Tribuna del lector: Cuando 140 caracteres a veces no alcanzan

por Lucas Basterrica
A.K.A. @lbaster
martes, 19 de marzo de 2013 · 00:00

Cómo explicarles lo que se vivió el sábado a la noche. Empecemos por el principio, dice el viejo refrán. Todo empezó aquel 8 de marzo, cuando La Fusión ganó 75-74 en condición de local.

Me había comprometido a tuitear desde Bahía Blanca los resultados parciales de cada cuarto y subir 2 o 3 fotitos para completar. Nada complicado, me llevaría menos de un minuto y podría gritar y alentar como un hincha más. Mucho más relajado me sentí cuando me enteré que había una radio local que transmitía por Internet el/los partidos, posteaba el link, y a otra cosa mariposa.

Pero, shit happens, al poner el link, varios contactos de Twitter me avisan que no funcionaba, otros, que desde otra radio local solo se transmitía una carrera de autos.

Qué injusto que tanta gente pendiente del partido solo espere una novedad cada 25 minutos.

Entonces decidí convertirme en “cronista digital” y contarles cómo se vivió desde acá la hazaña de un grupo de amigos en la meca del básquet nacional (porque para saber el desarrollo del partido, ya tienen la nota de El Diario).

El viernes, pasaditas las 20.30 llegamos al Club San Lorenzo, un club de barrio, como el nuestro, con gente de barrio, algunas madres de los jugadores atendiendo el kiosquito, y otras acomodando las sillas de plástico para los locales. Nosotros íbamos a estar ubicados en la tribuna superior entre los bancos de suplentes de ambos equipos.

Se palpitaba un clima de final, ellos tenían la presión de ganar y los nuestros, de querer liquidar todo lo antes posible. Mucho ruido de cornetas, muchos gritos y palmas de las dos tribunas; y yo, con el objetivo de describir qué estaba pasando vía Twitter un partido palo a palo y muy caliente, porque ninguno daba el brazo a torcer.

Les puedo jurar que los últimos dos minutos escribía con la mano temblando. Partido empatado en 81 y a suplementario. No tenía más voz y el celular que no paraba de tirarme notificaciones.

Parcial de 9-0 a 2 minutos del final y muchos ya pensábamos en el próximo partido. Saludo y aliento para nuestros jugadores (que no decaiga!) y a dormir.

El sábado, el Día D (por Derqui, obvio) yo esperaba un clima hostil, de guerra, de matar o morir, de cancha llena de puteadores profesionales, no fue así. Al pasar por el largo pasillo que da desde la calle a la entrada de la cancha, se escuchaba cada vez más fuerte el eco que hace la pelota cuando pica y el rechinar de las zapatillas. Y eran las 20.50; el partido comenzaba a las 21, y la gente estaba, y la hinchada de Derqui estaba.

¡Si les contara las caras que vi! Inclusive las de algún que otro patovica que controlaba que no bajemos de la tribuna (aumentaron el control de seguridad para el partido decisivo). Estábamos todos, pero TODOS los espectadores, con nudo en la garganta, con pasitos cortitos de un lado para otro, con miradas preocupadas, éramos una tensión con piernas.

El silencio que había en esa cancha era de biblioteca, de misa. Si a ustedes les decían que ahí se iba a jugar un ascenso a la tercera competencia más importante del país, no se lo creerían. Los jugadores, por supuesto, concentrados. No creo que se hayan dado cuenta.

Arranca el partido, celu en mano, y a tuitear. Era un cotejo malo, fue un partido malo. Pero así son las finales. A medida que pasaban los cuartos, más incertidumbre y más notificaciones del Twitter (como no las desactivé!) y entre pérdidas de pelotas, triples y faltas (algunas polémicas) llegaron los últimos 30 segundos del 4º cuarto, que habrán durado como 15 minutos.

Estuve tranquilo, hasta que me volvieron a temblar las manos, y con miedo de que el teléfono haga caída libre desde el barandal donde estaba apoyado hacia el piso, y con la responsabilidad moral de no echarme atrás y contar todo hasta que suene la chicharra.

En esos 15 segundos, Derqui fue a la línea tres veces (5 de 6) y San Lorenzo del Sud hizo 3 de 4, y pasaba todo tan rápido y tan lento a la vez, que los dedos no me daban para escribir, creo que lo último que puse fue Federal y nada más.

Enseguida finalizada la partida, los patovas nos bloquearon la escalera para que no nos abracemos con los héroes; pero poco duró la resistencia, eran 3 contra 35 empujando. Corrimos cada uno para cualquier lado. Yo lloraba tanto que no sabía para dónde ir, hasta que vi una montaña color vinotinto y me tiré como Maradona contra Perú. No les puedo explicar con palabras lo que fue ese momento, se me ocurre decir éxtasis, euforia, orgasmo, pero no sé, una mezcla de todo eso quizás.

Me acordaba de la Liga Tres de Febrero, porque yo juego con ellos (ahora lo puedo decir sin que me avergüencen), con los héroes, con mis amigos. No sé a qué jugador abracé primero, yo solo recuerdo que me abalancé hacia mi hermano Leandro y nos dimos un abrazo de 2 minutos. -Te amo, decía. Y yo lloraba como a un nene que le robaron un juguete. 

Y el otro abrazo que recuerdo fue con mi mejor amigo, Hueso, que agradecía por tantos años de apoyo y a mí los mocos no me dejaban respirar y el cuerpo me temblaba.

Después, saltitos, cánticos, la foto y caravana por todo el centro de Bahía Blanca. Sí, leyeron bien, Bahía Blanca. La gente no entendía cómo un grupo de amigos (los míos, los tuyos) de la Zona Norte del Conurbano, les vino a robar la gloria en la casa de Ginóbili, Cabrera y Espil.

Gracias a todos los que estuvieron pendientes de lo que escribía, pero si no les contaba todo esto, creo que mi tarea no iba estar completa. Y 140 caracteres a veces no alcanzan.

 

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