John Hurtig, ayer, tras abandonar los tribunales de San Isidro.
John Hurtig, el medio hermano de María Marta García Belsunce acusado de encubrir el crimen, aseguró ayer que “no tenía idea” de que el “pituto” era una bala, señaló que él fue el único que decidió arrojarlo al inodoro y que más allá de sus dudas en el velatorio, el responsable de investigar era el fiscal Diego Molina Pico.
Más tranquilo que en los 15 minutos que el pasado martes cuando declaró a gritos clamando por su inocencia, Hurtig (46) retomó ayer su declaración indagatoria frente al Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) de San Isidro en la tercera jornada del juicio en el que es uno de los seis imputados por el encubrimiento del homicidio.
“No tenía idea de qué era, consulté y llegué a la conclusión de que no era nada importante”, dijo Hurtig declarar sobre la bala que encontró en el baño de la casa del country Carmel donde mataron a su hermana el 27 de octubre de 2002.
El asesor de seguros explicó cómo fue el hallazgo del famoso “pituto” al que esta vez trató, infructuosamente, llamarlo “pieza metálica”.
Recordó que una vez llegado a la casa de su hermana en el Carmel, se encontró con su madre tirada al lado del cadáver, que estaba en el suelo, con la cabeza en la habitación y de la cintura para abajo en el baño.
Hurtig señaló que vía telefónica le hicieron consultar a su cuñado Guillermo Bártoli, que estaba en la funeraria tramitando el servicio, si podían mover el cuerpo y cuando desde la casa velatorio dieron el visto bueno, él y su padre Constantino Hurtig, llevaron a María Marta hasta su cama.
“Como me manché el antebrazo con sangre, voy al baño y ahí tirado en el piso, a la altura donde estaba la cadera o la cola de María Marta encuentro el ‘pituto’”, explicó John.
“No tenía ni idea de qué era ese elemento metálico. Le pregunté a papá y me dijo que no sabía. Lo llamé a mi hermano Horacio (García Belsunce, también imputado) y dijo que podía ser la punta de un porta estante y se puso a revisar el vanitory”, relató.
John declaró que luego le consultó a un amigo de la familia, “Yayo” Zarracán, que también le dijo que no sabía qué podía ser el plomito y que finalmente le consultó al viudo Carlos Carrascosa que le dijo que probablemente era “algo que habían desparramado los médicos en su intento por reanimar a María Marta”.
“Pensé que era algo de eso y lo tiré. No sabía qué estaba tirando. No es como dicen que yo sabía que era un porta estante. Yo sabía que no estaba tirando un porta estante, pero tampoco sabía que era una bala”, dijo.
Dos cosas dejó bien en claro Hurtig para defenderse y para desvincular al resto de los familiares imputados por este asunto del “pituto” (Bártoli, su padre Constantino, su hermano Horacio y Carrascosa): que en ese momento nadie habló de bala y que él fue el único que decidió tirarlo por el inodoro. “Yo no recuerdo que nadie haya mencionado la palabra bala”, dijo.
Cuando la fiscal Laura Zyseskind le preguntó cómo se decidió tirarlo al inodoro, Hurtig contestó: “Es mentira que hubo una reunión. La decisión la tomé yo, absolutamente solo”.
Sin embargo, el juez Ariel Introzzi Truglia advirtió que en algún momento de su declaración Hurtig hablaba en plural haciendo mención al tema de tirar el “pituto”, pero ante esta observación del magistrado, el imputado remarcó: “La verdad es que lo tiré yo. Y la decisión de tirarlo también fue mía”.
Y también trató de hacerle ver a los jueces que si su verdadera intención hubiera sido encubrir un crimen, lo podría haber hecho. “Si lo tiraba sabiendo que era una bala, no se entera nadie, se acabó el partido. Yo le dije al fiscal que había tirado el ‘pituto’ y se lo dibujé”, dijo al respecto.
Pero reconoció que no las expuso
Admitió que tuvo dudas al ver la escena del crimen
Hurtig también dejó en claro que sus dudas respecto al accidente comenzaron luego de tirar el “pituto” cuando le sacó las zapatillas a María Marta y notó que estaban mojadas.
“Me preguntaba cómo podía ser que se resbalara si tenía zapatillas puestas. Primero le dije a Horacio, después de Nora ‘Pichi’ Taylor”, recordó.
