Un perito quiso derribar todos los mitos sobre el famoso “pituto”

Trabaja para la Policía Científica y dijo que fue el quien lo encontró. Señaló que Hurtig, quien se adjudica el hallazgo, sólo participó “un minuto” de la búsqueda. Admitió que pudo ser plantado.

19 de julio de 2011 - 00:00

 

Una mala jornada. Ofuscado, por primera vez en el juicio oral, John Hurtig quiso hablar con la prensa.

 

Un perito aseguró ayer que fue él quien encontró la “bala-pituto” que impactó en la cabeza de María Marta García Belsunce y, luego, fue arrojada al inodoro, y agregó que John Hurtig sólo participó “un minuto” de la búsqueda y que no descarta que al proyectil lo hayan “plantado”.

Se trata del perito en rastros de la Policía Científica de  San Isidro José Luis Dipólito, quien al ser consultado por la fiscalía sobre la posibilidad de que el plomo calibre 32 haya sido “plantado” en el lugar, dijo que “pudieron haberlo tirado o no”, aunque aclaró que eso no sucedió cuando él estaba.

Hurtig -quien no suele dialogar con la prensa en el juicio en el que está imputado por encubrimiento- se mostró indignado tras la declaración de Dipólito y le dijo a Télam: “Estuve siete horas buscando el pituto. Si yo hubiera querido encubrir algo, me lo guardo en el bolsillo. Haberlo encontrado es lo peor que pudo haberme pasado”.

La jornada de ayer giró en torno al operativo realizado el 19 de diciembre de 2002 para encontrar en el pozo ciego de la casa del matrimonio Carrascosa la sexta bala calibre 32 que le dispararon a María Marta -las otras cinco fueron encontradas dentro del cráneo en la autopsia-, y que el propio Hurtig reconoció haber arrojado al inodoro sin saber de qué se trataba.

Dipólito detalló ante el Tribunal Oral Criminal 1 de San Isidro que fue él quien con un detector de metales encontró la “bala-pituto”.

El perito desmintió así la versión que el medio hermano de María Marta dio al inicio del juicio, cuando aseguró que estuvo horas arrodillado sobre la sábana donde volcaban el contenido del pozo ciego de la casa del country Carmel. “El que buscaba cada vez que sonaba el detector de metales era yo. De repente vino una persona que después supe era el señor Hurtig, yo pensé que era un policía”, recordó el testigo. Y agregó: “Se puso los guantes y dijo ‘voy a ayudar, yo voy a sacarlo’”.

Cuando la presidenta del tribunal, María Elena Márquez, le preguntó cuánto tiempo antes de la aparición del proyectil se puso a colaborar Hurtig, el testigo contestó: “Un minuto, menos de un minuto”.

 

Sorpresa

Hurtig se mostró sorprendido ante las declaraciones del testigo y se escuchó cuando se acercó a su abogado Marcelo Riguera para decirle: “¡Mentira, mentira!”. “A mí no me gustó que se metiera alguien en lo que yo estaba haciendo”, afirmó Dipólito.

El perito contó que hicieron dos pruebas en las que arrojaban una bala para ver si llegaban al pozo y que en ambas ocasiones los proyectiles “no pasaron” y quedaron en la cámara. Dipólito aclaró, no obstante, que las balas usadas para esa prueba fueron calibre 9 milímetros, por lo tanto más pesadas que el calibre 32 usado en el crimen.

El perito recordó que entonces se fue rompiendo todo el caño y descubrió que había “un 60 o 65 por ciento de sedimentos” por donde pasó un detector de metales con el que encontró “eslabones de una cadenita, papel metalizado de cigarrillo y una hojita de afeitar”.

Ante las dificultades que el perito planteó para que el proyectil pase, la fiscal Laura Zyseskind le preguntó si había posibilidad de que alguien haya “plantado” el “pituto” en el momento del hallazgo. “Pudieron haberlo tirado o no”, dijo Dipólito, pero aclaró: “En el momento que yo estaba no pasó”.

Más tarde, cuando le exhibieron la foto del “pituto” que se encuentra en el expediente y que fue tomada en el momento del hallazgo, el perito reconoció que tenía un color verdoso compatible con la degradación de haber estado en el pozo.

El propio Hurtig pidió constancia en actas de esta situación, algo que le valió un llamado de atención del juez Alberto Ortolani, quien le dijo que era su abogado y no él quien debía formular esos pedidos.

En la jornada de ayer también declararon en torno al mismo tema el bombero Julio Riquelme, que era el encargado de sacar los baldes con excrementos del pozo y volcarlos en la sábana, y el policía de la Subdelegación de Investigaciones de Pilar, Héctor Entreolivano, que revisaba los desechos cada vez que sonaba el detector.

Sólo Entreolivano recordó que en un momento John se acercó a ayudar, se puso los guantes y tras “cinco o diez minutos” fue el ahora imputado quien encontró el plomo al grito de “¡acá está!”.

Sólo Fernando Aragón, amigo personal de Hurtig, ratificó la versión de John respecto a que estuvo todo el tiempo colaborando en la búsqueda y narró además que hubo que reabrir el acta de procedimiento para que constara justamente allí que había sido su amigo y no otra persona quien había hallado el “pituto”.

Incluso, Aragón recordó que cuando llegó el fiscal Diego Molina Pico, éste le dijo a Hurtig “qué bien que dibujas”, ya que en una declaración previa el imputado le había dibujado en una hoja la forma del elemento metálico que había arrojado al inodoro y después terminó siendo una de las balas con las que asesinaron a su hermana.


Tres opciones

Sobre el proyectil, el perito de la Policía Científica, José Luis Dipólito expresó que hay tres opciones:

• Estuvo 50 días en el pozo;

• estuvo 10 días; o

• lo pusieron en el momento y tiene el moho porque estuvo en contacto con el sedimento.


Una ayudita de un amigo

El amigo que acompañaba a John Hurtig el día en que se recuperó del pozo ciego de la casa del country Carmel la “bala-pituto” calibre 32 que se había arrojado al inodoro, aseguró ayer que fue su amigo y no otra persona quien encontró el proyectil. “Era encontrar una aguja en un pajar. Y lo encontró Juan y se lo puso en la mano al fiscal”, recordó Fernando Aragón al declarar ante el tribunal.

Ante las preguntas del abogado de Hurtig, Marcelo Riguera, Aragón también dejó en claro que su amigo “siempre tuvo dudas” en relación a la muerte de su hermana. “El tema recurrente de Juan es María Marta. Nunca le cerró cómo se había resbalado si tenía las zapatillas puestas. Nunca le cerró una muerte tan absurda, siempre con el expediente abajo del brazo, con mil dudas, hasta el día de hoy”, señaló.

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