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Una mamá de corazón inagotable

Victoria y Alejandro Oliveto ya eran padres adoptivos, cuando en 1999 se hicieron cargo de seis hermanitos que vivían en la Provincia de Misiones. Un ejemplo de amor y valentía.
17 de octubre de 2010 - 00:00

 

Los Oliveto disfrutando de unas vacaciones en la playa.

 

 

Hace más de una década, cuando Victoria Lillia y su Alejandro Oliveto supieron que el niño que habían decidido adoptar tenía otros cinco hermanos, lejos estuvieron de asustarse: los seis chicos agrandaron la familia de manera contundente y los convirtieron en padres ejemplares para siempre.

En un nuevo Día de la Madre, Victoria contó su historia a El Diario, un relato en el que el amor y la valentía son protagonistas absolutos. La adopción masiva comenzó en 1999: “Nosotros teníamos una nena adoptada de 7 años (Antonella), que quería hermanitos. Por eso decidimos adoptar uno más, empezamos a averiguar, y nos comentaron que en Posadas había un nene hospitalizado (Cristian), al que necesitaban sacar de ese hospital porque estaba con una traqueotomía y el gobierno no ponía la plata para la aparatología necesaria”.

La urgencia por conseguir a una familia para Cristian hizo más fáciles las cosas, pero éstas iban a cambiar en forma radical. “Cuando estábamos por viajar a Posadas –cuenta Victoria-, nos comentó la secretaria del juez que había aparecido un hermanito de 7 meses (Valentín), entonces fuimos por los dos. Pero, la semana antes de viajar, se supo que estos nenes tenían cuatro hermanitos más, que estaban en familias sustitutas”. Es decir, que la idea de adoptar a un niño se transformó en una adopción séxtuple de la noche a la mañana.

“En ese momento no podíamos hacernos cargo de todos por la problemática de Cristian, por eso nos fuimos a buscar a ellos dos, y a los 14 meses llegaron los otros cuatro. La idea era adoptar a uno y llegaron seis... No era lo pensado en un principio, pero a medida que se fueron dando las cosas fuimos adoptando al resto”. Así es como hoy a Antonella (18) la acompañan Mario (19), Soledad (18), Cristian (16), Marlene (15), Hernán (13) y Valentín (11).

A su vez, una vez llegado a Buenos Aires, Cristian debió someterse a varias intervenciones en el Hospital Garrahan, hasta que pudo respirar por sus propios medios sin traqueotomía. “Tiene retraso madurativo y epilepsia, va a la Escuela 501 desde que llegó a Pilar”, explicó su mamá. Sobre los hermanitos, comentó que “nos los entregaron en guarda, que se renuevan cada tres meses, y a la tercera guarda se obtiene la definitiva. Luego se puede hacer el cambio de apellido y lograr la adopción”.

 

Animarse

Al comentar cómo es la vida cotidiana de los Oliveto, Victoria asegura que “ellos lo hicieron más fácil, son chicos buenos, no les costó para nada decir ‘mamá’ y ‘papá’. A algunos los trajimos grandes, con 7 y 9 años. Mario era el más grande y en Misiones tenía que trabajar”. Y agrega: “Es una vida normal. Se complicaba para ir al colegio cuando vivíamos en Del Viso (ahora se mudaron a Pilar), hubo un año en el que hacía 150 kilómetros por día sólo para llevarlos y traerlos del colegio... Me la paso yendo y viniendo, los llevo y traigo de los boliches a las 4 o 5 de la mañana, aunque puedan pagar un remís”.

Además, comenta que “todos se portan bien, colaboran mucho con las tareas de la casa. Yo soy la quinta de seis hermanas, por lo que estoy acostumbrada a las familias numerosas. Además, no eran todos de la misma edad, no fue como tener sixtillizos, en ese caso hubiese salido corriendo (risas)”.

La mujer afirma que, a la hora de volver a encarar una adopción, “el hecho de que con Antonella no haya habido problemas de salud. Eso me animó, ella me dio el pie para animarme a adoptar a chicos de hasta 5 años. Antonella tenía pocos días de vida cuando la conocimos, con mi marido nos habíamos anotado en Casa Cuna apenas nos casamos”.

Además, Victoria reconoce que “cuando decidimos adoptar otro, que sea Cristian quien estuviera en la lista de espera fue una casualidad, quizás hoy estaríamos sin poder volver a adoptar, o buscando el tercero”. Y recuerda una lección que le dio su primera hija: “Cuando trajimos a Cristian y Valentín en el avión, lloraban y se movían, entonces le dije a Antonella que si sentía que la situación la superaba, los nenes no tenían que ser sus hermanitos, que podíamos ayudarlos, darles lo que necesitaban, pero me dijo ‘¿estás loca? Ya son mis hermanitos’. Valentín tenía 7 meses y pesaba 3,5 kilos, parecía un recién nacido. Anto fue el parámetro para animarse a volver a hacerlo, y Cris para animarse a más todavía”.

Con más de diez años de experiencia, Victoria afirma que “se puede ser padre o hijo sin que haya un lazo biológico: para mí no hay ninguna diferencia y para ellos tampoco, lo sentimos de esta manera. Igual que con mi marido, ya que fue una decisión de los dos, estábamos convencidos. Sólo se charló por el factor económico, pero no por no querer hacerlo”. Sobre los padres que piensan adoptar, opinó que “la decisión tiene que ser al 100%, de lo contrario no hay que tomarla”.

Por otra parte, comentó cómo se sintió en aquellos momentos de transición: “Cuando llegaron Cristian y Valentín, teníamos la posibilidad de decidir si le cambiábamos la vida o no a cuatro personas más. No podía vivir sabiendo que sus cuatro hermanos estaban en Misiones, me parecía un egoísmo tremendo, no podía vivir con eso en mi cabeza”.

 

 

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Hijos adoptivos tiene Victoria Lillia con su marido Alejandro Oliveto. Mario (19), Antonella (18), Soledad (18), Cristian (16), Marlene (15), Hernán (13) y Valentín (11). Salvo Antonella, los seis restantes son hermanos biológicos que llegaron desde Misiones.

 

 

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