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Volver a las aulas

Este articulo se encuentra solo en la edición impresa de El Diario Regional.
27 de marzo de 2011 - 00:00

 

 

Año 1958, 2º Grado Instituto Madre del Divino Pastor, adelante sentados de izq. a der.: Roberto Rapossi, Cari Mercado, Rubén Gussoni, Marcelo Llosa, Oscar Nieto, Oscar Cordone, Jorge Oscar El Apache Heredero y Martín Llosa. Atrás parados: Roberto Pedro El Taita Guerrini, Oscar Heit, Néstor Llandal, Carlos Alberto Francisco Marzano, Carlos Alberto Battistini y César Jone. A su lado la docente religiosa no identificada.

 

 

Fines de marzo y las aulas de las escuelas de mi Pilar han quedado llenas de pilarenses deseosos de recibir una educación digna y noble de parte de sus docentes. Porque una comunidad crece en amor social cuando aquellas pequeñas alumnas se han convertido en las maestras de hoy, cuando sus jovencitos traviesos son los profesores actuales, todo en un maravilloso acto de entrega al servicio de enseñar lo que gustó aprender.

Así está mi Pilar, con sus escuelas llenas de guardapolvos inquietos corriendo por el patio en el recreo y llegando al aula después de varios llamados de su docente o de uniformes de diversos colores con la misma pasión por jugar y aprender y por un futuro a construir.

Las escuelas han vuelto a tener vida y de mi viejo arcón de recuerdos se dejan escapar aquellos momentos vividos en mis tiempos como alumno en la pionera Primaria Nº 1.

Una escuela de pueblo, con una Rivadavia de tierra ya buscando su asfalto y aquel redoble de su campana que me invitara a entrar a clase.

Un guardapolvo almidonado, un peinado a la gomina y mis pantalones cortos junto a mis útiles en un portafolio de cuero hacían mi equipo.

Las seños, mis reinas de entonces, a las cuales mi madre entregara la posta de mi formación, en la puerta esperando por sus alumnos, velando por cada uno y dispuestas a construir un futuro personal que pudiera lograr cambios en Pilar.

Horas compartidas, vividas, cuadernos llenos de esfuerzo, de lágrimas de las tareas y de gratitud de amistad sincera que se entregaban a fin de año, en una verdadera pila de saberes aprendidos.

Todo un Pilar que volvía a entusiasmarse por las clases comenzadas, mi recordada librería Ferrarotti, a la vuelta de la Nº 1 y pegadita a ella, con textos y útiles escolares que nos invitaba a disfrutar de su comercio con sus pisos de madera encerados y una pulcritud inigualable.

Y así se vuelve a clase, después de años y en cada uno de estos años volvemos de la mano de un hijo, de un sobrino, de un ahijado, para que los recuerdos agolpados en un verdadero torbellino de situaciones hermosas no nos hicieran sentir que los años han pasado sin la inmensa gratitud que seguimos compartiendo desde cada lugar este nuevo volver a las aulas…

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