(Gaceta Marinera Armada Argentina). El suboficial principal Darío Oscar Lilja integra la Armada Argentina hace 30 años y sus días transcurren cumpliendo funciones de la especialidad Servicios. Día tras día se desempeña en el Estado Mayor Conjunto y, con idéntica jerarquía, está al servicio como bombero voluntario en el cuartel de San Isidro.
Un derquino, con vocación de servicio por partida doble
Darío Lilja es suboficial de la Armada Argentina e integró Cascos Azules durante el terremoto de Haití. Además, se desempeña como bombero voluntario.
Este vecino de Derqui, contó: "Desde chico mis padres me inculcaron esa vocación de ayudar al prójimo y eso me caló muy hondo”. A lo que agregó que una vez, al acompañar a su madre a uno de sus trabajos, conoció a un oficial de la Armada quien, al contarle cómo era su vida dedicada al mar, sembró en él "ese amor incondicional” por la institución.
Con la misma determinación se expresó acerca de su otra vocación, la de ser bombero voluntario, elección que tomó cuando estaba destinado en el Batallón de Infantería de Marina N° 5 en Río Grande, Tierra del Fuego.
En ocasión de presenciar un siniestro y experimentar la labor de los bomberos voluntarios de esa localidad, afirmó, "me quedé perplejo mirando cómo un equipo de hombres daba lo mejor de sí para salvar vidas sin pausa ni tregua y dije ‘eso es para mí’”.
Luego de 19 años ininterrumpidos como bombero, al momento de pensar lo que siente al salvar una vida destaca que lo más importante para él es que esa persona tendrá la posibilidad de dejar descendencia en la tierra, y eso "porque un grupo de personas que no conocía se abrió paso en el peligro y lo jaló a la vida diciéndole ‘tranquilo, ya te sacaremos, fuerza amigo, hoy no es tu momento’”, reflexiona Lilja.
Sentimiento similar experimentó como miembro de los Cascos Azules durante la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití encontrándose en el país caribeño al momento del terremoto de 2010, "poniendo a prueba mis conocimientos al ayudar en el Hospital Reubicable Argentino en Puerto Príncipe y después en apoyo de la delegación humanitaria de Cascos Blancos enviada por el Gobierno Nacional”.
Un día en la vida del suboficial Lilja transcurre como conductor asignado a un vehículo oficial de una autoridad naval y al concluir su jornada laboral está a disposición de los bomberos de San Isidro. Al finalizar el día, se reencuentra con su familia, que para él es tan importante como la doble vocación que eligió y con la que se compromete diariamente.
"Desde chico, mis padres me inculcaron esa vocación de ayudar al prójimo y eso me caló muy hondo”.
DARÍO LILJA.