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Tribuna del lector: Abuso sexual infantil: de eso no se habla...

por Lic. Andrea J. Carpaneto*
7 de abril de 2011 - 00:00

 

Al mencionar este tema es común observar el asombro, miedo e incertidumbre que provoca. Como si fuera preferible no hablar de eso. Es que es así como sucede el abuso sexual infantil: en secreto y silenciado; sin palabras. Los abusos no se incrementaron, lo que sucede es que hoy se denuncian más que antes.

Estos abusos sexuales ocurren dentro del círculo más próximo a los niños/as, en un porcentaje mayor al que sucede por extraños o desconocidos del niño/a. El abuso puede ser perpetrado por personas de la familia (intrafamiliar) y por personas ajenas a la familia (extrafamiliar).

Los abusos sexuales engloban una amplia gama de actividades sexuales con y sin contacto físico. En general, los abusos no son utilizando la fuerza como se cree. El adulto se acerca de a poco al niño, se hace “amigo-compinche” comprándole regalos, lo visita periódicamente. Luego, son persuadidos por el adulto a que mantengan el secreto “de eso que hacen”. El secreto se mantiene por medio de amenazas sobre algún miembro de su familia (en general con la madre) y se lo obliga a mantener el secreto cada vez que sucede el abuso porque si no, algo terrible le pasará a mamá.

En otras ocasiones se los convence con prometedores regalos que los niños anhelan tener. Los regalos son la primera etapa del abuso. La amenaza siempre estará presente.

Si bien el abuso sexual infantil corresponde a un porcentaje mayor de niñas, actualmente el porcentaje de niños abusados sexualmente ha aumentado.

Estas formas de maltrato hacia los niños pueden permanecer en forma inconscientes, disociadas, negadas durante décadas. Otros, guardan “el secreto” en silencio por culpa, vergüenza se sienten responsables por lo que sucedió.

Estos hechos pueden permanecer “sin decir” durante 20, 30 años o más. Hasta que algún hecho de la vida del adolescente o adulto pueda develarlo, se podrá recordar y hablar sobre eso ocurrido cuando niño.

El silencio enferma, la posibilidad de ponerlo en palabras, de decirlo, es el camino hacia la recuperación de lo diversos trastornos psíquicos que estos hechos provocan sobre el psiquismo del niño.

En otras situaciones, estos abusos fueron dichos por el niño, pero no se les creyó. No se les cree porque dirán: “esto no es posible, estás inventando, él (es decir, la persona señalada) sería incapaz”. Ahí termina el tema y de eso no se volverá a hablar en la familia. La negación del adulto que escucha el primer relato del niño es el fracaso del niño quien quedará confundido, perturbado y desorientado.

¿Quién se animaría a denunciar a alguien de la familia? Ante la denuncia sólo queda una resolución: el acusado debe dejar el domicilio familiar. Luego irán a un juicio penal largo y difícil. Para finalizar en la cárcel, si el proceso llega al final. Pero la instancia judicial es parte de la recuperación de la dignidad del niño, se lo escucha, se lo defiende y se le cree.

El proceso que acabo de mencionar es inimaginable para un niño sin el apoyo incondicional de alguno de sus padres, tutores o responsables.

Creerle a los niños es el primer y fundamental paso para que se sientan protegidos, acompañados, queridos. Luego, se continuarán con los pasos siguientes y los profesionales especializados en el tema evaluarán la veracidad de los hechos y los dichos.

El no creerle a los niños los encamina hacia el precipicio. El vacío más absoluto, los arroja a la nada. A un sentimiento de abandono, soledad, desprotección. Si sus padres, que son las personas más importantes para ellos, no les creen, ¿Qué les queda? ¿A quién pueden recurrir?  El silencio, el aislamiento será, para el niño abusado, la única opción. El silencio que producirá un profundo dolor, porque sabe que le volverá a pasar.

 

Bibliografía Consultada:

- Intebi. I., Osnajanski. N. (2003): “Maltrato de niños, niñas y adolescentes”  Ed. ISPCAN

 

*Psicóloga. UBA- MN. 23.357

andreajcarpaneto@gmail.com

 

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