La historia de Joel: un milagro con la ciencia como protagonista

El nene de dos años padecía una enfermedad poco frecuente. Lo conectaron a una máquina que reemplazó sus funciones cardiorrespiratorias hasta que se recuperó. Fue un procedimiento único.

jueves, 19 de mayo de 2011 · 00:00

 

Joel con su padre, Mauro Medina. “Fue una pesadilla”, recordó.

 

 

Con sólo dos años de vida, la historia de Joel Medina bien podría definirse como la de un milagro. Uno bien particular: de esos que se basan en los avances de la ciencia.

Joel tuvo una enfermedad inmunológica muy poco frecuente en la infancia, que rápidamente afectó sus pulmones. Para salvarlo, en el Hospital Universitario Austral (HUA), de Pilar, le reemplazaron temporalmente las funciones cardiorrespiratorias con un equipo de Oxigenación por Membrana Extracorpórea (ECMO por sus siglas en inglés), un equipo de alta complejidad, capaz de reemplazar la actividad respiratoria y cardiaca.

Joel había volado en un avión sanitario desde Paraná, Entre Ríos, el 18 de noviembre de 2010. Sufría un problema agudo y progresivo que le producía una severa hipertensión y ya se había detenido su corazón dos veces.

En el HUA, el niño tuvo una hemorragia pulmonar y como no lograban estabilizarlo con los recursos convencionales disponibles, los médicos de la Terapia Intensiva Pediátrica decidieron conectarlo al ECMO.

Joel estuvo conectado al aparato durante 9 días, hasta que el viernes 10 de diciembre, finalmente, los médicos le aplicaron asistencia respiratoria convencional.

Hace pocas semanas le dieron el alta, para la alegría y el asombro de la familia y del equipo profesional, que apoyó a Joel en su lucha por sobrevivir. Ayer, el caso se hizo público por primera vez.

“El caso es excepcional por la gravedad de la enfermedad y por la técnica usada para tratarla. En el país el ECMO está disponible en muy pocos centros y se aplica mayormente en ciertos cuidados postoperatorios de cirugía cardiovascular. En este caso, mantuvo con vida a Joel mientras sus pulmones se recuperaban”, afirmó el médico Silvio Torres, coordinador de la Unidad de Cuidados Intensivos Pediátricos del HUA. El caso es el primero de su tipo registrado en la literatura médica.

 

El milagro

Mauro Medina notó agitado a su hijo Joel un domingo de noviembre. Esa misma noche lo llevó de urgencia al hospital, porque las uñas y los labios del bebé habían tomado un raro color morado.

“Empezaba la pesadilla -contó el padre-. A los minutos de haber entrado al sanatorio, Joel sufrió un paro cardíaco. Lo reanimaron, pero al rato hizo un segundo paro”.

¿Qué tenía Joel?, era la pregunta de todos. Lo derivaron a Concordia y de allí a Paraná. Finalmente, la familia Medina fue trasladada al Austral en avión sanitario.

“Todo el sistema vascular de Joel estaba afectado por una enfermedad infrecuente y severa, conocida como panarteritis nodosa, que provoca una acentuada hipertensión con impacto en los pulmones, el corazón y el riñón. El ECMO permitió ganar tiempo para controlar la agresión inflamatoria”, explicó el doctor Torres.

El equipo consiste en un circuito externo a través del cual se bombea la sangre, se la oxigena y se la devuelve al cuerpo. Mientras el ECMO trabaja, el pulmón descansa.

Tras varios meses de internación, Joel se recuperó sin secuelas, volvió a caminar y hasta a andar en triciclo.

Joel tendrá que convivir con su enfermedad toda la vida; “no obstante, es esperable que se mantenga bajo control mediante la medicación inmunosupresora indicada”, explicó Torres.


Alta complejidad

Cómo funciona el ECMO

“Este tratamiento se aplica en niños con hemorragias pulmonares severas, neumonías que devienen en distress respiratorio, cuadros de shock séptico, posquirúrgicos de cirugía cardiovascular, recién nacidos con hipertensión pulmonar y con hernia diafragmática, entre otras alteraciones que provocan insuficiencia respiratoria y cardiovascular”, enumeró Silvio Torres, coordinador de la Unidad de Cuidados Intensivos Pediátricos del Hospital Austral.

“Se colocan dos cánulas dentro del corazón. Una ingresa por la vena yugular interna, por la que es extraída la sangre sin oxígeno que llega al corazón. A través de una bomba, se la impulsa hacia una membrana que funciona como oxigenadora. La bomba vendría a ser como ‘el corazón’ y el oxigenador, ‘el pulmón’”, explicó el Rodolfo Keller, coordinador de la Terapia Intensiva de Neonatología del HUA.

Una vez oxigenada, la sangre pasa por un calentador para que vuelva a la temperatura adecuada y, luego, se la devuelve al paciente mediante una cánula conectada a una arteria central.

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