ver más

Mitos y leyendas: La historia trágica del puente “La Paloma”

En 1910, una bella joven fue asesinada a orillas del arroyo Carabassa. Su recuerdo atemorizaba a los pobladores, que evitaban pasar por la zona.
17 de julio de 2010 - 00:00

 

por Edgar Wilker Scovenna

 

Los huellones profundos hacían dificultosa la marcha. Tío Carlos iba adelante, en una bolsa de arpillera llevaba la guitarra; yo, con mis escasos 9 años, lo seguía dando traspiés en los cascotes del camino. Sería más de medianoche. La sobremesa en lo de López se había prolongado. Entre las viejas canciones del tío Carlitos, los pastelitos y los mates de doña Maruca, los tres cuartos de legua que hay desde el camino de tierra a Luján hasta el rancho de mis abuelos, cerquita del molino Bancalari, se nos haría largo.

A unos cien metros del puente “La Paloma”, sobre el arroyo Carabassa, mi tío desvió más de una cuadra a la derecha, por lo tanto debimos cruzar con el agua a la cintura, y retomamos el camino pasando por un monte de cina-cina. Esa noche de enero era oscura, con nubes bajas que presagiaban tormenta. “¿Por qué esquivamos el puente?”, pregunté. No me respondió, parecía asustado mi tío. Llegamos y todos dormían. El tío Juan sacó la tranca y pudimos entrar.

Me acosté en el cuarto de los abuelos. Intrigado por lo del puente, bajito bajito, le pregunté a la abuela Victoria: “¿No se puede pasar sobre el puente La Paloma? Con el tío cruzamos el arroyo y nos mojamos. Le pregunté, pero el tío no me contestó”.

“Como poder pasar, se puede –respondió-, pero lo que ha ocurrido en ese puente, hace que la gente de noche tenga miedo. Mañana, cuando nos levantemos, te cuento esa historia. Ahora duérmete y no te preocupes”.

¡Pobre abuela Victoria! Mientras hacía los quehaceres, yo preguntaba y preguntaba. La recuerdo como si fuera ayer. Se sentó a la sombra de un paraíso en esa tormentosa y caliente mañana de enero, y yo en el suelo al lado de su sillita baja, carcomiéndome la curiosidad.

“Un matrimonio de chacareros italianos, paisanos nuestros –comenzó la abuela-, vivían en el campo que da al arroyo, y tenían una hija muy bonita a la que le decían Paloma. Cuando bautizamos a tu tío Carlitos, Paloma fue la madrina. Pasaron algunos años. Ella noviaba con un paisano nuestro que hacía poco había llegado de Italia. Tomaba y era de mal genio, tal es así que Paloma lo dejó, pero él la amenazó con matarla.

“Este hombre trabajaba en el molino, y cada vez que pasaba cerca del rancho de Paloma, cuando iba o regresaba del trabajo, insistía en continuar la relación. Sería a mediados de mayo en el año del Centenario. Los padres de Paloma estaban deshilachando maíz del otro lado del Camino Real, en otro campo de los Bancalari. Sería un poco más de media tarde, cuando Paloma regresaba del maizal a su casa, antes que sus padres para preparar la cena. Él, escondido entre las yucas, a la entrada del puente, la sorprendió y la ultimó a puñaladas.

“Contaron sus padres que al anochecer, al volver de la chacra, la encontraron moribunda y con el cuello destrozado. Decían que posiblemente el abundante cabello y la resistencia que ella opuso, más las pequeñas dimensiones y el poco filo del cuchillo, dificultaron e hicieron terrible el martirio de la bella joven”.

Estamos a un siglo de aquellos sucesos. Del puente “La Paloma” sólo quedan algunos escombros bañados por las aguas del arroyo. Cuando florecen las yucas, sus siluetas blancas se ven por las noches como mantos de hadas. Acaso... velando el recuerdo de Paloma.

Dejá tu comentario

Te Puede Interesar