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Caso polémico

Un crimen, un tatuaje y un condenado a perpetua que clama por su inocencia

En 2017, un hombre fue asesinado en un asalto a un autoservicio de Tortuguitas. El delvisense Ernesto Fernández fue acusado del hecho. Pero jura que en ese momento se estaba tatuando. Su familia reclama que se revise el reciente fallo.

2 de octubre de 2026 - 15:53

Días atrás, la Justicia confirmó la condena a prisión perpetua para un joven de Del Viso, al hallarlo responsable de un crimen cometido en 2017 en un autoservicio de la localidad de Tortuguitas. Sin embargo, la familia –como desde que se inició el proceso- clama por su inocencia.

Se trata de Ernesto Fernández, hoy de 27 años, preso por el asesinato de Leonardo David Urban, ocurrido en el supermercado “Ariel” (de la localidad antes mencionada, en el Partido de Malvinas Argentinas) el 24 de julio de 2017. La semana pasada, el Tribunal lo condenó por “robo agravado por el uso de arma de fuego en concurso real con homicidio criminis causa”, considerando que fue uno de los asaltantes e incluso el autor material de los disparos.

Leonardo Urban, víctima del brutal asalto ocurrido en Tortuguitas en 2017.

Urban era un cliente que estaba en el local en el momento en que entraron al menos dos delincuentes, quienes llegaron a bordo de un Chevrolet Celta blanco. Tras un forcejeo, la víctima recibió un disparo de arma de fuego. A pesar de la cercanía con un hospital, la ambulancia tardó más de 30 minutos en llegar y falleció en el lugar.

Por el crimen también se detuvo a un menor de 14 años, quien fue puesto en libertad al poco tiempo por ser inimputable.

Apoyo

Ernesto tenía 18 años cuando fue detenido por la policía y pasa sus días en el Penal N°46 de San Martín.

Mientras tanto, su familia y defensa presentan recursos para lograr que el caso sea analizado por los más altos estamentos de la Justicia e incluso con el apoyo de entidades nacionales e internacionales, como el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) e Innocent Project (una ONG estadounidense que defiende a convictos que fueron condenados en –a su criterio- forma injusta).

“Su inocencia se desprende prácticamente del propio expediente, sólo que nunca quisieron escuchar la parte del defensor”, asegura Daniel, su papá, en diálogo con El Diario. Vecinos de Del Viso de toda la vida, desde hace un tiempo se mudaron al barrio porteño de Congreso.

El principal argumento que tienen el acusado y su familia es que, de acuerdo a lo que siempre sostuvieron, al momento del hecho él se encontraba en Del Viso haciéndose un tatuaje, versión respaldada en el juicio por el propio tatuador.

La familia de Ernesto Fernández difunde el caso por redes sociales clamando por su inocencia.

A su vez, indica que en el juicio “desestimaron el celular presentado con fotos del tatuaje y a los dos testigos que estaban en el local mientras él se tatuaba”.

No obstante, más allá de los testimonios nunca pudieron probarlo en forma fehaciente porque en aquel momento “desde el COM de Pilar no nos consiguieron las imágenes, diciéndonos que ese día tuvieron problemas con las cámaras. En el horario que nosotros necesitábamos para presentar las imágenes estaban borradas o no se podían recuperar”.

Por esto, su padre lamenta que “eso hubiese sido algo fundamental para desligarlo de la causa apenas todo empezó”.

Testimonios y dudas

Horas después del crimen, la policía llegó hasta el domicilio de Fernández, que estaba ubicado en la calle Oliden, para detener al por ese entonces adolescente.

De acuerdo a la familia del condenado, la investigación llegó hasta Ernesto por dichos de testigos, aunque afirman que las primeras fuentes consultadas faltaron a la verdad: “Del propio expediente se desprende cómo armaron por parte de la Fiscalía de Malvinas Argentinas acusaciones inducidas, basadas en dichos de personas que fueron engañadas por un pibe que le tenía odio y resentimiento a mi hijo”.

Según Daniel, esta persona (cuyas iniciales son L.S.) “los convenció de que era él el que también había cometido un robo a una peluquería a pocas cuadras del supermercado, haciendo que una piba de 15 años lo involucre en el robo que terminó con el asesinato”.

El hombre añada que L. S. “odiaba a mi hijo porque estaba saliendo con la ex de él, por eso lo involucra en un robo anterior, que fue el 4 de julio de ese año. Él lo vincula a mi hijo diciendo que él estaba afuera del local haciendo de campana, aunque ningún testigo lo vio”.

Así fue cómo las víctimas del robo fatal al supermercado “creyeron estar identificando a Ernesto, aunque los asaltantes entraron con la cara cubierta con pasamontañas… Todos convencidos por L.S. aunque mi hijo no tuvo nada que ver. Cambiaron la versión en la indagatoria, porque al principio dijeron que no podían reconocer a nadie”. Luego de este viraje, Fernández fue señalado en rueda de reconocimiento, aspecto clave para llevarlo al juicio.

Última esperanza

“La causa está plagada de arbitrariedades. En el CELS e Innocent Project la están analizando ya que cumplió con los requisitos para su intervención ante la Corte Suprema de la Nación”, dice Daniel, convencido de la inocencia de su hijo.

Y añade: “Estamos ante una causa que fue dirigida y armada en contra de mi hijo. En su momento –mediados de 2017- había elecciones, quisieron resolver el caso y mostrar que se había actuado rápido. Fue lo que más le convino a la Fiscalía, y ni hablar de que miraron fotos de mi hijo por Facebook en la comisaría, previo a la rueda de reconocimiento también, para buscar imágenes suyas”.

Por lo pronto, la Suprema Corte de Justicia de la Provincia de Buenos Aires rechazó los planteos de la defensa y confirmó la culpabilidad de Ernesto, por lo que resta apelar al máximo tribunal nacional.

Mientras tanto, la defensa sigue insistiendo porque se tomen en cuenta las nulidades presentadas.

En este sentido, Daniel Fernández comenta que el CELS “presentó un ‘amicus curiae’, figura jurídica que permite a personas o instituciones ajenas a un juicio intervenir de forma voluntaria para aportar opiniones, información técnica o argumentos legales que ayuden al juez a tomar una decisión”.

Por eso, confiesa que “hoy las esperanzas están en la pronta intervención de Innocent Project y en hacer pública esta injusticia”.

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