Pulperías en Pilar: aquellos centros de diversión, hoy revalorizados
Pintura de una típica pulpería de la Campaña bonaerense.
*Por Alberto Allindo
Por estos tiempos, existe un revalúo de los temas del campo argentino. Y dentro de esta moda, se inscriben las pulperías. Sin pretender agotar esta cuestión, hoy discurriremos sobre las mismas en nuestra historia local, trazando algunos datos de interés.
Nos dicen los estudiosos que la pulpería era un centro de abastecimiento de vestuario, medicinas, herramientas, alimentos, en fin, todos objetos del uso cotidiano; pero también, un lugar de encuentro donde se reunían los pobladores para tratar acontecimientos sociales y políticos, realizando actividades de esparcimiento.
En nuestra campaña bonaerense, los viajeros la describieron como un lugar donde acudía la gente de campo. Se trataba de un rancho con paredes de adobe y techo de paja, piso de tierra apisonada o de ladrillo cocido. La entrada de la casa daba sobre el camino, habiendo un palenque para atar los caballos. Generalmente tenía un cuadrado abierto en la pared, protegido por barras de hierro apoyadas sobre un mostrador, a través de la cual el propietario despachaba a los clientes. Éstos quedaban protegidos bajo un cobertizo.
Detrás del mostrador, y apoyados sobre estantes, exhibían los productos que tenía a la venta. Afuera, y aunque estaba prohibido por algunas disposiciones del gobierno de la época, era usual que hubiera una buena cancha para carreras cuadreras, realizándose riñas de gallos, juegos de taba, bochas, pato, etc.
Pulperías en la Campaña
La ciudad de Buenos Aires y toda la campaña bonaerense contaban con uno de los porcentajes más altos de pulperías por habitante en toda la América Española. En 1810 existía un padrón de 418 pulperos. Específicamente, en la década de 1780, la cantidad de pulperías en la campaña superaba largamente la centena llegando al año 1790 a 140 establecimientos.
Es seguro que había otras más sin que sus propietarios las hayan registrado, como una forma de evadir impuestos. Tenemos que tener en cuenta que el conjunto de pulperías diseminadas en la campaña bonaerense constituyó una importante red de comercialización de variados productos. El más importante fue sin dudas, la venta de cueros.
Los datos más antiguos que poseemos hasta el momento de Pilar nos vienen de la relación que hace el padrón del año 1744, detallando las familias establecidas en los alrededores de la Capilla de Nuestra Señora del Pilar, donde cita a la “...Casa de Manuel Pinazo, montañés de 30 años, casado con Polonia Amarillo de 28 años de edad. Tienen hijos y se llaman José Gregorio de 5 años, Eusebio de 6 meses y María Martina de 1 año. Tiene un negro esclavo llamado Francisco de 24 años, casado con Melchora, india de 20 años. Está en tierras de la virgen y se mantiene con pulpería…”
Del Libro “Composturas” del año 1790, podemos inferir algunos jugosos datos de nuestras pulperías locales. En este libro, se anotaban los pagos de impuestos como la alcabala, que se fijaba por las ventas efectuadas. Allí, vemos que había registradas dos pulperías, con años de vigencia en nuestro partido. Sus dueños eran Don Manuel de Lamadrid (establecimiento que abonó impuestos entre los años 1781/1806) y Francisco Ferreira Piñero (entre los años 1781/1794). También el escritor Martin Duhalde en su libro sobre Juan Moreira cita que Don Claudio Stegman era estanciero de la zona y propietario de una pulpería en el partido de Pilar.
La mención gráfica más importante de este tema, la poseemos gracias al plano del Agrimensor A. Ibáñez de Luca del año 1859 cuando en oportunidad de practicar mensura de las tierras de Pablo López, nos describe la ubicación de la pulpería existente por esos años a la vera del Río Luján, cercana al puente.
Más tarde, vendrían los almacenes de ramos generales, los despachos de bebidas y los “boliches” que suplantarían lentamente a las míticas pulperías criollas; las que sin embargo resisten en la memoria colectiva del campo argentino.
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Pulperos había en la ciudad de Buenos Aires y toda la campaña bonaerense, en 1810; la mayor cantidad por habitante en toda la América Española.
Cómo eran las reglas para su funcionamiento
“No se permitirán personas malentretenidas”
Las siguientes son algunas disposiciones sobre el funcionamiento de pulperías del Virrey Nicolás Antonio de Arredondo hacia 1790-
• No permitirá en su casa personas vagas ni malentretenidas que conociere sin oficio lícito;
• No abrigará tampoco, ni favorecerá directa e indirectamente a hijos de familia que anden fugitivos de sus padres, ni a los esclavos huidos de sus Amos, sino entre tanto que dan a sus Padres, Amos o Justicia correspondiente aviso, pena de cincuenta pesos y de pagar su valor al dueño y el esclavo sufrirá cien azotes, y seis meses de cadena;
• No consentirá junta de gentes, guitarras, juegos de naipes ni otro alguno aún de los permitidos por Reales Pragmáticas ni mucho menos que haya corrillos a su puerta pena de diez pesos al pulpero, al esclavo de cincuenta azotes y a cualquiera otra persona de veinte días de cárcel;
• No venderá los comestibles ni demás efectos a precios inmoderados sino a los corrientes;
• Cerrará la pulpería a las diez de la noche en invierno y a las Once en Verano…