Los 120 años del Club Unión, un testigo de la historia del pueblo
Año 1990, Dante Manzoni se dirige a los presentes en el centenario.
Jorge Vallier, presidente del club desde el año 1994.
Un 10 de octubre de 1890, un grupo de vecinos influyentes se reunieron para fundar una entidad que más de un siglo después seguiría vigente, resistiendo el paso del tiempo: mañana, el Club Unión cumplirá sus 120 años de vida, celebrándolo esta noche con una cena en su sede social.
El principal mentor de la institución fue Tomás Márquez, primer intendente de Pilar y legislador, junto a vecinos como Cayetano Beliera, José Luexes, Julián Basabe, Luis Lagrave, Julián Manzanares y Juan Pinazo.
Eran épocas en que el club funcionaba como tribuna de expresión de ideas políticas, lo que originaba apasionados debates entre los protagonistas.
La política ha estado siempre implícita en las paredes del club, siempre ubicado en Lorenzo López y Rivadavia, a metros de la plaza 12 de Octubre. Desde 1890 hasta la fecha, salvo seis o siete intendentes, el resto de los jefes comunales han sido o son socios del Club Unión: entre otros figuran el mencionado Tomás Márquez, Dante Manzoni, Beto Ponce de León, Ricardo López Herrero, José Haiek, Andrés Yayo López, Nicolás Ruiz Guiñazú, Guillermo Oriol, Luis Lagomarsino, Jorge Telmo Pérez y Humberto Zúccaro.
Su actual presidente es Jorge Vallier, socio desde la década de 1950 y titular del club desde 1994. Sobre la celebración del 120º aniversario, comentó que “esperamos una muy buena convocatoria, este evento para nosotros es muy importante. Se trata del club más antiguo de la zona, incluyendo a Escobar –en ese momento localidad del distrito-. Por acá pasaron un montón de nombres de Pilar”.
El hombre recordó que el Unión “se fundó como una entidad de reunión social, en la que se juntaban los políticos y comerciantes más importantes. Radicales, peronistas, conservadores, todos iban ahí”. Y agregó que en esos primeros años “había internas bravas, pesadas. El club era social, pero cuando había una competitividad... Debe haber sido bravo en aquellos años, yo no lo viví. Pero al otro día volvía todo a la normalidad y se volvían a encontrar en el club”.
En la actualidad, la política ya no invade los salones del Club Unión, ya que como explica Vallier “hoy por hoy es un centro de reuniones de amigos, parientes, familiares. Vienen profesionales y comerciantes. Jugamos, nos entretenemos con las cartas, los martes somos muchos los que nos reunimos a cenar... Existe una familiaridad muy grande, lo pasamos muy bien”.
Asimismo, el club se mantiene “de manera austera, sin deudas. El socio paga sólo 300 pesos por año y no quiero que la cuota suba. Tenemos poco más de 50 socios y nos defendemos con los alquileres del salón. Hemos hecho muchas obras, pero nunca saliéndonos del presupuesto del club”.
Para ser socio es necesario completar los requisitos de la solicitud de ingreso, y es condición para obtener la membresía el llegar de la mano de dos socios ya activos. “Con dos firmas se puede entrar –comentó Vallier-, y no hay una edad determinada para hacerlo: ojalá vinieran los jóvenes, queremos que los padres lleven a los hijos al club. Mis hijos no van, hacen otras cosas, lamentablemente no los pude enganchar con el club. Me da una lástima tremenda –confesó-, pero es así”.
Para el presidente, el recambio generacional “sería muy importante porque el Club Unión tiene que seguir andando, es una institución de renombre, de prestigio, es muy respetada”.
Sin polleras
Al hablar de la historia del Club Unión, es imposible dejar de lado una de sus particularidades más notorias: la restricción a la entrada de mujeres durante más de un siglo.
Su ingreso fue permitido recién en 1994, durante los últimos momentos de la presidencia de Ovidio Fortunato Poroto López, luego de 104 años de vida de la institución.
Sobre esta cuestión, Vallier expresó: “Soy muy honesto y claro: la intención es que la mujer entre, pero no es un club para la mujer, es de juego, de ‘timba’ entre amigos. ¿Qué servicio le vamos a dar a la mujer? Hay lugares de mujeres a los que a los hombres no les interesa entrar”. Y aclaró: “No existe ninguna restricción para que una mujer sea socia, con mucho gusto la admitiríamos, pero no tendría actividades para hacer...”.
Durante muchos años, las mujeres ni siquiera podían ingresar a las instalaciones, hasta la reforma de Poroto López. “No sé qué pasaba cuando el lugar se alquilaba, pero antes de 1994 no pisaban el club, ni siquiera a los eventos o las fiestas. Era todo de hombres –recuerda el presidente-. En la época de Ricardo Haiek, un hombre brillante que estuvo 24 años de presidente (1966-1990), no entró una mujer, y en épocas anteriores, menos”.
En la actualidad, la situación es diferente: “Ahora sí, compartimos todos los eventos con nuestras mujeres. Pero la cabida que les dio López no tuvo éxito, porque hasta la fecha no hubo ni una sola socia femenina. Ninguna mujer ha venido a inscribirse, con mucho gusto la anotaríamos”.
Juego fuerte
En Club Unión siempre ha sido un lugar en el que las reuniones de juego brindaron anécdotas para todos los gustos, sobre todo en los años iniciales. “Ahora jugamos y nos divertimos –afirmó Jorge Vallier-; pero en otras épocas (las primeras), se jugaba fuerte y hasta se han perdido campos, como uno muy importante de 40 hectáreas. Pero eran otros tiempos, hoy nadie apostaría un campo ni tiene tanta plata...”.