Salvaje ataque contra un remisero que atropelló un perro

Los dueños del animal le arrojaron una piedra al parabrisas. Golpeó en su hombro y sufrió cortes por los vidrios. Teme por su seguridad y su trabajo.
miércoles, 13 de junio de 2012 · 00:00

Dos factores se juntaron para que un remisero casi pierda su herramienta de trabajo por varios días y hasta la imposibilidad de retornar a la agencia. El primero fue uno de los tantos perros callejeros que hay tanto en el centro de Presidente Derqui como en sus barrios.

Es que, en forma involuntaria, el chofer atropelló a uno y su dueño enfurecido reaccionó rompiéndole el parabrisas del auto. Ahora, el trabajador teme volver a la agencia porque, encima, el agresor vive a pocas cuadras del lugar.

El absurdo suceso se produjo días atrás cuando Nicolás Cabañez subió a dos mujeres en barrio El Triángulo para llevarlas hasta unos consultorios médicos de la calle Alfaro, en el barrio Monterrey.

Según relató, cuando circulaba por Victorino de la Plaza, entre Dorrego y San Martín, sorpresivamente un perro se le cruzó. “Iba como mucho a 40 por hora, y no pude evitarlo, me di cuenta que estaba debajo del auto y cuando iba a bajar llegaron tres tipos que me insultaban y golpeaban fuerte la ventanilla”, recordó el joven de 18 años.

Las dos pasajeras le gritaron que no se detuviera “porque quieren romperte el coche”, y él huyó a toda velocidad. Parecía que el amargo suceso estaba superado. Llegó a destino, dejó a las pasajeras y luego informó a la agencia de lo ocurrido.

“Estaba re mal, yo tengo perros y me dolió mucho pisar a ése, entonces pedí dejar mi turno y me volví a mi casa”, agregó Cabañez. Pero al ir por Yrigoyen, casi Alfaro, y pasar frente a la veterinaria del doctor Claudio García -actual director de Zoonosis de la Municipalidad- los mismos que quisieron romperle la ventanilla esperaban dentro de un auto.

Es que habían llevado al animal para hacerlo revisar, y lo reconocieron. La segunda reacción violenta no se hizo esperar porque uno se le puso adelante para que frenara, tomó una gruesa piedra y se la arrojó. Como consecuencia de esto, el parabrisas estalló en mil pedazos, y el remisero recibió el piedrazo en el hombro. Pese a todo, nuevamente pudo escapar. “Los vidrios me cortaron un poco, y la piedra no me pegó en la cabeza porque si no me mataba o me desfiguraba”, señaló la víctima.

Luego, todo terminó de combinarse mal porque prontamente se enteró que su atacante vive a dos cuadras de su remisería. “Ahora temo que me quemen el auto o pase algo peor, hace una semana que no trabajo, y encima estoy juntando plata para reponer el parabrisas” dijo el amargado remisero, y luego agregó: “no puede ser que por los cientos de perros callejeros, o sueltos, uno viva con miedo a que le destruyan su herramienta de trabajo”. Nicolás Cabañez hizo la denuncia en el destacamento policial de Monterrey.  

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