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“Esto es como una enfermedad, una vez que te metés no salís más”

Desde hace 40 años tiene un negocio de antigüedades en Pilar, el local de este tipo más antiguo de este rubro en toda la zona norte. Se define como un comprador compulsivo y asegura que aprendió a desprenderse de los objetos.

29 de enero de 2011 - 00:00

 

Juan en su local de Panamericana. De fondo chapas publicitarias, uno de los objetos más buscados.

 

por Celeste Lafourcade

 

Bien distintos eran los planes originales de Juan José Eliçabide cuando llegó a Pilar en 1971. Pero un emprendimiento que no funcionó fue, sin saberlo, el disparador para que se lanzara a un rubro no explorado hasta entonces.

Si la moda actual le dio un nuevo impulso y una revalorización a las antigüedades, la historia no era igual unos 40 años atrás. En pleno auge de decoración modernista, pero confiando en su instinto y apoyado en su gusto por los objetos viejos, Juan fundó su local de antigüedades “El Mercader” (el primero de toda zona Norte, asegura), que entonces funcionaba en Alsina y Lorenzo López y más tarde lo hizo sobre la ruta 8.

Hoy, entre botellas de cerveza de 1890 y cabezas de Geniol, con sus 69 años bien llevados y un gorro de paja que no se quita ni para las fotos, el anticuario –que además es pintor y artesano, fabrica estatuas y piezas de cemento- recibió a El Diario en su negocio ubicado en el kilómetro 52 de la colectora en Panamericana

 

-¿Cuando empezó el gusto por las antigüedades?

- Lo tuve toda la vida pero cuando vine a Pilar en el año 1971 puse una granja de gallinas ponedoras, me fue mal y perdí todo. Siempre quise trabajar en algo que me guste, empecé a pensar y me puse un negocio de antigüedades.


-¿Cómo es la búsqueda de los objetos?

- Está en cualquier lado. Aparecen, es una cosa que no tiene explicación.


-¿Los anticuarios tienen un ojo especial para ver lo que otros no ven?

- Sí, eso ya lo tenés adentro. A lo mejor ves una pila de fierros y sacás el que sirve. Otro por ahí no lo ves. No sé por qué es, porque no fui a aprender a ningún lado pero me gustó siempre. Hay muchos que se dedican y no encuentran nada. Muchos se ponen por negocio, buscan por los chatarreríos, pero hay cosas que valen y otras que no. Hay que saber cuáles son.


-¿Cuál es el criterio para establecer que algo vale?

- Criterio no hay ninguno, es como un conocimiento que ya lo tenés. Sabés que esto es lindo y lo comprás, y la gente viene y se lo lleva. Es como una cosa instintiva, después hay cosas que valen y se buscan. 


-¿Hay una revalorización de las antigüedades en la actualidad?

- No sé, uno de los negocios más viejos del mundo es el de antigüedades. Está el que le gusta de toda la vida y el que mira las revistas y queda lindo y se mete. Y esto es como una enfermedad, una vez que te metés no salís más. Es apasionante.

 

Con Gardel, no

“Soy mucho más comprador que vendedor. Soy compulsivo, no puedo estar si no compro”, reconoce Juan y su afirmación se comprueba con el primer golpe de vista al local.

En el amplio galpón conviven de forma desordenada imágenes religiosas, viejas botellas de leche, muebles, carteles publicitarios y objetos cuya existencia uno descubre al llegar al lugar. El hombre muestra con orgullo –y no ahorra explicaciones- cada uno de sus tesoros y casi jugando con la fascinación del espectador, asegura que no están allí sino en su propia casa los objetos más preciados. 

Desde frascos minúsculos hasta una vieja gasolinera, todo está a la venta en “El Mercader”. Todo menos las cosas relacionadas con Carlos Gardel. El Zorzal Criollo es lo único innegociable para el hombre que aprendió a la fuerza a no encariñarse con los objetos.


-¿Cuesta desprenderse de los objetos?

- Sí, cuesta, pero es malo. Cuando yo empecé me quedaba con todas las cositas lindas y me iba mal. Las dejaba acá, me preguntaban y decía “no lo vendo”, y a la gente no le gusta eso. Es preferible llevartelas a tu casa si lo querés guardar.


-¿Cómo es el público que compra antigüedades?
- Hay de todo, varía. Hay gente que compra porque está de moda, lo ven en las revistas de decoración. También está el que sabe lo que busca. Todos tienen gustos distintos, por ahí viene gente grande a buscar juguetes, lo que no tuviste cuando eras chico.


-¿Cuál es el secreto de un buen anticuario?

- No sé… atender bien a la gente, tratar de conseguir cosas interesantes. Yo acá me hago amigo de la gente.


-¿Lo convierte en un nostálgico estar rodeado de antigüedades?

- No, yo estoy solo acá y estoy feliz. Soy medio solitario… vienen mis amigos, tomamos mate. Estoy bien acá, me siento feliz, estoy rodeado de mis cosas. n

 

Ping-Pong

-¿Cuál es la rareza más importante que haya tenido?

- Tuve muchas cosas lindas. Carruajes grandes, por ejemplo.

-¿Cuánto fue lo máximo que pagó por una antigüedad?

- Los valores cambiaron, pero 2 o 3 mil pesos un carruaje.

-¿Qué es lo que más busca la gente?

- Las propagandas antiguas, como los carteles enlosados.

-¿Cómo se le pone valor a una pieza?

- Al tun tun, acá no hay una lista de precios.

-¿Es un público regateador?

- Sí, pero yo también regateo cuando voy a comprar.

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