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Mitos y leyendas de Pilar (Que las hay las hay): Los enanitos verdes

A mediados de los 80, unos chicos afirmaron haber visto formas extrañas en un descampado de Villa Verde. El caso causó psicosis colectiva y atrajo a José De Zer, el periodista de Nuevediario.
3 de julio de 2010 - 00:00

 

por Alejandro Lafourcade

a.lafourcade@pilaradiario.com

 

Hubo un momento, a mediados de los 80, en que las familias argentinas se reunían frente al televisor para seguir con pasión los informes del noticiero Nuevediario: las notas, comandadas por el recordado José De Zer, hablaban de duendes, fantasmas y extraterrestres desperdigados por Buenos Aires y el interior. En medio de esa parafernalia informativa, Pilar aportó su granito de arena, con el rumor de la aparición de seres extraños en Villa Verde: “los enanitos verdes”.

El hecho, ya borroso por el paso del tiempo, es recordado por los pilarenses mayores de 30 años, quienes consumían los informes de De Zer en épocas de cinco canales y miles de rumores. Cuenta la leyenda que todo se inició una tarde-noche de verano, en un descampado de Villa Verde. Allí, un grupo de chicos que jugaban y recorrían la zona se espantó ante un espectáculo inesperado: la aparición, a varios metros de distancia, de unas extrañas luces que parecían bailar en los pastizales.

El vecino S.A., que recuerda el caso, afirma que “algunos pibes se cayeron en la huida, raspándose, pero sin dejar de correr. Todos llegaron llorando a sus casas, diciendo que habían visto unas luces extrañas en el descampado”. Algunos de ellos, además, afirmaron haber visto siluetas de figuras atemorizantes, a pesar de su reducido tamaño: nacía, para siempre, el mito de los enanitos verdes, mote que para ese entonces se le había puesto a toda forma de vida extraterrestre, adoptado además por la banda de pop mendocina que tuvo su momento de gloria precisamente en esa época.

 

Cazador de rarezas

Eran los años de Nuevediario y el furor por las notas de José De Zer, el periodista estrella del programa, siempre dispuesto a elaborar informes por demás extraños en todo el país (gran cantidad de veces armados por él mismo), como en el cerro Uritorco, o especulando con la llegada de extraterrestres a Villa Gesell, o quizás en La Plata, persiguiendo duendes y fantasmas en un “pozo magnético”.

Apenas se echó a rodar el rumor, la gente de Villa Verde y muchos otros barrios de Pilar se acercaba al descampado, con la ilusión de ver a los enanitos verdes, o al menos a las misteriosas luces. A su vez, inevitablemente las historias comenzaron a proliferar como una bola de nieve. Así, J.M. recuerda que “una de las teorías decía que, de un laboratorio subterráneo lindero a la fábrica Yaku –en el barrio Morelli-, se habían escapado unos monos que estaban siendo sometidos a diferentes experimentos, y esos eran los ‘enanitos’ que los chicos habían visto de lejos”.

Como era de esperar, hasta allí llegó, ni lerdo ni perezoso, José De Zer. Acompañado, claro está, por “Chango”, su inseparable camarógrafo, una especie de Robin anónimo que acompañaba a su superhéroe registrándolo todo, mientras su jefe, entre jadeos, le decía “seguime”, una y otra vez. Sin embargo, tras un par de días de revuelo mediático, y salvo algún amago, debieron volverse con las manos vacías. Los enanitos no aparecieron.

 

¿Explicación?

Alejandro Dolina los definió como “los refutadores de leyendas”: gente experta en derribar mitos, en descorrer el velo de las cosas misteriosas que apasionan a los hombres. Si bien Dolina los situaba en Villa del Parque, la de los refutadores de leyendas es una raza que se multiplica por todo el mundo.

Así, S.J.D. se atribuye haber provocado el fenómeno de los enanitos verdes. En más de un asado, S. relató la historia: al parecer, el hombre estaba esa tarde-noche de verano tomando mates con un amigo en un terreno de grandes dimensiones, en el que sólo había una casa en medio del descampado. “Había unos pibes vecinos recorriendo en el campito –contaba-, y nosotros teníamos esas linternas grandes con manija, que tienen una gran potencia. Los dos empezamos a hacerles luces y los chicos se asustaron y salieron corriendo...”.

Al ver lo que habían causado, los jóvenes decidieron redoblar la apuesta, y al otro día colgaron pedazos de espejos en los árboles, para reflejar en ellos las luces de sus linternas. “Dos o tres días después llegaron la policía, la televisión y nos asustamos por el revuelo que causamos, por eso dejamos de hacerlo”.

Más allá de las luces, nunca quedó claro qué es lo que vieron los chicos para decir que en el lugar había “enanitos verdes”. Mientras tanto, De Zer y “Chango” siguieron su peregrinaje en busca de lo desconocido.

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