Por Paula Romeo
Juegos de rol o jugarse la vida
Voy a contarles la historia de B.M. Y quiero aclararles que no es ficción, es una historia real.
Actualmente, B.M. en vez de estar jugando a ser un superhéroe en los juegos de Lego, o un antihéroe en el GTA -a través de una playstation o la PC, donde mueren y vuelven a vivir en forma indeterminada- está pasando sus días en una cama de la guardia del hospital, luego de ser intervenido quirúrgicamente, porque su novia –a la cual se aferró luego de un montón de abandonos- le clavó un cuchillo en el abdomen.
B.M. es un niño (hoy de 16 años) que nació en Pilar en el seno de una familia numerosa (6 o más hermanos) con un padre ausente, un abuelo denunciado por violencia familiar, y una madre víctima también que no supo cumplir su rol materno, y a la cual le sacaron a todos o casi todos sus hijos.
Así B.M. creció siendo institucionalizado junto a alguno de sus hermanos en diversos hogares, de los cuáles se las ingeniaba para huir cuando solo contaba con 8 años. Ha vivido en una casa abandonada junto a su madre y otros hermanos, sin absolutamente nada. Luego vivió en otra localidad donde su casa se inundaba.
B.M. siempre fue pobre, es un niño de la calle, pero no por opción. No conoce otra cosa, y tiene pánico de ser institucionalizado, encerrado, de perder su libertad.
Sin embargo, a lo largo de su historia pidió a gritos que lo ayuden con diversos llamados de atención.
Ha violado la ley penal en muchas ocasiones desde que tiene 10 años. Con delitos o infracciones que por ser tan leves no ameritaban su privación de libertad.
Igualmente, desde mi Fiscalía se ha intentado con él como con ningún otro caso que “alguien” se ocupara de su situación de extrema vulnerabilidad. Sin tener éxito.
Y no lo digo por un cuadro político determinado. Ningún organismo de protección hizo nada por él. Estuvo a la deriva desde sus 8 años cuando se fugó del hogar donde le habían dictado la medida de abrigo hasta ahora que tiene 16 años.
Para informar al lector, desde el año 2009 la ley dividió los temas de niños en dos: la parte penal que abarca a todo niño que comete un delito o viola una ley penal, que está a cargo del Poder Judicial con organismos como el Juez de Garantías del Joven, la Fiscalía y Defensoría especializada, los cuales nos fuimos formando con el tiempo y con iniciativa propia nos especializamos en nuestra tarea.
Y por otro lado, se dividió la parte asistencial, la que en una primera instancia está a cargo del Poder Ejecutivo, quien debía crear organismos (llámese Dirección de Niñez) en cada Municipio que se ocupara de los niños con derechos vulnerados (niños de la calle, abusados, abandonados por su familia, etc.). Estos organismos administrativos son los que disponen si un niño requiere ser separado de sus padres, y allí si se queda con algún otro familiar, o es dado en guarda a algún referente afectivo, o lo institucionalizan en un hogar.
Con B.M. nada funcionó. Y pareciera que todos –me incluyo- estamos esperando que cumpla 16 años y que cometa un delito grave para –a través del Fuero Penal- lograr restituirle los derechos que ningún otro organismo logró hacer. ¡Qué paradoja!, ¿no? Dejarlo preso para protegerlo (inconcebible desde lo teórico – pero práctico en cuanto a la restitución de derechos).
A B.M. lo conocí cuando personal de Gendarmería lo agarró (lo salvó) en medio de la autopista Panamericana, totalmente alcoholizado, intentando suicidarse porque se había peleado con “su novia”. Tenía 13 años.
B.M. no fue ajeno al consumo de alcohol, de drogas, pero no se ha logrado su internación, ya que según la interpretación de los psiquiatras de la Ley de Salud Mental actual, se requiere “su voluntad” para iniciar el tratamiento. Y en la mayoría de las veces, dictaminaban que requería tratamiento ambulatorio.
