“Nunca podrán sacarme de mi lugar” sentencia la frase inscripta en la baldosa que, desde ayer, forma parte de la vereda de la escuela Nº 11, frente a la plaza Antonio Toro, de Derqui, para recordar a Tomás Calderón, un vecino de la localidad, víctima del terrorismo de Estado impuesto por la última dictadura.
La memoria, en una vereda de Derqui
Una baldosa recuerda a Tomás Calderón, secuestrado en Derqui por grupos de tareas de la dictadura. La colocaron familiares y vecinos frente a la escuela donde estudió.
El acto de homenaje se realizó ayer, un día antes del 40º aniversario del golpe de 1976. Al mediodía, un grupo de familiares, amigos, vecinos y militantes de organizaciones políticas y sociales se reunieron para recordar a Calderón bajo el sol amable de principios de otoño.
No faltaron anécdotas, las lágrimas ni música para sumarle emoción al acto, el primero en el distrito en el que se coloca una baldosa de la memoria, habitual en otras ciudades.
“Acá estudió Tomás Calderón, secuestrado por la dictadura militar el 26/11/1976 en Derqui. ‘Nunca podrán sacarme de mi lugar’”, dice la placa que simula un pizarrón escrito con tizas de colores, elaborada por el artista Javier del Valle Barroso.
“Tomás había vuelto a casa después de vivir un tiempo en Capital. En los últimos días nos decía que había vuelto a su niñez, al lugar donde había sido feliz. Por eso decimos que no lo van a sacar de ese lugar”, contó Marcelo Calderón, hermano de Tomás, haciéndose escuchar en la ronda formada en torno a la baldosa.
Tomás Calderón era el mayor de 10 hermanos. Marcelo recuerda que hablaba poco de su militancia en Montoneros. Pero sí que les decía a todos que lo que hacía era para que todos estén mejor. “Tenía convicciones muy profundas”, dijo.
La mañana del 26 de noviembre del 76, a la casa de los Caderón llegó la exesposa de Tomás. Los dos salieron a conversar a la calle pero fueron capturados de inmediato por un grupo armado que ya rodeaba la casa.
Luego, se supo que ella ya estaba secuestrada desde un poco antes y que tiempo después fue liberada. Nunca volvió a tener contacto con la familia de su exmarido.
El rastro de Tomás se pierde en el testimonio del guardabarreras que vio cuando lo subían a un auto. Nunca se supo por dónde lo llevó su periplo desde entonces ni dónde yacen sus restos.
“Mi mamá se fue sin saberlo nunca. Ahora ya debe saberlo y algún día lo sabremos todos”, dijo Marcelo. Hasta entonces, cada vez que alguien pase por la vereda de la escuela sabrá que Tomás Calderón estuvo ahí.
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desapariciones se produjeron en el distrito a manos de la dictadura, según la investigación del sitio desaparecidospilar.com.ar.