Por Fredi Llosa
Vivir en Pilar es otra vida
"Para quien navega sin rumbo, ningún viento es favorable” (Séneca).
Por esto, es necesario definir rumbos para Pilar, y este es el principal déficit que Cambiemos enfrenta luego de un año de gestión. Si es que hay rumbos ya definidos, el pilarense no los conoce aún, ni participó en su diseño. Si no los hay, estamos en problemas... Y esto debe cambiar.
Y digo rumbos porque hoy no es aconsejable, como antes sucedía, proponer modelos y planes estructurados y predefinidos. Hoy el futuro no está más a 20 o 30 años, sino a 5, cuando vemos por simple ejemplo, que 2 o 3 años atrás el Smartphone cambió radicalmente nuestras vidas, nuestras costumbres y nuestras potencialidades.
Hay que dar vuelta el esquema. No podemos pasar un año para proponer un Plan Regulador eficaz buscando cambiar una realidad insatisfactoria, sin "sentir”, conocer y hasta sufrir esa realidad. No se puede planificar "in abstracto”, zonificando y limitando cuantitativamente los indicadores urbanísticos que ordenarían el desarrollo local en un Plan Regulador que prevé todo. La realidad se llevó puesto al de 1985 vigente. Y se llevará puesto lo que sigamos haciendo con las mismas herramientas si no cambiamos el foco, que deberá ser trabajar sobre lo cualitativo, sobre las ventajas comparativas, sobre las potencialidades locales y, sobre todo, con un SENTIDO DE PERTENENCIA, que vaya entusiasmando a cada habitante de Pilar, sea nacido o venido a éste lugar históricamente preferencial y aspiracional.
Hoy, el límite puede ser también arranque y si bien es cierto que usaremos muchas herramientas tradicionales, éstas sólo formarán parte de las soluciones, para que esas soluciones sean conducentes, la imaginación, la innovación, el conocimiento, la comunicación, la interacción interdisciplinaria, trabajarán en DOS SENTIDOS: por un lado y en una primera instancia, potenciar el concurso de las Fuerzas Vivas y el Conocimiento locales, coincidir en ideas fuerza, con brainstormings, iniciativas individuales y de equipos, existentes y a crearse, que confluyan en modelos imposibles-posibles que motoricen el desarrollo pilarense.
Esto lo haría la comunidad a través de un programa de participación calificado y organizado desde el Gobierno Municipal, de seis meses de duración. Por el otro lado, el equipo técnico municipal, con los suficientes medios disponibles, realizará, si no lo ha hecho ya, el relevamiento completo y abarcativo de la realidad actual y de los vectores disponibles para validar el trabajo predefiniendo un cronograma y plan de trabajo a cumplir.
Una vez definidos los Parámetros de un Plan Estratégico de Desarrollo, a los que se ajustará luego el Plan Regulador, deberá cerrarse un acuerdo multisectorial entusiasmado en aportar, sí en competencia, luego de definido el objetivo común como política de Estado, y según sus distintas ópticas, los medios y caminos para llegar a ése futuro imaginado.
Hemos dicho que buscamos recuperar el lema de que Pilar es el mejor lugar para vivir.
Decíamos hace ya 20 años: "Venga a vivir Pilar” y "Vivir en Pilar es otra vida”, y Pilar fue un boom... Hoy eso ¿se ha perdido?
El primer paso de este "2º boom” de Pilar, del que será herramienta indispensable el Plan Estratégico y el Plan Regulador, partirá no sólo del relevamiento de nuestras carencias, sino fundamentalmente de nuestras oportunidades, a partir de la industria en expansión dirigida, de las vías de comunicación vial y ferroviaria que nos cruzan, de infraestructura de educación en los tres niveles, del comercio en los incontables polos de negocios y servicios, del deporte desde el nivel de elite hasta el amateurismo al alcance de cualquiera, en el desarrollo de viviendas y oficinas unidos a la oferta recreacional multisectorial y fundamentalmente en el desenvolvimiento de cada núcleo poblacional con sentido de unidad distrital.
Todo ello se fundamenta configurando el entorno más deseable para vivir para cada familia, pero sobre todo por el calibre de quienes habitan en él si logramos que trabajen por él. Eso lo lograremos si a TODOS nos duele Pilar... a quien no le duela... no le corresponde el derecho de definir nuestro futuro.
Vivir en Pilar no es, ni será, vivir en una ciudad de alta densidad. Y tampoco vivir en el campo. Vivir en Pilar siempre fue distinto, y eso será posible sólo si recuperamos el SENTIDO DE PERTENENCIA que proponemos como fundacional para esa Futura Comunidad.
Quien vive en un barrio cerrado tiene el mismo tiempo de vida que el que vivirá en un barrio abierto. Las mismas inquietudes, necesidades y gratificaciones aún con diferentes características y, por lo tanto, formará parte de éste rumbo proyectado, el lograr sociedades integradas en la convivencia, la salud, la educación, la solidaridad, el espacio público y en ese sentido de pertenencia de ser pilarense a través de sentir lo mismo por su barrio de cercanía.
Probablemente el lograr que en cada rincón de Pilar el vecino reconozca su barrio como entorno necesario para una vida mejor, dotado de una eficaz infraestructura de servicios, salud, cultura, esparcimiento, ayudará al entusiasmo sobre las consecuencias beneficiosas que ese crecimiento en todo sentido de Pilar nos atraerá, en forma de inversiones, migraciones y desarrollo.
Llega el momento de no dilatar más, no "roscar” más, no prostituir más éste nuestro gran tema a regalar a nuestros hijos. Pilarenses "a las cosas”, no permitiremos más que nuestro querido Pilar sea moneda de cambio en las luchas de intereses personales, partidarios, financieros, especuladores, en cualquier nivel.
El 2017 nos obliga a planificar el 2030 como meta, siendo el arranque de un estilo de comunidad inédito, auténtico y fundamentado, a proponer para que haya realmente un cambio en la sociedad argentina, que le haga remontar al menos 30 años de decadencia en su calidad de vida.
Obviamente ésta no puede ser una propuesta sectorial o electoral. Es una propuesta de vida.
Porque "Vivir en Pilar, es otra vida”.
Decíamos hace ya 20 años: "Venga a vivir Pilar” y "Vivir en Pilar es otra vida”, y Pilar fue un boom... Hoy eso ¿se ha perdido?
Vivir en Pilar no es, ni será, vivir en una ciudad de alta densidad. Y tampoco vivir en el campo. Vivir en Pilar siempre fue distinto, y eso será posible sólo si recuperamos el SENTIDO DE PERTENENCIA.