Pero… ¿Quién lo acompañaría al CPA? No tiene madre que se ocupe, ya que dejó de hacerlo hace años, padre desconocido o inubicable, hermanos que están peor que él. No tiene ningún referente afectivo.
Algunas veces lo siguió “Pancho” (operador de calle del Servicio Local de Protección de Derechos de la Municipalidad). Pero lo cierto es que Pancho tampoco contaba con herramientas o programas que ofrecerle, y nadie decidió nada más intenso al respecto.
En mi desesperación, observando que el tiempo pasaba y que la situación se agravaría y que iba a terminar muerto o preso, libré oficios en dos ocasiones a la Secretaría de Niñez Adolescencia y Familia (SeNAF) que depende del Gobierno nacional, a la Dirección Provincial de Derechos del Niño y a la Secretaría de Niñez del Municipio. Aún estoy esperando las respuestas.
Con el correr del tiempo, conoció a S.L. “su novia”. Siendo ella el único soporte afectivo que entre idas y vueltas como todo adolescente, pudo sostener en el tiempo. Obviamente, en un ámbito de falta de recursos, de vulnerabilidad habitacional, alimenticia, de salud, etc. Pero… no cometía delitos. Comenzó a limpiar vidrios en las esquinas del centro de Pilar. Y ante mi insistencia para que le asignaran algún programa para sacarlo de la calle, una operadora de la Dirección de Niñez me dijo: “lo veo mejor ahora que está limpiando vidrios.”
Ahí fue cuando me resigné de pedir ayuda, e intenté convencerlo a B.M. que se internara voluntariamente para dejar las drogas. Pero en realidad eso era una excusa también para restituirle sus derechos básicos insatisfechos.
Recuerdo que en un intento de contenerlo… conseguí durante unos meses que el Juez de Garantías del Joven (sin que el hecho penal lo ameritara en demasía) le dictara una medida de seguridad y durante un tiempo estuvo en un instituto cuando tenía 13 años junto con otros pibes chorros.
Cuando salió, se hizo cargo la Dirección de Niñez, que otra vez no logró encausar su situación. Volvió a vivir con la novia y su familia.
En una de las veces que lo citamos en la Fiscalía, recuerdo que me dijo que lo que extrañaba del Instituto era el “colchón” de la cama.
Y claro… si B.M. no sabía lo que era una casa, un hogar. Siempre estuvo en la calle o en lugares poco habitables.
Intenté separarlo de S.L. “su novia” pidiéndole que se internara para que volviera con ella con más edad y recursos, porque sabía que con el tiempo iba a suceder lo que finalmente pasó. “S.L” con tan solo 14 años quedó embarazada.
Hace tres meses B.M. fue papá. Hace dos meses se peleó con “S.L.”. Otra vez cayó en una depresión. Se volvió a arreglar, porque obviamente buscaba incansablemente el único lazo humano que le dio afecto. Se fugaron juntos con el bebé en más de una oportunidad. La madre de ella y ahora la madre de él los quieren denunciar.
¿Ahora los quieren denunciar? Porque dicen que no se ocupan del nieto.
¿Y qué hicieron ellas para evitar este desenlace? ¿Qué más se les puede pedir a dos niños que además son padres y que viven en extrema pobreza, sin escolaridad, sin recursos, sin nada?
En la última de las peleas de pareja, B.M. terminó herido. Por supuesto lo llevaron “de prepo” al Hospital, dijo no querer denunciar, y hubiera preferido no ser hospitalizado, ya que odia cualquier lugar en donde lo priven de su libertad. Por suerte está fuera de peligro.
Yo me pregunto… ¿Cuántas vidas te quedan en este juego de la vida, B.M.?
¿Será el momento en que hayas tocado fondo y te dejes ayudar de una vez?
*Fiscal del Fuero Penal Juvenil de Pilar.