El conmovedor testimonio de Thelma Fardin no deja dudas. Quienes escuchamos relatos de violencia sexual, sabemos que fue de una gran fortaleza y valentía. Thelma demostró que estaba preparada para realizar la denuncia penal y la denuncia pública. El efecto sobre la sociedad ha sido inmenso. Pocas horas después del testimonio, las redes sociales explotaron con mujeres que denunciaban abusos y acosos sexuales que habían sufrido.
El colectivo de “Actrices Argentinas” es de una enorme importancia para nuestra sociedad. Ellas pudieron, en apenas 21 minutos, visibilizar los abusos sexuales. Miles se sintieron convocadas. Fue como un grito desesperado: ¡BASTA! ¡NO NOS SIGAN MALTRATANDO!
El grito es dirigido a una sociedad ciega ante los hechos y sorda ante las denuncias. Los caminos para frenar el abuso hacia las mujeres van armándose de acuerdo a la necesidad de ser escuchadas. Cuando Calu Rivero hizo la primera denuncia por abuso, ningún varón le creyó; sólo le creyeron las mujeres. Esto, como se ha dicho, muestra la sororidad. Las mujeres, por el sólo hecho de serlo, han sufrido alguna forma de abuso sexual en algún momento de su vida. Desde tocamientos, manoseos, exposición de los genitales masculinos, violación. El ser mujer en una sociedad patriarcal las pone en peligro. Están expuestas a distintos tipos de abusos: económico, psicológico, emocional, laboral, grooming.
El colectivo de “Actrices Argentina” logró avanzar contra el patriarcado. Anuló el qué dirán y pudo exponer y amplificar de qué se trata cuando una mujer es víctima de violencia sexual.
A tal punto que, tras este episodio, algunos preguntan: “Pero, ¿todas las mujeres fueron abusadas?” La respuesta es “Sí”. Todas las mujeres han sido abusadas alguna vez. Viajando en el colectivo, en el subte, en el colegio, en clubes, en distintas instituciones y dentro de las familias. Esto espanta, pero es una verdad. Una verdad que las mujeres ocultan por vergüenza.
La conferencia de prensa por la denuncia de Thelma Fardin demostró que a las mujeres sólo se las escucha cuando la acción es conjunta, numerosa. Aunque no faltaron quienes continuaron dudando de lo ocurrido. ¿Qué más necesita la sociedad patriarcal para convencerse de que el hecho de ser mujer es en sí mismo un riesgo para la integridad física y psíquica de cada una? Tal vez exista un pequeño porcentaje de mujeres que no han sufrido ningún tipo de abuso; pero al no haber estadísticas estatales no podemos saberlo. Los datos sólo provienen de las ONG que se ocupan de recopilarlas.
Algunos varones han pedido disculpas; muchos se esfuerzan por comenzar a entender, a escuchar, a re-aprender a tratar a las mujeres. Otros, en cambio, están furiosos. Se sienten atacados; que les están restando el poder machista que su género ostenta desde hace siglos. Actúan con miedo a perder una masculinidad impuesta por el patriarcado, el cual exige a los varones ser los proveedores, los fuertes, los valientes y los que no se doblegan ante nada. El miedo los hace actuar, redoblando la apuesta; es decir, ejerciendo aún más violencia. Los varones violentos (no todos los varones son violentos, por eso la aclaración) se vuelven directamente peligrosos. Por eso es fundamental aclararlo tantas veces como sea necesario: los movimientos feministas no van en contra de los varones. No se trata de feminismo versus machismo. Se trata de construir una sociedad igualitaria. Donde varones y mujeres puedan convivir con los mismos derechos y obligaciones en todos los ámbitos de la sociedad.
Lo que comenzó en estos días es inmenso. Y no hay vuelta atrás. Se debe seguir construyendo desde el Estado espacios de prevención, contención, asistencia y capacitación en la temática de género. El Estado no debe ni puede ausentarse ante tantas voces pidiendo ayuda.
Las mujeres se hicieron escuchar
por Andrea J. Carpaneto
andreajcarpaneto@gmail.com
*Psicóloga. UBA.
¿Qué más necesita la sociedad patriarcal para convencerse de que el hecho de ser mujer es en sí mismo un riesgo para la integridad física y psíquica de cada una?