La máxima vergüenza
Correo de lectores
Sr. Director:
Desde hace muchísimos años se instaló en la Argentina democrática el piquete como protesta permitida. Muchísimas veces esta protesta fue aprovechada por vándalos armados de palos y rostros cubiertos, que destruían vidrieras de comercios a su paso, y vehículos.
Estas hordas salvajes de descerebrados, digitadas casi siempre desde algún poder de turno, no sabían muy bien contra quién estaban protestando siempre y cuando el choripán, la cerveza y el porro estuvieran presentes en los micros donde la camaradería de los nadies afloraba en contra los que intentaban transitar libremente para asistir a trabajo y escuela.
Botellas vacías, bombas de estruendo y piedras se arrojaban desde las ventanillas de esos micros donde los que cobraban algún plan social eran llevados cuál ganado a los lugares clave para quemar cubiertas, hacer destrozos y garantizar el caos de tránsito paralizando la ciudad en horas y días pico.
Sabemos lo que sucede cuando se junta esta clase de sujetos que por sí solos son incapaces de nada pero amparados en grupos, capaces de todo ya que la cobardía suele ser el sello distintivo. La violencia siempre se potencia en grupo y basta que uno tire una piedra para que un montón de inadaptados se contagie de esa violencia cobarde, dejando de lado todo raciocinio y se produzca el caos.
Nunca fueron reprimidos y el par de veces que sucedió, solo sirvió para poner como mártires a delincuentes comunes sin ningún mérito mayor que no haya sido trabajar a las órdenes de un puntero político.
No vaya a creer el desprevenido lector, que soy partidario de ningún tipo de represión. No puedo serlo ya que crecí y me crie en un régimen dictatorial donde el solo hecho de llevar el pelo largo era causa suficiente para pasar una noche en una comisaría. Nadie me cuenta nada, hablo desde lo que viví porque el que repite lo que le dicen, y se lo cree a pies juntillas, ni siquiera llega a la categoría de robot y se acerca bastante a la de idiota útil, un mero producto de la sociedad contra la sociedad, una vergüenza humana.
El domingo pasado un grupo de docentes decidió instalar una escuela itinerante, en la plaza, frente a las escalinatas del Congreso de la Nación, en el mismo lugar donde hace veinte años se había instalado la emblemática Carpa Blanca. Era una forma de protesta novedosa sin molestar a nadie y realizada un domingo bajo la lluvia.
No se cortó ninguna calle y la finalidad era más que loable: dar charlas y cursos públicos referidos al reclamo de los maestros, reclamo que fue tergiversado por la gobernadora Vidal en muchas oportunidades tildando incluso a los maestros de desestabilizadores y golpistas. Nada de caras tapadas ni palos, nada de birra ni drogas, nada de gorritas ocultando la cobardía, nada de bombos ni murga, simplemente guardapolvos y dedos con restos de tiza…
Fuerzas de choque, bastones, golpes a mujeres y hombres desarmados, gas pimienta, patadas, así actuó la policía sin mediar palabra, sin pensar por un instante que tal vez estaban golpeando a los educadores de sus propios hijos por una orden directa del gobierno que a esta altura ya demostró que el "cambiemos” solo significa el estado de las cuentas corrientes de sus propios bolsillos, ya de por sí engrosados, incluso por el trabajo de esclavo de las empresas que hace rato explota "literalmente” la primera dama.
La opinión pública se maneja muy fácilmente desde los medios de prensa "comprados” y la gravedad de estos hechos puede ser disminuida si el receptor de la información no mira bien las distintas aristas de esta historia… y la mejor forma de mirarla es observando sus facturas de gas, de luz, de agua corriente, es mirar los precios en los supermercados, los aumentos en el transporte… ¿Ya lo hizo? …ahora piense en el 18% ofrecido a los docentes, pagaderos en cuatro cómodas cuotas. Tal vez ahora pueda entender que el reclamo es más que justo y que los opinólogos profesionales seguramente lo hacen porque no son sus propios bolsillos en los que el gobierno está metiendo la mano prepotentemente y con una altanería que fue criticada por ellos mismos a gobiernos anteriores.
Debo aclarar aquí que no soy docente, ni kirchnerista ni macrista y no pertenezco, pertenecí ni perteneceré a partido político alguno ya que en la actualidad me parecen todos sinónimo de corrupción. Solo estoy ejerciendo mi derecho democrático a opinar libremente sobre lo que considero un atropello vergonzoso a esos derechos humanos con los que tantos se llenaron y llenan la boca a diario.
Por favor, empiecen a pensar por sí mismos y no permitan que nadie los confunda desde un micrófono: hace un par de semanas escuchaba azorado como en una plaza local se rendía homenaje a los caídos en Malvinas y se los comparaba a los desaparecidos por la dictadura militar… Estimados jóvenes militantes, infórmense, estudien, investiguen… dejen de repetir lo que les cuentan, no se puede ejercer ningún liderazgo desde la más profunda ignorancia… ¿y saben quiénes están para guiar a nuestros futuros jóvenes, lejos de esa ignorancia que hoy inunda todo?... Los maestros, esos que fueron reprimidos el domingo, bajo la lluvia, en un país que se jacta de democrático. Si lo fuera de verdad, a esta hora varios debieran estar presentando su renuncia.
Maximiliano Brod (maxbrod72@gmail.com).