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El Ibirá-pitá: sencillamente, dones de un árbol nativo

por Fernando D’Auría
30 de enero de 2011 - 00:00

 

Ejemplar de Ibirá-pitá, ubicado en la plazoleta frente al Obrador de Pilar.

 

En la pequeña plazoleta que nos ofrece la pilarense calle Musladini para arribar a ella, cuando transitamos por la calle Maipú al 1000, frente al Obrador Municipal, nos encontramos con un sublime ejemplar del norteño Ibirá-pitá que por estos tiempos de fines de enero, se halla en plena fenología de dorada y llamativa floración.

En ese reducido espacio verde se enraízan sus profundas raíces de madera rojiza, característica que justifica su nombre guaraní. Está acompañado de sencillas esculturas con utilitarios cotidianos, obra del artista plástico pilarense Guillermo Peluso.

Se trata de un hermoso ejemplar del “Árbol de Artigas”, como también se conoce a esta especie arbórea nativa de las selvas en galería de nuestro nordeste. Tiene porte elevado, entre 7 y 9 metros de altura, y una copa irregular con tendencia globosa.

Nuestro Pilar cuenta prácticamente con este solo ejemplar público de Ibirá-pitá (hay decenas en distintos predios privados). Por eso invito a admirar su notable follaje de color verde oscuro lustroso y hojas grandes, compuestas, bipinnadas, que se asemejan a las del jacarandá, por eso se lo conoce también como Jacarandá amarillo. Sus estructuras foliares son vistosas y perduran en las ramas desde diciembre a abril.

Su llamativa, dorada y fragante floración está en estos días expresándose en todo su natural esplendor, en racimos de flores cuyos pimpollos amarillos abren desde abajo hacia arriba. Sus estructuras florales tienen cinco sépalos separados y verdes claros en su cáliz, cinco pétalos amarillos en su dialipétala corola y llamativos estambres masculinos y un pistilo verde claro femenino central, típico diseño de una subfamilia de la familia de las Leguminosas.

Esta especie, la Ibirá-pitá, nos otorga en estas latitudes el regocijo personal de admirar un árbol en todo su esplendor, y en nuestro nordeste, su madera para carpintería, su corteza para el curtido de cueros y hojas, flores y frutos como medicina.

Noble y natural sinonimia de los dones botánicos con los de nuestra sociedad pilarense, de buena madera, de corteza curtida por su trabajo y con un interior lleno de valores y sanas costumbres de un pueblo fundador y que ya es una gran ciudad, en esta nueva década del siglo XXI.

Un maravilloso ejemplar arbóreo, de nombre científico Peltophorum dubium, del activo ambiental de nuestro patrimonio natural, un bien que invito a todos ustedes, queridos lectores pilarenses de El Diario, a observar en esta época estival y en las otras estaciones de este, recién llegado 2011, para seguir sus momentos fenológicos como su actual y verde intenso follaje y dorada floración. Porque, sin lugar a dudas, es conociendo a los árboles cuando vamos a poder saber cómo proteger a estos vitales y bondadosos seres vivos, que arraigados en nuestro suelo, nos brindan día a día sus dones naturales para admirar, sorprendernos, y hacer respetar su vegetal vida para el bien de todos.

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