Memoria visual: Sol, pileta y bellezas en el Sportivo
Albores de la década del ‘60, momentos previos a la explosión del “flower power”: las mujeres posan en las escaleras del Club Sportivo, en una típica jornada de pileta correspondiente al año 1961, más exactamente el 3 de diciembre. Abajo, a la derecha, la publicidad de Spur Cola, bebida de Canada Dry, le da un marco bien sesentista.
La imagen es parte de la colección de Armando Mathías D’Auría, y el peluquero hace uso de su memoria privilegiada, para recordar que ese año se realizó un desfile de modas con jóvenes pilarenses, con indumentaria de la señora Aída Sapio.
La pileta del Club Sportivo fue inaugurada dos años antes de tomada la foto, en diciembre de 1959, y fue la primera piscina pública del Partido –luego el club construyó otra más chica, para los niños-.
Las bellezas que protagonizan la imagen, y que formaron parte del evento haciendo de modelos son “Nury” Videla, Silvia Mónica Kössler, Marta Travella, Ester Antonelli, joven con sombrero no identificada, Silvia Girerd y Elva Tropiano. Entre ellas, asomándose, aparece Aída Sapio, responsable del desfile.
Si bien la bikini ya había sido inventada algunos años antes, las jóvenes aún sentían pudor por usar una prenda de baño de dos piezas, por lo que aún lucían rigurosas mallas enterizas, como muestra la foto.
Sin embargo, ya se advertían algunos cambios en las prendas de vestir, mostrándose más sueltas, con mayor cantidad de colores, señales del paso a una década inolvidable por sus numerosos cambios culturales, entre ellos el definitivo impulso de la liberación femenina. Empezaban los ’60, de la mano de los Beatles, Sandro y Escala Musical.
A pesar de los sucesivos cambios en la fisonomía del edificio, puede notarse que la foto fue tomada en la escalera que llevaba a la vieja y querida terraza, esa que en las tardes de verano sirve como una especie de solarium para los que quieren tomarse un descanso de la pileta de natación.
Clásico
Desde hace medio siglo, la pileta de Sportivo es un clásico del centro de Pilar, escenario por el que han pasado miles de pilarenses, ya sean niños o adultos. Muchos son los que debieron cumplir con el infaltable ritual de llegada, dejando las pertenencias en los casilleros, para recibir a cambio una chapita que lo identificara. Luego de un rato en el agua, pasar por los casilleros para buscar comida o un mazo de cartas, subir a la terraza para charlar o jugar un rato, hasta que la pileta llame otra vez.
Al bajar el sol, era momento de juntar las pertenencias, saludar a todos hasta el día siguiente y volver caminando al hogar, salvo que se viviera lejos del club. Desde los días de inauguración de su pileta, los veranos en el Sportivo tenían ese no sé qué.