Garcia declaró por escrito y le echó la culpa al ciclista

Declaró hoy en la Fiscalía de Pilar. Fue indagado también por homicidio con dolo eventual. Dijo que no se detuvo porque entró "en estado de shock".
jueves, 2 de mayo de 2013 · 00:00

 

El locutor Pablo García declaró hoy en la Fiscalía 3 de Pilar por el homicidio del vigilador Reinaldo Rodas a través de un escrito en el que responsabilizó a la víctima por el accidente sobre la autopista Panamericana, y explicó que no se detuvo porque entró en estado de shock y prefirió llegar al peaje para pedir ayuda.

Así lo informó el abogado Alberto Domínguez, quien representa a la familia Rodas, al término de la indagatoria que García prestó esta mañana en la fiscalía de Pilar ante la fiscal María Inés Domínguez.

El locutor Pablo García fue indagado hoy con una acusación alternativa que incluyó una imputación por homicidio culposo, pero también otra más grave por  homicidio simple con dolo eventual, por el accidente en el que estando alcoholizado atropelló y mató a un vigilador privado que circulaba en bicicleta por la autopista Panamericana, en Pilar.

 

Fuentes judiciales informaron que la fiscal de la causa, María Inés Domínguez, recalificó el hecho hoy, cuando el hijo del periodista Eduardo Aliverti sea indagado por la muerte del vigilador Reinaldo Rodas (53).

La indagatoria de García se realizó a las 9.30, en la sede  de la Unidad Funcional de Instrucción (UFI) 3 de Pilar, ubicada en el segundo piso del edificio de la calle Tucumán 540.

Más grave

Voceros judiciales indicaron que luego de analizar jurisprudencia en materia de accidentes de tránsito ocasionados por conductores ebrios, Domínguez se inclinó por la posibilidad que le da el Código Procesal Penal bonaerense de imputarle una acusación alternativa.

Así, a la carátula definida al inicio de “homicidio culposo”  -no intencional y con pena de seis meses a cinco años de cárcel-, la fiscal le suma la posibilidad de adjudicarle a García un “homicidio simple con dolo eventual”, que prevé una pena mucho más grave, de 8 a 25 años de prisión.

Es que, el día del hecho, al ser sometido en el hospital de Malvinas Argentinas al control de la pipeta, García presentaba 1,45 gramos de alcohol en sangre, casi el triple del máximo permitido para manejar que es 0,5.

El homicidio con dolo eventual ocurre cuando una persona representa la posibilidad de que con su conducta -en este caso conducir un automóvil en estado de ebriedad-, puede causar una muerte y pese a ello, continúa con su accionar sin importarte el resultado.

“Además hay que tener en cuenta que García fue sometido a ese control de alcoholemia a las 8.30 de la mañana, más de dos horas después de haberse producido el accidente, lo que nos hace presumir que a las 6.09, que fue el horario exacto del hecho, el joven debía presentar un dosaje alcohólico aun mayor al obtenido con la pipeta”, dijo a Télam una fuente judicial.

La misma fuente explicó que “García debió prever que era un peligro ponerse al volante de un vehículo con ese dosaje alcohólico en el que uno pierde la capacidad de reacción y tiene todos los sentidos disminuidos”.

Indagar a García con la acusación alternativa le posibilitará a la fiscal Domínguez definir en el futuro juicio oral si la conducta se enmarca en lo que es una figura culposa o dolosa y en base a ello, pedir una pena mayor o menor por la muerte de Rodas.

Si bien con la carátula de homicidio simple con dolo eventual la fiscal puede pedir una detención, voceros judiciales indicaron a Télam que como García siempre estuvo a derecho, Domínguez dejará que continúe en libertad y que así llegue al juicio oral.

 

Defensa 

La defensa de Pablo García, a cargo del abogado Adrián Albor, ya anticipó que el locutor prestará declaración y le dirá a la fiscal que si no se detuvo tras embestir a Rodas, fue porque quedó shockeado y recordó un accidente de un amigo en el que la ambulancia había demorado mucho tiempo, por lo que decidió que lo mejor era llegar hasta el peaje.

La estrategia de los defensores en la causa además será  intentar probar que la culpa del accidente no la tuvo su cliente sino la propia la víctima, quien no podía circular en bicicleta por una autopista.

 

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