Correo de lectores

martes, 5 de mayo de 2020 · 08:04

Respuesta a la columna de Juan Martín Tito

Sr. Director: 
Preguntás ¿qué sucede con la sociedad? Creo que no entendés la parte en que las personas que infringen leyes que el Estado impuso para su ordenamiento están presas, justamente, por formar parte de esa sociedad. Desde el oxímoron de plantear en una pregunta si se eligen entre sociedad o presos, todo lo que sigue es más bien una mala interpretación del contexto en el que se da la discusión de la que intentás tomar partido en beneficio propio.
¿Por qué los que hacen bien las cosas terminan sufriendo las consecuencias de los que gobiernan? El Poder Ejecutivo es quien gobierna, de hecho, vos mismo lo decís un par de párrafos más abajo cuando planteás el interrogarte sobre si son los presos los culpables de salir en libertad o la culpa es del poder judicial. ¿A dónde querés llegar? Creo que entiendo.
Se está debatiendo sobre un impuesto a las grandes riquezas y por eso, a la gran discusión de libertades condicionales le agregás con sutileza, pero desatino, que el exceso de impuestos, mantener los planes sociales que no son necesarios y los gastos excesivos del Estado, son una gran preocupación.
Vos vivís en el country Tortugas, el mismo al que Ducoté le condonó una deuda de 13 millones de pesos. Explicanos por favor qué plan social no es necesario. Para alguien que se considera pilarense y tiene el atrevimiento de hablar de “nuestro” querido Pilar pero que vive en el country Tortugas es fácil hablar de ayudas que el Estado otorga y que son innecesarias.
Te invito a releer lo que escribiste para que te des cuenta de la cantidad de prejuicios de clases que manejás, cómo organizás las oraciones en beneficio propio, a que pienses que no podés hablarle de tasas y contribuciones a la mayoría de los pilarenses que somos y mucho menos faltarle el respeto a la gente que es ayudada por el Estado sin mencionar ningún caso de tu clase social que es subsidiada y en muchos casos perdonada de pagar sus deudas. 

Martín Benítez / dmartinbtz@gmail.com.


“Presidente, déjeme ponerme el barbijo y salir”

Sr. Director:
Al Sr. Presidente, Alberto Fernández; al Sr. Gobernador de la Provincia de Buenos Aires; al Sr. Intendente de Pilar.
El 11/5/20 se ingresa a una nueva fase del Aislamiento Social Obligatorio, pido ser exceptuada y poder ejercer mis libertades con todos los cuidados necesarios.
En estos 40 días de encierro perdí mis proyectos, esperanzas, iniciativas e ilusiones, tanto perdí que ya ni se cuál es el cuadro de fútbol de mis amores.
Ya siento algunos conflictos con mi personalidad y tengo algunas confusiones porque soy adulta mayor de riesgo. Como me deben cuidar, entonces me confinaron a la soledad y debo barrer, lavar, cocinar, planchar y ocuparme de mis compras y necesidades porque la señora que trabaja conmigo no está autorizada a presentarse a trabajar. Si en algún momento me siento sola o me angustio por no cruzar palabras, solo puedo invitar a mi casa a un café al jardinero, electricista o plomero.
A mi casa puede ingresar el delivery, el sodero, el verdulero entre otros (que no sé quiénes son ni cómo se cuidan) pero no lo puede hacer un familiar ni un amigo, para traer o llevar algo que yo crea necesario. Nació un nieto y no lo puedo ver ni siquiera a través de un vidrio (movilizándome yo en mi auto).
Me sugieren que virtualmente puedo encontrarme con amigos, tener sexo y despedir a un familiar querido (velatorio), como si todo esto fuera lo mismo que verse, emocionarse, mirarse y desearse.
Me pregunto, ¿Si no cumplo el aislamiento, qué pasa? ¿Me llevan presa? ¿Y después qué? Me dejan libre, yo no estaría cumpliendo penas de un juicio.
Durante años escuché y me convencieron que debía ser una mujer empoderada y ahora no puedo decidir cómo vivir (con los cuidados necesarios) y en todo caso, morir, pero feliz y no en absoluta soledad.
Sr. Presidente, por favor déjeme elegir qué quiero, como los gobernantes, funcionarios, policías, médicos, cajeros de supermercados y tanta otra gente, ponerme el barbijo y trabajar, ver a mis hijos, a mis nietos, cantarle el feliz cumpleaños al cumpleañero, caminar por la calle de mi barrio y tantas otras cosas que son la vida.
Gracias, Sr. Presidente…

Cristina Guida, 12.599.076.
 

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