“Ahora estás en mí. Eres mi vaga suerte, esas cosas que la muerte apaga”, Jorge Luis Borges
Daniel es italiano. Vivió en la Argentina hasta que hace una década volvió a Sicilia. Oyente de nuestro programa Materia Prima, en FM Plaza 92.1, ayer nos daba testimonio del virtual fin de la cuarentena en Italia, con la apertura de bares, restoranes y peluquerías, después de dos largos meses de confinamiento.
Pero en su mensaje no había felicidad ni esperanza, más bien preocupación. Considera que la medida es “apresurada” y que la gente salió a la calle sin los recaudos necesarios, como uso de barbijos y respeto de la distancia social, en un momento donde describe, hay zonas de Nápoles y Milán donde ya se habla de un rebrote de casos de coronavirus.
Daniel también contó otra cosa: “Durante la cuarentena, la gente se quejaba del gobierno porque estaba encerrada y no podía hacer nada. Hoy no toma los recaudos y dentro de unas semanas, si la enfermedad vuelve a aparecer, dirá que no era el momento de abrir. Nunca está conforme”. ¿Les suena? Bueno, dicen que la mayoría de nosotros venimos ahí ¿no?
No sé cómo lo llamarán en Europa, pero de este lado le decimos “gataflorismo”, eso de chillar si te lo dan y llorar si te lo quitan.
En el medio, debatimos poco, proponemos menos, nos indignamos mucho y construimos nada.
Hay amplísimos sectores de la sociedad que por estos días navegan en las más grandes incertidumbres (si seguirán teniendo trabajo o no, si podrán pagar las cuentas, si serán capaces de afrontar los sueldos, si se enfermarán ellos o algún integrante de su familia, entre otras).
Por eso, más que nunca los que conducen deben dar mensajes claros. Deben mejorar la comunicación, ser precisos. A quienes les toca ser oposición, ser un poquito más responsables.
Hay medidas que se toman a las apuradas, sin consultar y la realidad se encarga de deslegitimizarlas a las pocas horas. Aperturas sí, aperturas no, o el horror del bloqueo a la SUBE, al que aún no dieron por muerto. El método de la “prueba y error” fue patrimonio del macrismo, no es necesario adoptarlo.
Escuchemos, respetemos, no entorpezcamos. No seamos como la Gata Flora. Si no nos une el amor, que al menos sea el espanto.
Gataflorismo a la italiana
Por Sergio Abrate
s.abrate@pilaradiario.com