Familiares del fallecido principal jerarca de la última dictadura, Jorge Rafael Videla, pretenden cremar su cuerpo. Es, al menos, lo que le solicitaron a la Justicia tras cumplirse dos años de su muerte, el 23 de mayo de 2015.
Si finalmente el Juzgado Federal N°3 de Morón hace lugar al pedido de la viuda de Videl, Alicia Hartridge, será el final de un misterio que tiene como sede a Pilar, más precisamente al cementerio Privado Memorial.
Es que es en ese parque arbolado donde descansan los restos del genocida, en una tumba con un nombre ajeno para evitar que el repudio que supo ganarse en vida lo siga también al otro lado de la línea final.
Videla fue enterrado en Pilar en estricto secreto. Una maniobra con la que familiares y allegados buscaron evitar los escraches que ya se preparaban en Mercedes, su tierra natal, donde se había anunciado el funeral.
Pocos días después del solitario entierro, cuando la Justicia hizo público su destino, El Diario pudo averiguar que los restos habían sido enterrados en el sector T1 del cementerio Parque. La tumba, que por entonces no tenía nombre, habría adquirido después una identidad falsa.
Según relata una nota publicada ayer por el periodista Enrique La Hoz Velarde en el diario Clarín, la placa de granito colocada sobre la tumba donde descansa Videla dice “Familia Olmos”.
El matutino cita también declaraciones del abogado de la familia, el pilarense Adolfo Casabal, un conocido apologista de la dictadura y sus jerarcas, en las que asegura que la confidencialidad de la tumba se mantiene por el temor a que “filoterroristas o personas cercanas” puedan profanar los restos.
Videla, la tumba sin nombre que será ceniza
Desde que aceptó sepultar el cuerpo de Jorge Videla, el cementerio Memorial fue blanco de escraches por parte de organizaciones políticas y de Derechos Humanos.