casa en Manuel Alberti.
No pudo hacerlo. Tres patrulleros de la Comisaría 3ª de Del Viso perseguían a un Fiat 147 con dos menores de 17 años que, en Los Polvorines, habían robado una billetera con $80. Un móvil policial frenó violentamente, de él bajó el teniente primero Oscar Alberto Benítez, tomó su escopeta Mosberg 12/70 (Itaka), arma de guerra reglamentaria, la llevaba cargada con munición de plomo, de uso prohibido en vía pública y superficies duras por el rebote irrefrenable y criminal, y abrió un fuego homicida en dirección al vehículo que huía.
Segundos más tarde, el Fiat se frenó y los menores fueron detenidos. No portaban armas.
Todo fue un segundo, como cuentan los testigos que se tiraron al piso al escuchar la única detonación del disparo de Benítez. Sonia cayó en el acto. El plomo de la Mosberg había atravesado su pecho alojándose en un pulmón.
¡Qué ironía! Su corazón, que siempre estuvo abierto para dar amor a su familia, para cobijar el sufrimiento ajeno y convertirlo en la fuerza necesaria para redoblar la lucha, cada lucha, había sido atravesado por una bala policial asesina, convirtiendo a Sonia en la víctima mortal de lo que tendría que haber sido una masacre.
Sólo una bala así, de esas que se creen impunes, de esas contra las que Sonia tanto luchó, podía robarnos a esa madre, a esa esposa, a ese ejemplo de militante política y social, de compañera y de mujer trabajadora.
Por eso ese mismo 23, sus familiares, compañeros y amigos, supimos que este homicidio no sólo merecía memoria, también exigía verdad y justicia, y así emprendimos una pelea sin cuartel y en la más amplia unidad de acción, logrando, tras casi cuatro años de lucha, que la causa fuera elevada a juicio oral con doble carátula.
Como compañeros de Sonia y de su familia, y como abogados de la causa junto a los compañeros de CORREPI, desde Convergencia de Izquierda agradecemos a todas las organizaciones, familiares y personalidades, que estuvieron presentes en la pelea de estos años, y al mismo tiempo, los llamamos a redoblar esfuerzos en esta nueva instancia.
Cuando el 23 de diciembre Benítez sacó su Itaka y disparó con plomo en esa esquina atestada de personas, sabía que podía matar, quería matar y mató, por eso este 30 de agosto, fecha en que comienza el juicio oral y público, convocamos a movilizar de conjunto a los tribunales de San Isidro para exigir que Benítez sea condenado por homicidio agravado por su condición de personal policial, con una pena de cumplimiento efectivo.
Los casos se suceden día a día, son distintos rostros pero la misma realidad. Una realidad de violencia y de impunidad con responsables materiales, intelectuales y políticos, que sólo podemos enfrentar con la unidad, la lucha y la movilización desde cada barrio, cada lugar de trabajo y estudio, exigiendo a las organizaciones sociales, políticas y sindicales que se pongan a la cabeza de la lucha.
Sonia no conocerá a sus nietos, Antonio no volverá a encontrar su sonrisa al regresar a su casa y en cada marcha faltará una compañera irremplazable. Pero si logramos que este caso no quede impune, habremos dado continuidad a su pelea, habremos sostenido en alto sus banderas y habremos dado un paso importantísimo en la lucha por justicia, contra el gatillo fácil, la violencia y la impunidad institucional.
*Abogada de la familia de Sonia Colman.