Tras ocho años preso, liberaron al asesino de Gisella Vallejos

Está libre desde el 22 de mayo último. La Justicia no le avisó a la familia de la víctima que se enteró ayer de la noticia. En el 2000 asesinó a la joven y le habían dado 14 años.
jueves, 30 de agosto de 2012 · 00:00

A casi ocho años de haber sido condenado a catorce de prisión por el crimen de Gisella Vallejos, la Justicia liberó a Ariel Leiva, quien en noviembre del año 2000 asesinó a la joven de 18 años en el centro de Pilar.

La noticia fue confirmada a El Diario por Susana Aguiar, madre de la víctima, quien entre incrédula y moralmente abatida de todos modos prometió que continuará su lucha por justicia y adelantó que llevará a cabo un escrache contra el asesino en su muevo lugar de residencia (sería en Florencio Varela).

Ya un escrito fechado el 21 de mayo último y firmado por el presidente del Tribunal en lo Criminal Nº6 de San Isidro, Federico Tuya, dejaba abierta la puerta a la posibilidad de liberación. “Se ha formado un incidente de excarcelación en términos de libertad condicional a favor del encartado Ariel Leiva, el cual se encuentra en pleno trámite”.

Aguiar confirmó a través de fuentes del Ministerio de Justicia bonaerense que Leiva está libre desde el 22 de mayo último. Hasta anoche, al cierre de la presente edición, la decisión no había sido confirmada en forma oficial.

 

“Hoy (por ayer), fui La Plata y me dieron la noticia. Fue liberado y nadie me avisó nada, me dijeron que procedieron de esa manera para que yo no armara un escándalo”, explicó Aguiar a El Diario.

A su vez adelantó: “Les voy a pedir ayuda a todos para hacerle un escrache en el lugar donde vive. Para que sus vecinos sepan que hay un asesino suelto. Va a ser mi último acto de condena social”.

La condena contra Leiva no se encuentra firme, ya que la defensa del asesino recurrió al Tribunal de Casación y desde agosto de 2010 que recibió el expediente, ese tribunal, aún no se expidió.

Si bien se desconocen los argumentos por los cuales Leiva quedó en libertad, la Justicia habría tenido en cuenta que está detenido desde mediados del 2004 y fue condenado dos años después y es válido reiterar que su condena nunca fue confirmada.

En tanto Aguiar se preguntó “¿Que más puedo hacer? ¿Matar al tipo? Eso no lo haría jamás. Luché más tiempo del que él estuvo preso. Estos jueces hijos de puta me han hecho parir. Después de tanto reclamo estamos como al principio”, sentenció la mamá de Gisela.

 

Pericias

Las pericias psicológicas que realizaron sobre Leiva aseguran que “no alcanza en modo alguno la posibilidad de declarar la imputabilidad del acusado por su conducta”.

Incluso las pericias señalan que tampoco es condición para excluir la punibilidad del asesino, la “infancia difícil” que vivió Leiva, ni la referencia de alucinación o posesión demoníaca, que él acusó tener en el momento en que mató a la joven.

Al mismo tiempo, el expediente asegura que en 1995, cuando Leiva tenía 17 años, fue internado en el Instituto de Psicopatología “Nuestra Señora de Luján”, por orden del Juzgado Nacional de Menores Nº4 con un diagnóstico de “depresión reactiva”.

Leiva dijo ante el tribunal, durante el juicio por el crimen de Gisella, que en esa institución había sido violado y descartó por completo que el crimen que había cometido hubiese sido el desenlace de una violación frustrada.

Las mismas pericias aseguran que Leiva fue conciente de lo que hizo e incluso argumentaron que “sus facultades mentales encuadran dentro de la normalidad jurídica”.

Al mismo tiempo advierten que al momento del hecho fue conciente de cada paso que dio, llevó a la joven a un descampado, la mató y la escondió en el baldío para que no la encontraran.

En tanto, a pesar de que las pericias aseguran que Leiva es “un sujeto peligroso para sí o para terceros”, los jueces San Martín, Etcheverry y Rizzi, miembros en 2006 del Tribunal Nº6, rechazaron el pedido de 25 años de prisión que solicitó el fiscal y justificaron como atenuantes, para condenarlo a 14 años: “la falta de condenas previas del acusado y las particulares circunstancias que rodearon su infancia, producto de una familia disgregada y habiendo padecido maltrato y abandono de parte del núcleo de origen”.

 

La noche del asesinato 

La noche del 26 de noviembre de 2000 Gisella Vallejos no volvió a su casa. “Mi hija desapareció, algo malo le debe haber pasado”, contaba desesperada su madre por aquel entonces en los medios. El cuerpo de la joven, que por entonces tenía 18, fue hallado diez días más tarde en un descampado sobre la calle Rivadavia del centro de Pilar, a pocos metros de colectora.

Por el crimen, un remisero pasó dos años en prisión pero resultó ser inocente. Una mujer confesaría que en realidad su novio, Carlos Leiva, había asesinado a Gisella. “Se me metió el diablo en el cuerpo”, fue la excusa del asesino que también había sido comprometido por haberle robado el corpiño a la víctima, dato que, junto a un llamado, llevó a la policía a dar con su paradero e inmediata detención.

Leiva fue detenido en 2004 y finalmente condenado a 14 años de prisión por el Tribunal Oral en lo Criminal Nº6 de San Isidro. Hoy la sentencia no está firme y la Justicia decidió darle la libertad. “No conseguí mucho, pero no voy a bajar los brazos”, expresó Susana Aguiar, madre de Gisella. 

 

 

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