Por Dr. Adrián Maciel - Concejal de Pilar; Abogado.
Opinión: Los reductores de la calle Fermín Gamboa, una oportunidad perdida
Las esperadas mejoras en la plaza 12 de Octubre dejaron entre sus daños colaterales transitorios, profundas averías en la calle Fermín Gamboa, en el tramo comprendido entre Alberdi y Alsina, producto del desvío de tránsito hacia esa arteria.
Poco tiempo atrás dicha calle -fundamental para descomprimir la circulación céntrica- fue repavimentada y cuando parecía que se acercaba el alivio para los conductores, un nuevo obstáculo y en este caso nada vinculado a las inclemencias propias de una obra de la magnitud del Paseo del Centro, llegó para atentar contra la seguridad vial y la integridad de los vehículos.
Los reductores de velocidad de plástico atornillados al pavimento, conocidos como “tortuguitas” que durante la gestión anterior se multiplicaron en las calles de todo el distrito, fueron blanco constante de críticas por parte de quienes hoy, ante la oportunidad de dar un paso adelante en materia de calidad vial, repiten la historia dándole la espalda a la normativa vigente.
El tramo reasfaltado de la calle Fermín Gamboa luce desde su reapertura reductores de PVC inyectado. Se trata de tres tiras angostas apenas distantes unas de otras que logran un indeseable efecto “sacudida” a todo vehículo que pose sus ruedas sobre ellas.
Son cuatro en total –una entre Alberdi y 11 de Septiembre y otras tres hasta llegar a Alsina- y nada tienen que ver con los reductores establecidos por la ordenanza impulsada por Pilar Federal y aprobada en 2015 que establece la construcción en el distrito de las llamadas “mesetas” en reemplazo de los peligrosos y obsoletos lomos de burro, incluyendo los de PVC y las temibles “tortuguitas”.
Se trata de reductores ubicados de forma transversal al desplazamiento de los vehículos con una elevación no mayor a 10 centímetros y con una longitud total de cuatro metros, siendo la superficie central o corrugada de dos metros de ancho. Los mismos tienen una pendiente ascendiente y descendiente en forma de rampa de un metro cada una, abarcando el ancho total de la calzada.
La iniciativa que con gran ilusión vimos materializarse este mes de febrero en la calle Caamaño donde las obras de repavimentación, incluyeron la construcción de los reductores establecidos por la ley –trabajos que destacamos y celebramos oportunamente-, volvió a caer en saco roto.
Del mismo modo, la calle Fragata La Argentina, de Villa Buide, fue reabierta al tránsito con lomos de burro caducos, ajenos a la normativa.
La oportunidad de hacer las cosas conforme a una reglamentación que apunta a reducir los siniestros viales en el distrito, una vez más, fue desperdiciada.