Por amenazas, la familia de un policía asesinado se fue de Pilar

Se radicó en el interior el país. Aseguran que recibían permanente acoso. Apuntan a una banda de delincuentes que opera en la zona. Por el caso hubo dos detenidos y uno murió en su celda.

23 de septiembre de 2010 - 00:00

 

D’Andreis fue asesinado el 4 de agosto frente a su casa de Manuel Alberti.

 

 

Aún no repuestos de la tragedia de la muerte Diego D’Andreis, el agente de la Policía Federal de 22 años asesinado en su casa de Manuel Alberti, sus familiares viven ahora otro momento de zozobra. En los últimos días, tomaron la decisión de dejar la vivienda que compartían para radicarse de manera definitiva en el interior del país.

El motivo: las amenazas permanentes que aseguran haber sufrido desde el mismo 4 agosto, el día en que D’Andreis fue asesinado a balazos en un presunto intento de robo.

Fuentes allegadas al caso confirmaron que la abuela, los tíos y otros familiares del joven agente asesinado comenzaron recibir amenazas por parte de un grupo de personas que, aunque prefirieron no identificar, serían de la misma zona de Manuel Alberti.

Así, decidieron dejar la casa –ahora estaría en venta- y empezar de nuevo en el interior, en una ubicación que prefirieron mantener en reserva por cuestiones de seguridad.

El único dato aportaron los allegados respecto al origen de las amenazas es que éstas provenían de “gente una banda de la zona”, aunque sin brindar mayores detalles.

 

El caso

El asesinato de D’Andreis se produjo el 4 de agosto último, cuando el joven agente volví de trabajar y fue baleado en la puerta de su casa, ante la mirada de su madre y sus dos sobrinas.

Los autores del hecho fueron al menos dos delincuentes que pretendieron robarle el auto cuando abría el portón para ingresar a su casa de Los Caldenes 1052 tras prestar servicios en la comisaría 35ª de la Policía Federal.

El agente, que estaba vestido con parte de su uniforme  reglamentario fue sorprendido por dos jóvenes armados, que lo amenazaron con intenciones de robo.

“Él no le tenía miedo a la hora en que regresaba. Siempre  llegaba pasada la medianoche porque prestaba servicios en el barrio de Núñez, y volvía tranquilo”, explicó la hermana de la víctima, Carina, poco después del crimen. En ese momento, la joven puso en duda que hubiera tratado de un intento de robo al voleo, al considerar que los delincuentes “lo estuvieron estudiando durante varios días”.

Se cree que en ese momento, mientras lo amenazaban, los  ladrones descubrieron que D’Andreis era policía y casi sin mediar palabra le dispararon dos tiros.

Los delincuentes huyeron corriendo del lugar, tras robarle a D’Andreis la pistola calibre 9 milímetros reglamentaria que, hasta el momento, no pudo ser encontrada por los investigadores.

Por el caso fueron detenidas dos personas con domicilio en Manuel Alberti. Uno apareció muerto poco después dentro de su celda en la comisaría de la localidad en lo que se caratuló como un suicidio.

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