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Una tradición que se mantiene por generaciones

Ubicada frente a la estación, fue el símbolo de la niñez derquina por 20 años. Quienes la disfrutaron en su infancia, ahora llevan a sus hijos.
16 de agosto de 2012 - 00:00

La calesita es sin dudas uno de los símbolos más representativos de la niñez. Del disfrute y del regocijo de los años más alegres. Con el tiempo han comenzado a desaparecer, siendo actualmente un elemento que se ha extinguido de las plazas de los barrios. Sin embargo, algunas se mantienen en pie más firmes que nunca, con la misma esencia con la que fueron pensadas. Entre ellas se encuentra la calesita de la familia Topke.

Carlos Topke fue el ideólogo de la calesita que tiene más de 20 años girando y regalando sortijas. Luego de haber estado en varias locaciones del centro de Presidente Derqui, hace 15 años se instaló definitivamente en Medrano y Eva Perón, a metros de la estación de trenes de localidad.

“Cuando falleció mi suegro hace ocho años, los primeros cuatro años se hizo cargo uno de sus hermanos y después vine yo”, explicó Roxana Verón, nuera del creador de la calesita. “La veíamos apagada, descuidada. Decidimos pintarla y reformarla toda tal como está ahora”, siguió.

 

Sana costumbre

La historia de la calesita se construye a partir de testimonios de aquellos que sumaron millas sobre el carrusel. Así lo transmitió su actual responsable. “Los padres de los nenes que vienen ahora venían antes”, se refirió la mujer. “Chicos jóvenes vienen con sus hijos y me dicen: yo venía de chiquito, o venía mi hermanito”, agregó.

En sus comentarios se refleja la satisfacción y la recompensa que deja en ella la alegría de los más chicos, y de sus padres. “Esto es propio de Derqui”, describió.

Aunque no es un trabajo habitual, e incluso poco rentable, la mujer aseguró que es otro el capital que se maneja, el de los lindos momentos que comparten sus visitantes. Pero como todo emprendimiento, se debe sostener económicamente de alguna manera.

“No te deja mucha plata, pero uno vive. Y con lo poco que queda se pinta, se arregla. Y aunque vos no lo creas, los chicos se dan cuenta si pintaste el canguro, o la foca, o el avión”, reconoció la mujer a El Diario. “Los papás no se dan cuenta. Los nenes sí”, agregó.

La tradición se sostuvo durante todos estos años a través de la familia Topke y principalmente por las varias generaciones que han pasado por la calesita, pero aunque el mañana es incierto, desde los actuales titulares aclararon que esa tradición familiar continuará: “Voy a seguir hasta donde pueda. Si no me gustara, no estaría acá”, concluyó Roxana Verón. “Uno cree que la calesita no es furor pero muchos chicos se van llorando porque no quieren bajarse”, argumentó la mujer.

 

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