Poné a Francella
por Víctor Ejgiel
Como nuevos capítulos de la ¿Exitosa? telenovela a la que estamos sometidos todos los argentinos de la mano de este modelo dirigido por la actual Presidenta, llegó el momento de poner límites, en un modelo ilimitado. Hay nuevos controles a las negociaciones paritarias -que solo se suponen que ponen frente a frente al trabajador con el empleador para negociar el salario (digno, según reza nuestra Constitución).
El Ministerio de Trabajo solo debería mediar en caso de no acuerdo. Pero ahora también dice no, aunque ambas parten sí lo estén. Si la inflación anual reconocida o no supera el 25%, se supone que mínimamente con el único objetivo de equilibrar y no recomponer, la negociación paritaria debería tener el mismo monto.
Pero como los números no cierran, la variable de ajuste, como siempre, es el trabajador, y cuando decimos trabajador hablamos de aquellos que todavía conservan el puesto, esos que no sufrieron los ajustes empresariales por falta de ganancias que los dejaron fuera del mercado laboral.
Pero además ese Estado recaudador cual película de Robín Hood -pero no en el puesto del paladín de los más necesitados sino en el del enviado del señor feudal- quita parte de lo que cualquier hombre o mujer de trabajo gana para sobrevivir en este reinado para mantener, entre otros despilfarros, viajes exóticos presidenciales que de negocios solo tienen la gratuidad del paseo para los amigotes del feudo. Y que se hacen en transporte importado, porque el nacional ni para eso sirve, a pesar de estar en manos del mismo dominio.
Hacemos una fiesta para recibir un buque insignia que nunca debió haber estado retenido, y no porque el reclamo no fuera justo, sino porque este supuesto estado desendeudador debería haberlo resuelto mucho antes. Esa fiesta, además, no salió barata. Mientras muchos argentinos trabajábamos para que nos sigan descontando un impuesto al trabajador que llaman ganancias, otros se tomaban el día de playa con todo pago, por nosotros mismos.
Los últimos puntos de viajes de negocios de este Gobierno no fueron países democráticos con decisión, con poder económico, con intercambio beneficioso, hemos pagado viajes al África, a países dominados por grandes asesinos dictadores, hemos pagado viajes a países árabes productores únicamente de petróleo que se supone que la nueva YPF debería autoabastecernos, hemos pagado viajes al Asia del este donde la democracia es mala palabra y mas allá del arroz, tal vez consigamos como intercambio sombreros para el sol.
Cuando el mensaje es monótono, porque la publicidad oficial ya incide en cuatro de los cinco canales de aire, en tres de los cuatro canales de noticias, en cinco de las seis radios AM de noticias, la verdad parece tomar un carácter único, aunque por suerte hay algo que tal vez todavía no se ha tomado en cuenta, el ser humano es el único animal que razona, ¿qué lástima no?
Por suerte algunos súbditos abnegados se están dando cuenta que las medias que vienen lamiendo ya tienen demasiado olor a podrido y empiezan a desprenderse del fétido olor y a reclamar un poco de jabón para blanquear esas cuentas provinciales que solo dependen de las dádivas feudales, tal vez con un poco más de fuerza, tal vez, y ojalá tengan la necesaria.
Mientras sigamos negando que los pies necesitan apoyarse en el suelo, que nunca habrá una educación estatal como la gente hasta que los hijos de los políticos estudien en escuelas del estado, que no habrá salud como la gente hasta que el mismísimo Máximo se atienda en un hospital estatal, que la Presidenta no requiera de seguridad adicional para recorrer 100 metros del país que preside porque con la seguridad que el Estado ofrece alcanza, no estaremos viviendo en un país justo, sino en el mismo país de diferencias que nos dejaron Menem, De la rúa y Néstor en esta democracia dibujada y sin división de real de poderes.
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