Preocupa la quema de vehículos robados en Derqui

Los bomberos deben acudir cada vez con mayor frecuencia para apagar el fuego. Se da tanto en la localidad como en Astolfi y La Lonja.
jueves, 26 de mayo de 2011 · 00:00

 

El último caso se dio el fin de semana en el barrio Monterrey Sur.

 

 

La actividad de los Bomberos Voluntarios de Presidente Derqui, al igual que el resto, tiene numerosas aristas. Pero entre ellas no pasa desapercibida una que indirectamente está relacionada al delito del robo de vehículos.

Es que el pasado fin de semana debieron acudir hasta el fondo del barrio Monterrey Sur para sofocar las llamas de un automóvil al que le prendieron fuego presuntos delincuentes que lo habrían robado.

El hecho se registró a escasos metros del encuentro de las calles Formosa y Colombia, pocos minutos después de la primera hora del domingo. Alguien alertó al cuartel y una autobomba con cuatro hombres acudió de inmediato para comenzar a luchar con el fuego que ya estaba consumiendo casi por completo al rodado.

El tiempo invertido para ese objetivo no superó los 15 minutos, pero del auto prácticamente no quedó nada. “Sólo pudimos identificar el número del motor, y saber que se trataba de un Hyundai, pero estaba sin las chapas patentes, así que todo indica que fue robado, usado para algo y finalmente lo trajeron a esa zona para quemarlo”, comentó a este medio uno de los servidores públicos que combatieron el siniestro.

Pero el caso es uno más en la estadística de los bomberos porque sus números indican que la quema de vehículos es una constante en Presidente Derqui, Villa Astolfi, Manzone o La Lonja, todas localidades de su amplia jurisdicción.

“Generalmente debemos apagar por mes entre dos y tres vehículos robados y quemados”, agregó el funcionario sobre la oscura modalidad del robo de automotores que en los 12 meses arroja desde 24 a 36 vehículos.

Sucede que los delincuentes, luego de utilizarlos para llevar a cabo algún asalto, u otro delito peor, finalmente deciden incendiarlos en descampados para no dejar huellas y huir en otro que, muy probablemente, también fue producto de un ilícito.

De esta forma la acumulación de chasis y estructuras de autos, combis y camionetas quemadas integran la suerte de paisaje del barrio, ya que son ocho los restos, mientras que los faltantes son cortados y cargados por los chatarreros.  Los vecinos ven poco y oyen mucho, pero sólo dicen “escuchamos de vez en cuando la llegada de autos en la noche o madrugada, después hay una explosión y finalmente llegan los bomberos; en vez de un cementerio de elefantes, este es de autos robados y quemados”.

El simple comentario hace referencia al tanque con nafta de los vehículos que casi siempre explota y a la casi rutinaria labor de los bomberos en esa zona que da a la ruta 234 y que comunica con el distrito de José C. Paz.

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