La Yuca: claros destellos de resurrección

4 de abril de 2010 - 00:00

 

Ejemplar de yuca plantado en Junín, casi Alberdi. 

 

 

por Fernando Juan D’Auría

Destellos con una claridad única irradian por esta época,  a comienzos del otoño, las flores blancas y perfumadas de la Yucca aloifolia oriunda de nuestra América subtropical.

Flores blancas agrupadas en una maravillosa inflorescencia panicular en el ápice de un follaje que se expresa a pocos metros del suelo.

Follaje verde intenso formado por hojas paralelinervadas,  lanceoladas, largas acuminadas y terminadas en una aguja o espina importante.

Un corto tronco que se sumerge a poca profundidad edáfica le confiere a este ejemplar el soporte necesario para expresarnos su metafórico porte, en estos tiempos en los cuales “buscamos entre los muertos al que está vivo”.

Cristo está vivo, ha resucitado y está presente en Pilar, está con nosotros y lo más maravilloso que ¡está en nosotros!

Está en nuestro interior que tantas veces siente hincarse  las espinas del fracaso, del error cometido, de un pecado que nos aleja del mandamiento verdadero del Amor, y que hoy, en este Domingo de Pascua ha sido aliviado por Alguien que venció la muerte en la Cruz, y resucitando, nos reconcilió con nuestro Padre celestial.

Natural sinonimia nos dan en aquella vereda de la calle Junín casi esquina con J. B. Alberdi, las hojas de la Yuca, que alrededor del tronco tejen una corona de espinas, brindando la esperanza con su centro tan verde intenso,  pero marcando sus límites, como tenemos los humanos, con espinas punzantes en los extremos foliares.

Esa botánica necesidad de poseer hojas bien verdes y espinosas nos dan el placer de sentir la vida en todo su esplendor, cuando en un tallo especial o escapo se desarrolla hacia el cielo y derrama las bendiciones de su radiante floración.

Y justo en estos tiempos de Pascua, nuestra amiga vegetal pasa de su viejo y punzante ropaje a una nueva y delicada floración que da natural testimonio de tener la posibilidad de cambio en tantas actitudes, miradas y procederes que tenemos.

En definitiva, honremos la Vida en todas sus oportunidades de manifestación, en los momentos de cotidianeidad desde el tibio amor en nuestro hogar hasta en el desafiante y complejo social de nuestro transitar por el barrio y por Pilar.

¡Qué estas Pascuas de Resurrección irradien la Luz de Cristo vivo a cada uno de nuestros corazones y que ilumine el paso que mostrará a todos, las blancas y perfumadas flores de nuestro interior! 


 

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