Unidad en la diversidad, la receta de Massa para enfriar la interna
La rueda de la política
por Diego Schejtman
d.schejtman@pilaradiario.com
Le llaman unidad en la diversidad y es una de las principales estrategias políticas del massismo. Su propio nombre exime de mayores explicaciones, aunque se puede redundar en que se trata de la convivencia en un mismo espacio político de figuras y sectores de orígenes diversos, que no necesariamente comparten sus visiones del mundo. Basta con que puedan coincidir en un núcleo básico de acuerdos.
Tiene antecedentes recientes en la transversalidad y la concertación plural, dos proyectos de construcción política del kirchnerismo que fueron definitivamente abandonados tras el “voto no positivo” del ex vicepresidente Julio Cobos.
Yendo un poco más atrás, la Alianza entre radicales y frepasistas que gobernó la Argentina entre diciembre de 1999 y el estallido producido en el mismo mes del 2001 se encuadra en la misma corriente de acumulación política.
Por ahora, esta unidad en la diversidad no ha sido probada aún como sustento político de una gestión en el poder. Es que el massismo no gobierna el país ni una provincia. Y en los municipios cuyos intendentes pasaron al nuevo espacio no se notaron demasiados cambios de elenco.
De todos modos, en Pilar la nueva alquimia se muestra en las fotos, acercando a figuras que parecían irreconciliables o que, más temprano que tarde, están predestinadas al enfrentamiento.
Ida y vuelta
Como detentador del poder en el Municipio, el intendente Humberto Zúccaro es centro de gravedad de ese juego de acercamientos y rechazos, mientras el propio Sergio Massa oficia de árbitro de las normas que él mismo impone.
Así, dirigentes que hasta hace poco aparecían enfrentados y cruzaban declaraciones filosas, ahora comparten fotos y elogios públicos.
El caso del intendente de Malvinas Argentinas, Jesús Cariglino, es uno de los más relevantes. Tras haber mantenido una estrecha alianza con Zúccaro en 2003, año de la llegada al poder del pilarense, se produjo una ruptura cuyas causas nunca se explicaron públicamente, pero que duró casi 10 años.
Ahora, con ambos otra vez juntos dentro del massismo, y con el mandatario malvinense probándose el traje de precandidato a gobernador, la alianza se reflotó.
De hecho, Zúccaro y los equipos municipales vienen trabajando en conjunto en materia de salud, uno de los fuertes de la gestión Malvinas.
La respuesta de Zúccaro se vio con un gesto el jueves, en el acto de lanzamiento local de la campaña contra el nuevo Código Penal, en el que Cariglino compartió el protagonismo con el anfitrión.
El del senador provincial Jorge D’Onofrio es un caso particular en el que las diferencias no son pasadas sino presentes o, más bien, futuras. Es que en su desembarco pilarense desde San Isidro, donde comenzó su carrera política, D’Onofrio anunció sus intenciones de pelear la intendencia en 2015. Desde entonces, sus críticas a la gestión de Zúccaro fueron más allá de simples cuestiones de forma para atacar los ejes del mandato municipal al punto de presentarse como “el massismo sin Zúccaro” en Pilar.
El jueves, Zúccaro y D’Onofrio se estrecharon en un abrazo sobre el escenario, aunque la demora del legislador le impidió convertirse en orador principal del acto, como estaba pautado, algo que algunos zuccaristas celebraron por lo bajo.
Por último, el concejal Gustavo Trindade completó el círculo que lo llevó primero del zuccarismo a una oposición dura y, ahora, otra vez a los arrabales del oficialismo, con el que mantiene un interbloque de límites difusos en el Concejo Deliberante. Eso, sin embargo, tampoco impide que el cantor se entusiasme con volver a enfrentar a su ex referente en una interna el año que viene.
Por ahora, la unidad en la diversidad se mueve en homogénea armonía, mientras sus actores tratan de tapar viejos enconos y latentes disputas de poder. Cuánto durará la calma es algo que ni adentro ni afuera del espacio atinan hoy a aventurar.