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La ruta 8, monumento al deterioro y la desidia.

14 de febrero de 2016 - 00:00

POR SANTIAGO RODRÍGUEZ ALÍ


El estado de la ruta 8 es, sin duda, un reclamo histórico de los vecinos del distrito y de muchos bonaerenses. Uno que ha caído en oídos sordos, y por décadas, sigue esperando una respuesta que se traduzca a los hechos. No queremos declamaciones, exigimos realidades.
El escenario es claro, y por todos conocido. Pero me atrevo a resumirlo en unas pocas líneas: baches –de profundidades inconcebibles para una ruta - y ondulaciones, constituyen un camino irregular, que no responde a las exigencias del terreno, sino que son el resultado de dos fenómenos: el deterioro (producto de los años) y la desidia (producto de la negligencia, la falta de cuidado y el desinterés de los gobernantes). Seamos claros: Los obstáculos en la ruta 8 son la regla, y no la excepción. No olvidemos las banquinas, que son una verdadera amenaza en caso de emergencia. Los baches se replican –esta vez en barro-, acompañados por escombros y basura.
Al mismo tiempo falta señalización, falta iluminación y falta planificación en torno a una responsabilidad del Estado con todos sus habitantes, la seguridad vial. 
Ya no podemos permitir como ciudadanos que esta sea nuestra realidad. No podemos seguir tolerando el engaño de los anuncios grandilocuentes y los “maquillajes” marcados por el ritmo electoral. 
Exigimos la repavimentación y el ensanche de la ruta, la normalización de sus banquinas, iluminación y señalización. 
Demandamos seriedad en el asunto. Son cientos de vidas que se pierden por negligencia estatal, y por todos ellos elevamos un grito de  ¡BASTA! 
La renovación de autoridades abre las posibilidades de que este reclamo histórico sea finalmente respondido. Hasta entonces, este reclamo será constante. ¿Cuánto más tendremos que esperar? 

 

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