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Luis Giardili, parte de la historia viva de la localidad

Llegó con su familia en el año 1946 y nunca más la abandonó. El crecimiento de “La ciudad de los pájaros”, aquellos lugares y personajes que ya no están, según el análisis de un testigo directo.
1 de febrero de 2013 - 00:00

por Víctor Koprivsek

 

La historia escrita no muere, son retratos de lo que fuimos, destellos del pueblo y sus comienzos, raíces del tiempo. Por eso rescatar las vivencias y relatos de los personajes de ayer, hoy padres de familia, comerciantes, abuelos y hasta en algunos casos, hombres y mujeres que forjaron los cimientos de este pueblo, es una noble tarea.

Y Don Luís Giardili sin dudas es uno de ellos.

“Salimos de Santiago del Estero en el año 1944, en una chata con caballos. Cuando llegué a Del Viso era todo campo, mis hermanos y yo estudiamos en la Escuela 10”, cuenta el hombre con amabilidad y simpatía.

Cinco hermanos, Yolanda, Orestes, Lalo, Víctor y Luis. Primero trabajaron en el campo de Picaso, después pusieron una fábrica familiar de mosaicos, más tarde un corralón, hasta que en 1975 Luis arrancó con el aserradero.

 

-¿Cómo lo ve a Del Viso hoy?

- Es impresionante cómo ha crecido. Hoy salís a caminar y no se puede creer la gente que hay. Cuando llegamos con mis hermanos hacíamos trabajo de campo, verduras, frutas, también en el horno de ladrillos que tenía Adolfo Picaso por ese entonces dueño de dos campos, uno donde ahora está “el golf” y el otro donde está Bermudas.

 

-¿Cuál fue la razón que hizo que se quedara en Del Viso?

-Me aquerencié, me casé con una mujer de esta ciudad y mis hermanos también, hoy tengo tres hijos, Mónica, Gustavo y Agustina, todos trabajan conmigo, y un yerno.

Su compañera se llama Marta Beli, madre de sus hijos, la conoció cuando su familia trabajaba en el cuidado del campo de “los franceses”, que estaba justo en la “entrada de la botella”, famoso lugar por aquellos años.

“La botella estaba en ruta 8 y Jiménez, en el kilómetro 43, antes era la entrada a Del Viso, ya que la 26 no existía”, comenta Luis.

El tiempo da una sabiduría que no se aprende en ninguna escuela ni universidad, nuestros mayores son verdaderos tesoros vivos, por eso preguntamos a Luis cuál es, según su humilde entender, el secreto de la felicidad.

“La felicidad más grande es mantener a la familia junta, esa es la base de la felicidad y se logra con equilibrio, hay veces que uno tira para un lado y otra para otro pero hay que buscarle la vuelta de la mejor manera. En ocasiones uno tiene que tragarse lo que iba a decir y siempre hay que aconsejar con el corazón. Si fuéramos todos así el mundo no estaría como está hoy”.

La herrería de Forna, el finado Orestes, Hugo Lopredo, Manolo, anécdotas de otros tiempos, historias de amistad y trabajo. Carlos Puleo y Victorica, son otros nombres que sobrevuelan en la charla mientras en el aserradero de la calle Jiménez la gente entra y sale soñando casas.

 

-¿Qué significa el trabajo para usted, Don Luis?

-El trabajo para mí es un complemento en la vida, hay tipos que les gusta jugar al póker a mí me gusta trabajar.

 

La frase 

“La felicidad más grande es mantener a la familia junta, esa es la base de la felicidad y se logra con equilibrio, hay veces que uno tira para un lado y otro para otro pero hay que buscarle la vuelta de la mejor manera”.

 

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