ECONOMÍA LOCAL

Volver a empezar: historias de comerciantes que al fin levantarán sus persianas

Tras cuatro meses y con protocolos específicos, varios rubros retornan hoy con la atención directa al público. Penurias económicas, ventas online y expectativas de resurgimiento.
miércoles, 22 de julio de 2020 · 07:43

Luego de más de 120 días, para una gran cantidad de comerciantes este miércoles significará una oportunidad de ir volviendo a la normalidad tan deseada: con protocolos específicos, el Estado habilitó la apertura de los llamados “locales de cercanía”, incluyendo a una gran cantidad de rubros.
Entre preparativos y ventas online, protagonistas de varios ámbitos dialogaron con El Diario y FM Plaza 92.1 acerca de estos cuatro meses en los que debieron ingeniárselas para seguir subsistiendo.
Atención en la vereda en casi todos, ingreso individual en algunos, siempre con el barbijo colocado, el alcohol en gel en las manos… Características de esta nueva etapa para Pilar y varios municipios del AMBA.

Testimonios
“En principio arrancamos con jornada corrida, de 9 a 15, después veremos cómo funciona para tratar de volver a la normalidad –expresó Carla Tosto, desde La Baulera-. Desde este lunes se vio mucha gente, nos golpeaban la puerta para entrar, pero estábamos trabajando online”.
Al ser un bazar, “la gente no quiere solamente mirar, necesita tocar”. Por eso, “la idea es poner una mesa en la puerta que impida el paso directo, ponerle alcohol 70% en sus manos al cliente. Y, cuando termina la jornada, hacer una limpieza especial en el piso”.
Carla añadió opinó que “la venta online llegó para quedarse, pero mucha gente extraña recorrer, mirar cosas que no subimos a la red”. Por otra parte, con respecto a la situación económica, indicó que “me estoy endeudando con las tasas municipales, me dijeron que hay un plan para eximir o al menos reducirlas”.
Desde la tapicería Abas, Patricio Martinelli reconoció estar “ansioso por arrancar de la manera más normal que se pueda. Estos meses los pasamos ‘reventando’ ahorros, como se dice. Mi papá hace 40 años que tiene el negocio en el mismo lugar, por suerte los dueños de los locales nos bajaron el alquiler un 50% y nos dieron una mano muy grande”.
En la Joyería Passionata, ubicada en la calle Rivadavia, Yanina Bringas recordó que “abrí el local una semana, previo al Día del Padre, siempre con entrega en la puerta, pero no se trabajó casi nada”. Y agregó que “cuando el Presidente anunció la vuelta atrás volví a la venta por Instagram, pero es muy difícil. Teniendo un comercio en la calle, con clientela de muchos años o gente de paso, cuesta mucho con aquellos que te desconocen”.
No obstante, reconoció que “por suerte tuve buena predisposición del dueño del local, fue un alivio”. El local abrirá de 10 a 17, pero Yanina opinó que “me parece que esto se pudo haber hecho antes, con un protocolo especial para cada rubro”.
Con 40 años en el rubro, Raúl, dueño de una zapatería también ubicada en la calle Rivadavia, confesó que “psicológicamente me hizo muy mal estar parado. “No abrí desde que comenzó la cuarentena, ya no podía más”. Conocedor de varias etapas y crisis, Raúl anticipó que “me parece que es peor que en 2001, donde podías abrir, andar por cualquier parte del país sin contagios. Lo económico es muy grave y se suma lo sanitario”.
Otro experimentado, Tono Aón, comentó que La Reina (histórico comercio de indumentaria) “tiene su base sólida. Si bien esto no fue nada normal ni previsto y hemos sentido el coletazo, por suerte es una empresa saneada”.
El local estuvo cerrado durante los primeros dos meses, para luego empezar con entregas a domicilio y atenciones muy restringidas. “Tampoco ha habido una gran demanda, más que nada pedidos de asiduos clientes que ya nos conocen”, reconoció.
En Todo Libro, Marisa señaló que “desde marzo estuvo el local cerrado, salvo esas semanas de junio en la que pudimos atender desde la puerta, con un nylon. Ahora vamos a poder volver, pero seguiremos atendiendo desde la vereda”.
Sin embargo, por las condiciones actuales no se puede entrar a mirar o recorrer, algo fundamental para una librería

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