Así señaló que fueron sus dudas las que “dispararon la investigación”, ya que ante su insistencia su hermano le dijo al fiscal de Casación y amigo de los García Belsunce, Juan Martín Romero Victorica, que fue quien llamó al entonces comisario Ángel Casafús y pidió la presencia de un fiscal.
Recordó la llegada a la casa de Molina Pico durante el velatorio y dijo que el fiscal subió a la habitación a ver el cuerpo, miró el baño, dijo “qué jodido que es” y que tras estar “un minuto y medio”, se fue.
Cuando la fiscal Laura Zyseskind le preguntó por qué no le transmitió sus dudas al fiscal en aquel momento, John contestó: “Yo estaba en una conmoción. El que tenía que saber qué había que hacer era el fiscal. ¿Encima que dudé, le tenía que decir al fiscal que tome testigos, levante rastros?”.
“Yo no era Sérpico investigando un caso. Había llegado el fiscal. Si era un accidente se iba a saber”, remarcó.
Fue una de las testigos de ayer
Pericia médica a mucama que complicó a Bártoli
Catalina Vargas, la empleada de la casa del imputado Guillermo Bártoli que es una testigo clave en la causa por el crimen de María Marta García Belsunce, volvió ayer a complicar la coartada de su ex patrón, pero su testimonio quedó relativizado porque el tribunal resolvió hacerle una pericia psiquiátrica.
De los siete testigos que ayer fueron convocados por la fiscalía en el juicio, Vargas era la más esperada. Carlos Carrascosa y Bártoli siempre declararon que aquel 27 de octubre de 2002, después del partido Boca-River, se quedaron en la casa del segundo viendo el encuentro siguiente entre Independiente y Rosario Central, pero Vargas volvió a afirmar ayer que después del clásico, en el living, “no quedó nadie”.
La testigo explicó que cuando los invitados se retiraron de la casa, ella fue al living a recoger los pocillos de café y tazas de té y a acomodar los almohadones.
Cuando la fiscal Laura Zyseskind le preguntó a qué hora fue eso, Vargas contestó: “habrá sido a las seis” de la tarde y dijo que lo recordaba porque “tenía la radio encendida y tocó el top de las seis”.
Los horarios son importantes porque según la hipótesis fiscal que terminó con Carrascosa condenado a perpetua por el homicidio, en esos momentos María Marta estaba siendo asesinada.
Si bien afirmó que en el living no había nadie, Vargas ayer dijo que no podía precisar si en la casa había personas. “La casa es muy grande. Yo no le podía precisar si estaba la señora”, dijo cuando la fiscal le preguntó por Irene Hurtig.
Sin embargo, la testigo sí situó dentro de la casa a su patrona a las 18.30 o las 19 cuando, según contó ayer, “sonó el teléfono y dispararon”, en alusión a que alguien salió corriendo.
La llamada a la que hizo referencia es la que realizó Carrascosa desde su casa para avisar que María Marta había tenido un accidente.
Cuando le preguntaron quiénes “dispararon” y por qué lo decía en plural, Vargas no fue clara y respondió que “suponía” que era “la señora Irene”, porque la escuchó salir y decir “hay que traer una ambulancia” pero no sabía a quién se lo decía.
La declaración –que tuvo algunos baches por falta de memoria-, se interrumpió cuando intervino el defensor de Bártoli, Alejandro Novak para cuestionar la calidad del testimonio.
El abogado le preguntó a Vargas si era cierto que había sufrido un accidente en el que se golpeó la cabeza y que tenía problemas de memoria y la testigo reconoció que en Tortuguitas la había atropellado un auto cuando ella andaba en bicicleta.
La discusión surgió cuando se le preguntó cuándo había sido ese accidente y ella no lo recordaba, Novak dijo que era en marzo de 2002 -es decir antes del crimen y de que declarara como testigo en la causa complicando a su cliente-, y los fiscales que había sido en 2003.
La presidenta del tribunal, María Elena Márquez, entonces interrumpió el testimonio y junto a sus colegas Alberto Ortolani y Ariel Introzzi Truglia, ordenaron una pericia médica y psicológica para determinar si Vargas estaba en condiciones de ser testigo.