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OPINIÓN

Para defendernos de la mentira

Por Diego Schejtman 7 de agosto de 2020 - 08:07

Nunca había sido tan fácil como ahora influir sobre mucha gente a través de la mentira.
Las redes sociales y la mensajería instantánea son plataformas masivas a través de las cuales la verdad y la mentira circulan con igual velocidad y posibilidad de alcance. Y ambas lo hacen con la libertad que les da la falta de regulaciones.
La mentira puede adquirir forma de noticia, lo que se conoce globalmente como fake news por su denominación en inglés, de rumor, de historia personal o hasta de documento público. La variedad cambia de acuerdo a las necesidades, capacidades o escrúpulos de quienes la producen. Lo que no cambia es su búsqueda de producir daño y de acicatear odios con la intención de convertirlos en atajos, generalmente para fines políticos.
Esta semana, Pilar volvió a ser escenario de la mentira masificada. Primero, con una tapa falsa de El Diario en la que se deba cuenta de una declaración que nunca había existido. Después, con la difusión de una falsa resolución del gobierno municipal en el marco de la pandemia de coronavirus.
En el primer caso, el antídoto fue una desmentida institucional de El Diario. En el segundo, se agregó una denuncia penal por parte del Municipio. Está por verse, en ambos casos, cuánto del daño perseguido por los autores de la mentira quedó hecho de todos modos.
No es la primera vez que la mentira se usa en Pilar con fines políticos. Ni que se hace utilizando las nuevas herramientas digitales para masificarla. Hay en marcha –lenta pero con avances- una causa penal donde la Justicia investiga si funcionarios del gobierno anterior tuvieron responsabilidad en la difusión de una campaña de fake news difamatorias contra políticos de la oposición de entonces, medios de comunicación y periodistas. Todavía no hay respuestas.
En el mundo se está discutiendo el rol de las plataformas y las redes sociales en la edición y circulación de la información y su capacidad para influir en los procesos sociales y electorales. En definitiva, se debate si son compatibles con la democracia.
A las puertas de un año electoral, en medio de una pandemia y de la crisis sin precedentes que está generando, el uso de la mentira para generar confusión, miedo y odio tiene la peligrosidad de una nube tóxica. 
Identificar, aislar y sancionar a los autores de la circulación de mentiras es imperativo para la dirigencia política y la Justicia. Mientras tanto, desmentir activamente cada falsedad malintencionada con la que nos topemos es responsabilidad de todos.

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