Tribuna del lector: Diabetes: la hora de los chicos

por María Bordelois*
sábado, 27 de noviembre de 2010 · 00:00

 

Cuando en sucesivas notas les he contado cosas sobre Diabetes, la mayoría de ellas fueron inspiradas en pacientes con Diabetes tipo 2. No es casual: cerca del 90% de los diabéticos son tipo 2. El 10% restante es diabético tipo 1.

Los diabéticos tipo 1 necesitamos la insulina tanto como el aire: nuestra enfermedad es crónica y se produce cuando el sistema inmunológico destruye a las células beta (que producen insulina) y el cuerpo pierde su capacidad para metabolizar la glucosa o “azúcar”.

Nos llaman insulino-dependientes porque todos los días y de manera rigurosa y organizada debemos aplicarnos insulina. Generalmente este tipo de Diabetes aparece en niños y jóvenes, en la edad de los cambios.

A los 10 años y dependiendo de su contexto socio-familiar, la mayor parte de los niños recién empiezan a considerar que están dejando de ser “chicos”: viven prácticamente sin responsabilidades ni conflictos. Sienten remordimiento cuando actúan mal. Tienen grupos de amigos y se sienten seguros de pertenecer a ellos; pueden ser crueles con algunos de sus compañeros que no se saben defender. Quieren ser fuertes, populares, ingeniosos.

Pero cuando a un niño de 10 años le anuncian que es portador de una enfermedad de por vida y que tendrá que hacer cambios en su dieta, pincharse el dedo 4 veces por día y ponerse inyecciones, todo es una catástrofe y el mundo se viene abajo sin todavía tener una mínima noción de lo que es el mundo.

Acto seguido, lo primero que se siente es CULPA: ¿Qué he hecho yo para merecer esto? “Seguro que me porté mal” y se tiene la vivencia del castigo.

Por otro lado, pueden aparecer sentimientos cercanos a la TRISTEZA y al MIEDO.

Es natural que los cambios, a cualquier edad, provoquen inseguridad y miedo; temor a lo que no conocemos y que encima –en este caso- es una situación indeseada. La tristeza, ligada a la nostalgia sobreviene al momento de tomar conciencia de que no volveremos a ser “personas sanas”.

Muchas veces puede aparecer CANSANCIO y agotamiento de tener que cumplir con rutinas y responsabilidades y que de ellas dependerá nuestro futuro. Finalmente, es inevitable la cuestión SOCIAL en el temor al rechazo, al sentirse diferente y a lo que los demás puedan decir o pensar de nosotros. Justo en una edad en la que las burlas están a la orden del día y el sentido de pertenencia a un grupo nos hace sentir fuertes y seguros.

Es muy importante que un niño, de la edad que sea, pueda tener un espacio para expresar o hablar de lo que le pasa con su enfermedad: dibujar, cantar, actuar o escribir. Que pueda preguntar y pueda re-construir sus pilares de confianza ante la nueva situación. Que sepa que su familia y sus afectos lo seguirán queriendo de igual manera y que estarán cerca.

La escuela deberá informarse con un educador o profesional para acompañar lo mejor posible a un niño con Diabetes porque cumple una función social central.

No es casual la descripción de los 10 años, a esa edad apareció mi Diabetes: necesité del apoyo de toda mi familia, amigos y mis maestros de escuela para enfrentar las contrariedades. Para la próxima, quedará el paso por la adolescencia con Diabetes.

 

*Psicóloga Social – Paciente con Diabetes tipo I hace 29 años. Para comunicarnos: consultaspordiabetes@hotmail.com

 

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