Balean en su casa a la hija de un represor prófugo por la ESMA

La nena tiene 9 años y está grave. Desde un auto en movimiento dispararon contra la vivienda. Testigos apuntan a su propio padre, que ya había sido excluido del hogar por amenazas.

miércoles, 22 de junio de 2011 · 00:00

 

El disparo atravesó una puerta e impactó en el abdomen de la nena.

 

En un ataque criminal a una casa, una niña de 9 años fue herida de un disparo en el abdomen. El padre de la víctima es Víctor Roberto Olivera, alias “Lindoro”, un ex marino imputado por violaciones a los derechos humanos en la ESMA, causa por la que se encuentra prófugo de la Justicia. Sobre el represor pesa también una orden de una exclusión del hogar por amenazas contra su propia familia. Por eso, en el lugar había un efectivo de la Policía Federal de consigna.

Testigos declararon haber visto a un sujeto, que en un auto pasó raudamente y disparó contra la casa. Por la fisonomía descripta, los investigadores creen que el autor del ataque pudo haber el propio padre de la nena.

La víctima se encuentra internada en grave estado. Ayer fue operada y al cierre de esta edición los médicos evaluaban intervenirla por segunda vez.

Voceros policiales informaron que el ataque ocurrió pasada las 21.30 horas del lunes en una vivienda ubicada al 1.800 de la calle Buenos Aires, entre Antártida Argentina e Islas Malvinas, del barrio Vicente López, de Pilar.

Según contaron a la policía testigos presenciales del hecho, por el lugar pasó un automóvil –se trataría de un Fiat Uno o Duna de color blanco- a toda velocidad desde el que un sujeto disparó al menos una vez contra la vivienda.

El único balazo atravesó una puerta de aluminio y dio de lleno en el tórax de la pequeña de 9 años de edad, que en ese momento se encontraba realizando sus tareas escolares.

Además de la nena baleada, de nombre Milagros, en la casa atacada viven su madre de 45 años y dos hermanas, de 21 y 18 años.

 

Sospechoso

Olivera es un ex marino de 60 años. Está imputado en la mega causa de la ESMA por la que tiene un pedido de captura activa emanada por el Juzgado Nacional Criminal N° 28 -Secretaría 32- a cargo del juez Sergio Torres. Olivera había estado internado tres años, en el neuropsiquiátrico Borda.

También tiene, desde el pasado 14 de abril, una exclusión del hogar por amenazas contra su familia. Desde ese mismo día la Justicia ordenó para seguridad de los moradores de la casa una consigna, efectivizada con un efectivo de la Policía Federal.

En el momento del ataque, el efectivo de seguridad se habría encontrado en un baño ubicado en la parte posterior de la citada vivienda, por el que se accede a través de un pasillo lateral. Por eso no tuvo posibilidad de observar o escuchar el momento del ataque.

La niña herida, en ese momento se encontraba en el living realizando sus tareas escolares cuando se escuchó el disparo  y de inmediato cayó con un impacto en el abdomen.

Instantáneamente, su madre la alzó en sus brazos y ayudada por el oficial que estaba de consigna, solicitaron una ambulancia que la llevó con toda premura hasta el hospital Juan Cirilo Sanguinetti, donde se comprobó que habría sufrido una herida de bala en la zona intestinal y hepática.

Horas después, los médicos de ese nosocomio le realizaron una cirugía explorativa para extraerle el proyectil, lo que lograron después de un arduo trabajo. Se trataba de un calibre 32.

Actualmente, la pequeña se encuentra en terapia intensiva y su estado es grave.

Efectivos de la comisaría Pilar 1° comenzaron una investigación con testimonios de varias personas que vieron el auto blanco del que dispararon disparó contra las casa, con una persona que, según la hipótesis policial, por la fisonomía descripta por éstos, coincidiría con la del propio padre de la víctima.

Los mismos investigadores trabajan contra reloj para dilucidar, esclarecer y detener al potencial atacante. Interviene en el hecho la UFI N° 4 de Pilar a cargo de Cecilia Schaieb.


Declaración de Olivera

Los “asaditos” en la ESMA

El suboficial retirado Víctor Roberto Olivera, alias “Lindoro”, fue procesado y detenido en la causa ESMA tras ser reconocido por sobrevivientes que habían estado secuestrados en ese centro clandestino de detención. Pero al tiempo recuperó su libertad por decisión del Tribunal Oral Federal 5. La fiscalía apeló hasta que el planteo llegó a la Corte Suprema, que ordenó que volviera a la cárcel. Sin embargo, cuando lo fueron a detener, ya no estaba.

Lindoro Olivera se había quebrado en su declaración indagatoria y había confesado que hacían desaparecer cuerpos incinerándolos, en lo que llamaban “asadito”, como alternativa a los vuelos de la muerte, cuando las víctimas fallecían en la tortura y no estaba previsto ningún despegue.

 

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