Por Pablo Batalla
Que nombre más apropiado Real Pilar
Al llegar al estadio Carlos Barraza para ver disputar el primer encuentro del equipo local en su cancha luego del ascenso, todo parecía y era una fiesta, se sentía la fiesta. Nervios, caras conocidas, mucho más control en los accesos; llegar sobre la hora tuvo sus dificultades, pero logré entrar.
El partido ya había comenzado, me acomodé en mi butaca. A aquellos que visitamos el Barraza, ya entrada la tarde, el sol da de frente en la platea y uno logra ver reflejado en la cabeza de algún jugador calvo su brillo, en este caso la estrella debutante. El “9”, El Pájaro Riquelme, nos reflejaba el sol potente de la tarde de verano. El reflejo se apagó un instante minúsculo, cuál obturador de fotografía, al impulsar el balón sobre la red, dejando en claro ante el alarido de todo el estadio, el primer gol de local de la tarde, luego de un córner.
Mientras miraba la tribuna recorrí los rostros. En el entretiempo, el bufet, los pasillos, la tienda de merchandising, y ahí encontré algo que hace tiempo no veo.
Soy de Pilar desde 1979 cuando mis viejos se instalaron en el Partido. En mi adolescencia, a principios de los 90, todos nos conocíamos, comerciantes, clientes, empresarios, empleados, todos conformábamos el pueblo de Pilar. Caminar sus calles en el centro nos obligaba a un “hola, cómo va”.
El tiempo nos convirtió en ciudad más rápido que tarde, sin darnos cuenta y en poco tiempo nuestro pueblo se transformó en la ciudad de hoy, donde cuesta encontrar caras conocidas al transitar sus calles.
El sábado en el Barraza, vi caras conocidas, charlamos y en cada rincón del estadio o en sus pasillos todos sentíamos conocernos, todos charlábamos a sonrisa abierta y sincera.
Parecía que estábamos en ese viejo Pilar, parecía un Real Pilar. Qué impecable hallazgo este nombre para el club. El resultado final en el debut fue impecable, 5 a 1, una fiesta, no ante cualquier rival, pero esa es harina de otro costal.
Hoy volví a ver en Real Pilar ese pueblo que disfrutamos todos, ese pueblo donde tenemos certificada pertenencia muchos de aquellos años. El Barraza es un espacio de identidad pilarense, suena como un sello.
Por cierto, sumo un detalle de excelencia. Entre todos y como uno más el intendente del pueblo junto a su gente. En estos tiempos de política tan devaluada, que nuestro intendente pueda estar ahí disfrutando con la gente es un patrimonio a destacar y cuidar.
No voy a felicitar a sus dirigentes, eso es obvio. Voy a decirles gracias, porque por su pasión, su energía, su sacrificio que sé que es mucho, por lograr que el equipo llegue lo más lejos siempre en la competencia, por ese afán también están logrando algo que ya costaba sentir y encontrar, ese aroma a pueblo, un pueblo que tenemos, queremos y nos gusta, una identidad, nuestra identidad. Es lindo vivir en una ciudad pero es un orgullo formar parte de un pueblo.
Gracias Real por permitirme disfrutar y ser parte de este ratito de la historia deportiva de un club que nos está brindando la sensación a todos de ser orgullosos pilarenses. Real Pilar, un nombre más que apropiado.