“Hoy, tener wi fi es tan importante como tener el diario”
Desde atrás de la barra del Lion’s, Pellegrini vio los cambios de Pilar.
José Pellegrini, propietario del tradicional café Lion’s ubicado frente a la plaza 12 de Octubre y al palacio municipal, todavía se sorprende al resaltar que Pilar es, a pesar del desarrollo de los últimos años, “un pueblo que duerme la siesta”. Afuera, la calle Rivadavia semidesnuda de automóviles a las 13.30 de la tarde de un caluroso sábado de enero daba fe de ese fenómeno que se conserva en la era del wi fi.
“El negocio trabaja muy bien a la mañana, en ese horario está lleno. Hay un parate a determinada hora y después comienza de vuelta. Acá en el casco céntrico todavía la esencia de pueblo se mantiene: la siesta, cerrar al mediodía, distenderse un ratito, descansar, ir a comer algo; eso se sigue conservando. Entre las 3 y las 5 de la tarde se hace un parate y desde las 17.30 se empieza a trabajar de vuelta, acá se baja un cambio al mediodía, eso es notable”, resaltó el empresario gastronómico, nacido y criado en Pilar, que desde el 2002 se hizo cargo de los destinos del Lion’s junto a su socio.
Pero los rígidos mandatos de la tradición también dejaron espacio para los frescos aires de la renovación. Porque durante la primera quincena de este mes, la emblemática cafetería céntrica permaneció cerrada para remplazar sus alfombras por los brillosos cerámicos que ahora recubren el piso, para cambiarle la cara a sus paredes internas y a su fachada, y para renovar sus mesas y sillas.
-La renovación también llegó con el servicio de wi fi.
-Hoy tener wi fi es tan importante como tener el diario. Por eso tenemos una línea de tomas en todas las mesas prácticamente porque acá muchas personas vienen con su noteboock, la enchufan y se quedan a trabajar en un lugar cómodo y con aire acondicionado. Muchos deciden hoy venir por el wi fi, es un servicio más y hay que tenerlo para que el cliente se sienta bien.
-¿Qué cambios advirtieron desde el mostrador y desde la vidriera del Lion’s en los últimos años?
-Hace 9 años que estamos acá y en esos 9 años se notó que va en aumento la afluencia de público desconocido. Si bien se mantiene la gente del pueblo que concurre a estos lugares tradicionales, también hay mucha gente nueva. Pero se mantiene igual esa cosa de pueblo, del cliente que vos sabés quién es, conocés el apellido y a la familia, a qué se dedica, si es de Pilar o no, que sabés qué consume, que viene siempre a la misma hora, que sabés el diario que lee. Cuando se aproxima ya vamos a la máquina y le hacemos el café, o si come un tostado se le preparamos apenas entra, o le hacemos el sándwich como sabemos que le gusta. En un lugar como en el Kilómetro 50, donde hay público de todo tipo, o de paso, eso es más difícil.
-¿Son el café más emblemático de Pilar?
-Yo creo que sí, somos dos, nosotros y El Colonial. Somos los dos de más años, los más emblemáticos y a los que concurre la gente del pueblo. Con El Colonial compartimos el público, por ahí vienen acá y después van allá, pero no competimos en ese aspecto.
-Pilar creció pero la oferta gastronómica alrededor de la plaza no experimentó grandes cambios; ¿por qué?
-No hay una movida gastronómica acá. Acá hay lugares tradicionales, de muchos años. Simplemente cafés con minutas, sándwiches calientes, tragos y esas cosas. Pero no hay restaurantes como los que se han instalado en el corredor del Acceso Norte; acá en Pilar no pasa eso.
-¿Y por qué?
-Yo creo que el tema de la inseguridad es un hecho que influye en que la gente no invierta acá, porque si vos vas a cenar con tu familia buscás un lugar donde haya seguridad y por eso nos cuesta competir con el Kilómetro 50 donde vos vas y el auto te queda resguardado. A muchos clientes nuestros les han levantado el auto de acá de la plaza.
-¿No se da también por una cuestión cultural?
-El que busca invertir no invierte acá en el centro porque el público se dispersó mucho. Acá quedaron los comercios tradicionales, en el tema de la ropa pasa lo mismo. Si vos buscás ropa de primeras marcas tenés que ir al Kilómetro 50. Con la gastronomía pasa igual, si vas a poner un restaurante, vas al Kilómetro 50 porque tenés un público de un poder adquisitivo más alto. En la Panamericana se invierte más, acá no se invierte. No pasa lo mismo en Escobar donde hay restaurantes, pizzerías y bares alrededor de la plaza.
La peatonal
-¿La peatonal le dio un atractivo más al centro?
-No, no tiene vida, al menos no la vida que esperábamos. Heladerías importantes no tiene, cafetería hay una sola; no contribuyó a transformarse en un atractivo. Yo, desde mi opinión personal, hubiese hecho una peatonal abierta, mejorando las veredas, con buenas luminarias y buenas plantas, y no de una sola cuadra sino desde las ‘5 esquinas’ hasta la Tucumán, y en determinados horarios y los fines de semana. Nosotros hoy quedamos afuera del circuito de la peatonal, pero si se hubiese hecho así se habría beneficiado mucho al comercio de Rivadavia, se hubiese desarrollado mucho con heladerías, con pizzerías, con restaurantes.
-¿Y se hubiese atraído también al público del Kilómetro 50?
-Todos sabemos que las peatonales de pueblo son muy atractivas si están bien hechas. A todos nos gusta cuando vamos al interior disfrutar de esas peatonales donde la gente anda con la familia y ver confiterías con mesas afuera, con pérgolas, con cosas lindas. Se pueden hacer cosas muy interesantes, con espectáculos y propuestas culturales; así se desarrolla todo.
Confesiones de un cafetero
“En Pilar gusta el café con cuerpo y bien tirado”
-¿Es muy cafetero el público de Pilar?
-Sí, es muy cafetero y le gusta el buen café. Por eso nosotros nos esmeramos en que el café tiene que salir bien, ni quemado ni lavado, el cliente tiene que tomar un buen café, porque es una bebida que la gente que la toma la conoce, conoce los gustos, el cuerpo.
-¿Hay secretos para preparar un buen café?
-Sí, sí, hay secretos. La temperatura de la máquina, el molido, sacarle presión a la máquina antes de tirar el café para que salga a 80 grados, como tiene que ser. A nuestros clientes les gusta el café con cuerpo, el café liviano es el café americano que le dicen; al público de Pilar le gusta el café con cuerpo y bien tirado.