Un año de un policial estremecedor: el descuartizador de la estación de Villa Astolfi

El femicida arrojó restos de su esposa a plena luz del día en la estación del ferrocarril. Al ser advertido, se suicidó. Asesinó a dos mujeres y era el principal sospechoso por la desaparición de otras dos y de un hombre.
miércoles, 27 de enero de 2021 · 13:18

En el atardecer del 27 de enero de 2020 tuvo lugar uno de los hechos policiales más aberrantes que hayan tenido lugar en el distrito. Ante la vista de todos, cerca de las 18.30 en la estación de trenes de Villa Astolfi, un hombre de 57 años arrojó una bolsa con restos de su mujer, a la que había descuartizado, para luego suicidarse clavándose un cuchillo en el corazón. 

Los testigos de la terrorífica escena, contaron que divisaron a un hombre que luego fue identificado como Lorenzo Esteban Duarte Martínez, arrojando una bolsa negra en un descampado, que al quedar enganchada en un alambrado, dejó caer de su interior una pierna humana. Ante los gritos de los espectadores y al verse rodeado por la policía, el descuartizador emprendió una carrera deshaciéndose de una mochila que también contenía el torso de una mujer. 

Finalmente, escondido entre unos pastizales se clavó un cuchillo en el corazón, lo que le provocó la muerte inmediata. La víctima era su esposa, Rosa Antonia Acosta Brizuela, de 55 años, de nacionalidad paraguaya, con la que se había casado en noviembre de 2019. También se confirmó que el asesinato se produjo en una vivienda de José C. Paz, donde se encontraron más restos humanos. 

Con el correr de las horas se conoció el temible prontuario de Duarte: ya había estado preso por otro femicidio, al tiempo que era el principal sospechoso por la desaparición de dos mujeres y un hombre, de los que todavía nada se sabe.

Prontuario

El recorrido criminal de este hombre de 57 años comenzó cuando era un adolescente, en 1983, implicado en un caso de “privación ilegal de la libertad” en el Departamento Judicial San Isidro. Tres años más tarde estuvo vinculado -en la misma zona- en una causa por “lesiones calificadas”. En 1989 por “hurto automotor”, y en 1992 por “abuso de arma, atentado y resistencia a la autoridad”.

A partir de 1993 los hechos fueron aumentando en gravedad: Duarte estuvo imputado en una causa por “robo y hurto, y violación” en la jurisdicción de Zárate-Campana.

Hasta que, en 2004, se produjo la desaparición de Viviana Altamirano, de 22 años y vecina del barrio Las Tunas, en General Pacheco. Familiares de la joven, al conocer la noticia a través de El Diario, expresaron: “Esteban Lorenzo Duarte (principal sospechoso de la desaparición de Vivi) está muerto”, aunque afirmaron sentir “tristeza por una persona más, que pudo haberse evitado si no lo largaban”. Nidia Altamirano, la propia madre de Viviana, indicó que el ahora fallecido “nunca pagó, por falta de mérito, siendo que encontraron toda la ropa que llevaba puesta el día que desapareció, a pleno día”.

El terrible recorrido de Lorenzo Duarte siguió en 2005, cuando fue condenado por asesinar a su pareja de ese entonces. Recuperó su libertad a principios de 2019 (aún no existía la figura de “femicidio”) y rápidamente volvió a las andadas.

Su siguiente pareja conocida fue María Mercedes Gauto (46), vista por última vez en agosto del 2019. Desde ese entonces no se sabe nada de ella y su hija Liz María -que siempre señaló a Duarte- no deja de buscarla.

En medio de esa odisea fue enterándose de quién era la pareja de su madre, sumando cada vez más datos escalofriantes. “Reconocía que había estado preso, pero por estafa –expresó a El Diario un allegado a Liz-, después nos enteramos que había matado a su esposa, hace unos años”. Y, nuevamente, la sensación de llamativa inmunidad: “Desde que lo denunciamos, nadie lo investigó…”.

A esto se le suma la desaparición en noviembre de 2019 de Guillermo Manuel Díaz, un amigo a quien Duarte había conocido en la cárcel, que el 19 de noviembre de 2019 fue la última vez que familiares y amigos supieron algo de él. Ese día, el hombre había acordado con el femicida ir a ver un terreno para comprar. Tenía 40 mil pesos en efectivo y un cheque a cobrar por 13 mil pesos. “ El 20 de noviembre su teléfono se apagó. Borró la foto de su Whatsapp como si hubiera bloqueado a todos sus contactos y nunca más contestó.

 

 

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