Pilarenses por el mundo: Arte y embotellamientos en la tierra de Diego y San Genaro
En esta foto estoy con mi hija Vicenta disfrutando de un día de sol.
Me llamo Pilar Camps, tengo 32 años y vivo en Napoli, Italia. Desde que empezamos a pensar en formalizar nuestra relación con Salvatore (mi marido desde diciembre de 2006) supe que en algún momento íbamos a tener que hacer las valijas y partir a un rumbo incierto. Él es músico, actualmente dirige el coro del Teatro San Carlo en Napoli y nos conocimos en el 2005, mientras trabajábamos: él dirigiendo el coro del Teatro Colón, y yo trabajando en la escenografía de una ópera para el teatro.
Él es italiano, y así como llegó a Buenos Aires, lo más seguro era que en algún momento tuviera que dejarlo... Y así fue que en junio del año pasado, embarazada de 8 meses de Giuseppe, nuestro segundo hijo, llegó el ofrecimiento de Napoli y decidimos aceptarlo.
Por suerte tengo un trabajo que me permite hacerlo en cualquier lugar, si bien es difícil reinsertarse laboralmente en cualquier lado, tuve suerte una vez más, ya que me salió un proyecto para una escenografía. Además pinto y estoy trabajando en una producción para después mostrar y ver si surge algo también por ese lado.
Y, por supuesto, mi dedicación más importante hoy está focalizada en la familia y los chicos, que son muy chiquitos y demandan mucha atención: Vicenta tiene 2 años y medio y Giuseppe 10 meses.
Todos los días nos levantamos temprano, llevamos a Vicenta al jardín, Salvatore va a trabajar y yo vuelvo a casa con Pepe a trabajar con el proyecto de escenografía, o bien me pongo a pintar. Organizo las cosas de la casa y cuando vamos a buscar a Vicenta al jardín, si el día es lindo, aprovechamos para hacer un paseo, ir a la plaza, etc. De vuelta a casa, baño de niños, comida y a dormir... Aprovechamos mucho -ahora que empezó el calorcito- a encontrarnos con Salvatore después del trabajo, ir a conocer lugares… En fin, familiarizarnos con la ciudad.
Arte puro
Lo que más me sorprende de Napoli es la cantidad de arte que hay por todos lados: si uno llega como turista, no le alcanza un mes sólo para ver lo que tiene la ciudad… Nosotros seguimos y seguimos visitando lugares, y no dejamos de sorprendernos… ¡Porque hay cosas increíbles! Y no se acaban nunca de descubrir.
El entretenimiento más frecuente es salir a conocer lugares: como dije antes, es increíble la cantidad de arte que tiene Napoli, así que aprovechamos para hacer mucho turismo… Nos encanta ver, Salvatore es fanático de la fotografía, así que aprovechamos muchísimo. También me hice de un grupito de amigas, así que también es lindo hacer programas y tener una vida social fluida.
En cuanto a la gente, es raro… Todavía no termino de entender… Son muy gentiles y amables al primer trato; pero después, si uno quiere profundizar, como que no hay mucho quórum… De hecho mis amigas son todas latinas casadas con italiano, y después es como que esa amabilidad y buena disposición se contradice.
Si uno viene de paseo, seguro se llevará una imagen de que la gente es muy abierta, y uno piensa que en dos días estaría lleno de amigos… Pero no sé si es que nosotros somos más “amigueros” (por decirlo de un modo), o es que al final uno es extranjero y eso es lo que pone un freno al momento de hacer amigos… Quizás lo que más me une a las chicas que conocí es que todas somos extranjeras, y entonces nos juntamos porque nos entendemos.
Sin paz
El tránsito es un caos, no se respetan para nada las reglas, ni los semáforos, ni las sendas peatonales. Te ven con el cochecito con dos chicos y no te dan prioridad ni en los ascensores de los medios públicos… Es como que el napolitano no tiene consideración del otro si no tiene un trato más directo, no tiene noción de lo público: toda la ciudad, con lo increíble que es, está toda sucia, llena de caca de perros las calles… Muy folclórico para vivirlo como turista, pero para vivir esas cosas le restan muchísimo a la calidad de vida.
Uno no sabe lo difícil que es estar fuera de su país hasta que lo vive… Hay tantas cosas que uno ni se imagina el valor que tienen, hasta que no las tiene más… Se siente constantemente que no estás en “tu casa”… Creo que esa es la contra más fuerte: que no es tu lugar…Entonces uno después puede encontrarle mil defectos, o tratar de ver más lo positivo para que se haga más fácil la estadía…
De Pilar extraño la paz, la tranquilidad y el verde, pero lo más probable es que por unos cuantos años sólo volvamos de visita, pero la ilusión de volver siempre está… Gracias a Dios, a Salvatore también le gusta mucho la Argentina, así que muchas veces jugamos a proyectar e imaginar un futuro allá.
Estoy en el Primer Mundo por: la cantidad del arte.
En argentina es mejor: que estás en “casa”.
Cuesta adaptarse a: que no es “tu casa”.
Lo que más se extraña: los afectos.
Distancia aproximada: 11.000 kilómetros.
Diferencia horaria: 5 horas más